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Aromas

Diciembre 15, 2007 · 5 comentarios

Hace días que estoy armando un pequeño post. En el mismo pensaba hablar un poco de lo íntimamente relacionados que están los sentidos del gusto y del olfato, cuya combinación nos permite disfrutar plenamente de los placeres de la mesa… y otros.

Como mi PC finalmente no tenía problemas de soft, sino que le reventaron unos 14 condensadores de la MoBo, voy a estar sin él un poco más de lo estimado. Esto implica que ese pretendido post va a quedar en eso de momento.

Pero como tengo ganas de hablar de los sensuales sentidos, y las ganas hay que sacárselas, voy a hacer un pequeño comentario sobre olores.

Incluso puede experimentarse en casa, sin riesgos, y con resultados devastadoramente sorprendentes. Lo ideal es llevarlo a cabo a finales de primavera o en verano, cosa de que haga calor.

Vamos con la lista de materiales:
Un automóvil.
Un cuchillo de dientes (de esos comunes de mesa).
Varias naranjas recién arrancadas del árbol.
Un amigo o conocido de esos BIEEEEN guarros.
Un poco de desodorante de ambientes (tipo Poett) y/o un bactericida (tipo Lisoform).
Un zorrillo. Al mejor estilo Pepe Le Puff, e igual de apestoso.

Pepe Le Puff

Antes de iniciar el experimento tenés que asegurarte de estar cansad@, cuestión de que tus reflejos no sean tan buenos (como cuando terminás tu jornada laboral y sólo deseás llegar a casa).

Así que tomás el auto, te vas a una ruta en la noche, y conducís… conducís hasta que te topás con un zorrillo, al que no vas a poder esquivar debido a que es de noche y tus reflejos están disminuidos. Así que bien, atropellás al zorrillo. Pero nada de darle un toquecito. No. Tenés que darle de lleno y hacerlo paté… y acá es donde el experimento se pone interesante: al momento de hacer paté al zorrillo, éste muy probablemente va a vaciar la catinga(1) completamente sobre el coche… sobre, debajo, por dentro y por fuera del coche. Se entiende, verdad?

Como va a hacer calor, y vas a ir con los vidrios bajos, el penetrante y delicado aroma del tierno animalito va a impregnarse profundamente en las fibras del tapizado, alfombras, ropas y demás materiales que coexistan dentro del cubículo (eso incluye al conductor).

Así que bien, con ese paso cumplido y maravillosamente envuelto en escencia de zorrino es que vas a retornar a tu hogar. Vas a guardar el auto en la cochera y luego vas a dirigirte raudamente al baño a tomar una ducha… pasando por el living de tu casa donde estará el resto de tu familia. Sus caras de sorpresa y el profundo e instantáneo fruncimiento de sus facciones hará que cualquier molestia valga sobradamente la pena. Se les van a dar vueltas los ojos de puro desconcierto, palabra. Y eso es divertido de ver.

Así, el zorrino habrá apestado tu auto, tu ropa, a vos, el living y posteriormente el baño de tu casa. Pero esto no es lo más divertido…

Más divertido es cuando vas sacar el auto del garage al día siguiente: el garage también habrá sido apestado integralmente. El dorje (hedor) será simpáticamente insoportable, así que tendrás la peregrina idea de intentar matarlo con un poco de desodorante de ambientes.

Dejame decirte que la combinación de “pino silvestre” con la baranda (hedor) a zorrillo es más poderosa que muchos alicinógenos de síntesis. Esto quiere decir que cuando te recuperes del desmayo, descubrirás que el olorcillo no ha desaparecido… se ha potenciado. Pero esto no es lo más divertido…

Más divertido es cuando con el correr de los días, esa peste se instala, propiamente dicho dentro del habitáculo. Después del día número 20 de iniciado este experimento, vos te vas a subir a tu coche a la mañana temprano, y no vas a sentir casi ningún olor extraño (salvo pequeñas y realmente insignificantes trazas). Y te vas a alegrar, porque la porquería finalmente se fue. Vas a ir a hacer las compras, recordemos que es verano, y vas a dejar el auto en el estacionamiento descubierto del supermercado… al rayo del sol. Cuando vuelvas con las boludeces que hayas comprado, vas a ser testigo de una de las experiencias más traumáticamente espirituales del univierso. El resurgimiento del Fénix, en comparación, te va a parecer un chascarrillo de kindergarten cuando abras la puerta y te topes con la explosión de olor insoportable que va a abrazarte… abrasarte… ambas! No la vas a poder creer, en serio! Pero eso no es lo más divertido…

Más divertido es cuando 10 días más tarde (es decir un mes después del comienzo de esta experiencia sublime) se sube al auto tu amigo, con su bolsa de naranjas recién arrancadas del árbol. Saca un cuchillito y empieza a pelarlas ahí mismo. Con toda la soltura y desarpajo alguna vez pergeñados por la Vida, el Universo y Todo Lo Demás, el tipo pela una tras otra y vos vas viendo, por el rabillo del ojo, cómo éstas escupen a diestra y siniestra el juguito que le da su olor característico. Y, para mayor gloria de las fosas nasales, casi podés sentir cómo ese nuevo olor penetra en cada fibra de tapizado y alfombra del auto hasta dejar todo impregnado con un olor que sólo puedo definir como “de vuelta del recreo de escuela rural”. Pero eso no es lo más divertido…

Más divertido es cuando con el correr de los días cambiás un olor por otro, hasta que quedás convencid@ de que el olor a zorrillo finalmente se fue. Pero eso no es lo más diertido…

Lo más divertido es cuando el coche vuelve a quedar al sol, con los vidrios cerrados… y descubrís la verdad.


Nota: (1) Amér. Olor fuerte y desagradable de animales y plantas.

Categorías: 42 desvaríos propios · 42 sucesos

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