42

Vocación

Noviembre 22, 2007 · 4 comentarios

Dicen Bergier y Pauwels en su libro El Retorno de los Brujos:

Yo no tengo vocación de hacer sino de com­prender; no de realizar, sino de ver.

Desde el punto de vista de mi interpretación, y sacándolo un poco de contexto, es una vocación bastante triste.

Comprender sin hacer, ver sin realizar, es un ejercicio desesperante, vano y vacuo. Una droga que envicia y condena.

Qué sentido tiene atiborrarse de conocimientos sin aplicarlos, sin transmitirlos, sin compartirlos, sólo para intentar saciar una curiosidad infinita?

Es una trampa: ¿cómo llegar realmente a comprender algo, si toda la vida del mundo, todos los hechos, todo los conocimientos se encadenan unos con otros hasta perderse en los principios de la historia y más atrás? Cuando creés comprender algo, instantáneamente te asalta otra pregunta: “¿cómo llegaron a eso?” Una y otra vez, sin ser nunca suficiente.

Y cuando, cosa rara, no hay preguntas, uno revuelve entre lo que ya sabe, tratando de encontrar un nuevo sentido, una nueva interpretación que pueda haber pasado por alto, para poder generar nuevas preguntas.

Y qué hacemos con ese conocimiento? Cuándo hacemos algo de él?

¿Es que quien no tiene otra vocación (como ser maestro, carpintero, filósofo, astronauta, artista, etc, etc), una vocación “de verdad”, una vocación de hacer, está condenado a vagar y a rumiar miserables migas de todas las ramas (posibles) del saber? ¿Aspirando a encontrar una Divina chispa de inspiración que se revele como aquello “que queremos hacer”?

Eso, finalmente, nos vuelve inconstantes e indisciplinados. No podemos abrazar nada realmente. Vivimos saltando de una profesión a otra, de una tarea a otra, acumulando pequeñas cantidades de conocimientos en cada una, pero sin ser profesionales en nada, sin saber, cabalmente, hacer nada. Apenas lo suficiente como para vislumbrar de qué va la cosa. Y ahí, cuando finalmente tenemos la punta del ovillo, y hay que comenzar a devanarlo, saltamos a otra cosa. Algo nos llama poderosamente la atención, y es suficiente para largar todo y embarcarnos en una nueva quimera.

Hace unos años tuvimos una charla con el dueño de una empresa que fabrica bombas y motores eléctricos. Un veterano de 70 y pico largos años. De ascendencia croata, vivió en Canadá, donde se dedicaba a lo mismo, hasta que aburrido y cansado de tantas presiones y stress se vino para este rincón del mundo.

En un momento dado, no recuerdo bien a cuento de qué, nos dijo que había encontrado su vocación después de haber cumplido 70 años. Estúpidos de nosotros, apurados por alguna idiotez, perdimos la oportunidad de preguntarle cuál era, y, sobre todo, cómo había llegado a ese descubrimiento maravilloso.

Porque es maravilla entre maravillas el poder hacer lo que uno ama. Y ahí estriba la mayor dificultad: darse cuenta de qué es aquello que uno ama, o toparse con eso y ser capaz de reconocerlo.

Tenemos pasión, pasión que se desborda, pero no amamos. Sólo somos amantes. Fugaces colibríes que no se detienen mucho tiempo en ningún lado.

Entonces la vocación termina en nada. La vocación se pervierte en deseos de saber, de comprender. Hay tantas cosas interesantes! Claro que sí, pero sin embargo no nos decantamos por ninguna, o intentamos abarcarlas todas, que es mucho peor. Porque la ignorancia, lisa y llana, es una bendición. Es mucho más sencillo dedicarse a saber qué pasa en la casa de Gran Hermano, o vivir pendiente de un partido de fútbol en la liga árabe a falta de algo mejor. Es tan fácil y cómodo atiborrarse la cabeza de basura e idiotizarse.

Y sin embargo, la sóla vocación de comprender también es una manera de llegar al mismo resultado, sólo que de una manera un poco más dolorosa, porque uno se da cuenta de que se está idiotizando.

Y eso genera un círculo vicioso, una bola de nieve en la que cada vez giramos más rápido. Cada vez saltamos más rápido de una cosa a otra, porque vemos que el tiempo no para y se nos cae el almanaque encima, y pasan los 15 años, en que eso no nos preocupa, y llegan los 20 en que deberíamos ser capaces de decidir el rumbo que vamos a dar a nuestra vida. Y los 20 pasan a una velocidad infinita tanto si se es capaz de decidir como si no, y llegan los 30. Los 30, momento en que uno debería tener un montón de cosas encaminadas, o al menos estarlas encaminando desde hace rato… y los 30 circulan. Tal vez no tan rápido como los 20, afortunadamente, pero a toda velocidad de todos modos. Y uno sigue con la vocación de comprender, aunque lo único que comprende es que debería hacer algo.

Y al final uno hace algo, por hacer, porque es necesario, porque es inevitable. Y ese es un camino directo para entrar en el Reino de los Hombrecitos Grises, donde todos se codean con Natalio Ruiz y cosas peores.

Sería bueno encontrar una vocación para hacer. Mucho mejor sería encontrarla antes de los 70 años. Todavía queda un largo camino para llegar ahí, acaso.

Porque es una triste vocación la de intentar comprender, sin hacer.

Categorías: 42 desvaríos propios · 42 principios filosóficos y baratos · 42 reflexiones al pedo · Citas · Pesadillas del Hades

4 respuestas hasta el momento ↓

  • venusina // Noviembre 22, 2007 a 6:21 pm | Responder

    Ay Pancho, por partes.
    Cuando ví el regreso de Los Brujos me imaginé que eran los que cantaban Kanishka, Kanishka, 5 dinastías rechazaste que malo que sos Kanishka XD
    Lo otro:
    No sé si leíste “La estructura de las revoluciones científicas” de Tomas Khun. Sospecho que te gustaría. Es epistemología pura y dura, y tus planetamientos en cuanto a los conocimientos y la historia de los mismos me hizo clik y me acordé de ese libro. A mí me abrió bastante la cabeza (tanto, que se me escapó el cerebro jaaaaaaaa).
    En fin, lo demás ya me supera en cuanto a tu capacidad de abarcar los misterios de LVEUYTLD. saludos.

  • Pancho // Noviembre 23, 2007 a 8:11 am | Responder

    Ah! Kaniska! Cuánto hace desde que lo esuché por última vez!
    De Khun no conozco nada, pero me lo voy a anotar, gracias por el tip.
    Vos decís que mis ideas pueden haber influido en Khun para armar el libro? :P
    Ni creas que abarco tanto… lo único que sé con certeza, es que la respuesta al sentido de la lVeUyTLD, es 42.

  • uno6180 // Noviembre 23, 2007 a 8:37 am | Responder

    “no me enorgullezco de los que he escrito, sino de los libros que he leido”
    Papá borges.

  • Pancho // Noviembre 23, 2007 a 9:25 am | Responder

    Yo no tengo más remedio, ya que no he escrito ninguno ;)
    Pero fuera de bromas, si yo hubiera escrito la mitad de la cantidad y calidad de Borges, también podría darme el lujo de decir esas cosas.

Deja un comentario