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Cursi

Diciembre 10, 2007 · 6 comentarios

Domingo.

El sol hace rato que se puso y el crepúsculo lentamente da paso a la noche.

Mi cuarto está en penumbras. Enciendo un cigarrillo.

Pongo a los Cranberries y levanto la persiana que da a la calle. La luz que entra, antes de que se encienda el alumbrado, apenas es suficiente para permitirme ver estas palabras.

Levanto la vista que choca con el cartel que dice “Vida” cruzando la calle.

Vida

Pasa una chica y da vuelta la cabeza, como buscando el origen de la música. Hola, digo. Ella sonríe y sigue su camino.

Suena I Still Do, y tampoco veo el futuro, cosa que en este momento no importa realmente. La letra de la canción tampoco… la melodía es suficiente.

Pienso.

Pienso en esa palabra frente a mí, y la parte de ella que me toca, entre volutas de humo azul.

Con mi familia, en líneas generales, nos hemos dado unos días de tregua, cosa que no está mal.

Mi trabajo de ratos zafa, y eso tampoco está mal.

Cada tanto puedo crear algo.  Cada tanto puedo descubrir algo.  A veces son “algos” hermosos, y eso está muy bien.

Hace días nomás encontré un lugar al que siento que pertenezco, finalmente, y donde pertenecer es un privilegio.

Sopla una brisa suave que me da en la cara y me trae voces que se escuchan a pesar de la música… o tal vez estén sólo en mi mente.  Son voces amables, voces amantes, voces queridas.

Tengo los mejores amigos que nadie pueda imaginar, y eso es… bueno, eso es simplemente perfecto.

Vida.

Sí, dista un trecho de ser perfecta, pero es la mía. Y no está mal, nada mal.  Si todo estuviera en su lugar, sin nada por resolver, sin nada que lamentar, sin nada por corregir, sería aburrida, supongo. Uno no tiene derecho a aburrirse; eso queda para quienes están hastiados de ella.

Categorías: 42 desvaríos propios · 42 reflexiones al pedo · Fotografía

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