“Prospero en el caos”
Así dice Debra Morgan en uno de los episodios de Dexter. Por un momento me sentí tentado a identificarme con esa frase… pero es una falacia. Todo depende de la cantidad de caos en la que uno esté inmerso.
Mi mejor desempeño siempre se dio bajo cantidades industriales de caos y presión… hasta ahora. Estoy hasta las orejas de caos. Más de lo que pensé que podía llegar a tocarme. Soy una definición andante de la ENTROPÍA más desenfrenada que pueda haber ideado alguna vez el Universo, la Vida y Todo Lo Demás. EUlVyTLD son unos sádicos.
Voy en plena caída libre, y Ciro me da manija mientras canta “no, no parés, no es el final, no parés, no parés…”
Y no paro. Más aún, voy a toda velocidad, baby! Un vuelo vertiginoso como la gran puta madre que lo parió.
Veo las cosas pasar a mi alrededor, fugaces como centellas, y voy reaccionando sobre la marcha. Hay algo que esté bajo mi control? Ni una puta cosa! Sé lo que estoy haciendo? Bueno, en realidad no tengo ni la más puñetera idea. Sólo voy haciendo. Algo se complica y automáticamente pasa para después, para luego, para mañana, porque mañana será otro día… pero es tanto lo que hay por hacer que en realidad no importa demasiado, porque siempre hay algo más. Y así voy: resolviendo lo urgente mientras pospongo lo importante, hasta que lo importante cambia malévolamente al status inmediatamente superior y no me queda más remedio que solventarlo… como pueda.
Intento multiplicarme por tres, que estos días es un número maldito por lo ineludible, y el resultado es por completo el esperado: no valgo por uno en ninguna de las cosas que hago.
Y sin embargo sigo haciendo. Y las cosas siguen funcionando. De momento. Un V8 en tres cilindros, hacete la idea, si podés.
Los vagos a mi alrededor, se van convirtiendo, tal vez a su pesar, en sólidas murallas que contienen parte del alud que de otra manera me sepultaría en un mar de mierda inaudito. Eso es lo que evita que tenga que multiplicarme por cuatro o por cinco. Ellos también van a toda velocidad.
Nunca vi ni de cerca un paracaídas completo, pero supongo que lo que siento estos días debe ser bastante similar a lo que siente alguien que hace salto base el segundo antes de tirar la cuerda de apertura. Saltás de un acantilado. Vas a los pedos, viendo pasar objetos contundentes a la velocidad del rayo ante tus ojos; objetos que están encantados con la idea de embadurnarse de paracaidista recién machacado. Y con el silbido del viento atronando los oídos… y mientras vas en el aire está todo bien. Pero el segundo en que tirás de la cuerda es crítico; esperás que el paracaídas se abra, pero y si te toca la alternativa? Woof! Mierda Caliente! La mera perspectiva alcanza para que el cerebro de la orden de liberar un torrente de adrenalina. Es excitante… ese segundo. Mucho más que los últimos tres días en la carrera de crecimiento del potus. De a ratos me da la impresión de que la vida va a despedazarme en mil partes. De a ratos siento que la deshilachada cuerda de mi cordura se estira hasta límites insospechados.
Un segundo.
Vivo en ese segundo. Un segundo hecho de minutos, horas y días completos. Un gran y eterno segundo en que sigo cayendo a velocidad de vértigo y rezando para no toparme con uno de los simpáticos objetos contundentes con los que cruzo en mi viaje hacia la tierra. Mientras tanto, un rincón de mi mente, de mi alma, registra la feroz esperanza de que el paracaídas va a abrirse. Me aferro a ella con uñas y dientes. Una esperanza que en realidad no tiene demasiados fundamentos. El paracaídas TIENE que abrirse, no? Va a abrirse, verdad? O también eso es una falacia?
Eventualmente voy a tocar tierra. Es inevitable. El pequeño detalle, no revelado hasta ahora, es la velocidad a la que voy a hacerlo…
Por momentos el desenlace de esta historia (sin fin a la vista hasta ahora) es prístinamente claro: me voy a hacer concha contra el piso. Están todos los ingredientes para que así sea. Tan inevitable como las mareas.
Pero luego algo se superpone a esa quasi certeza. Determinación.
Hay demasiado en juego como para andar con esas dudas mariconas. No puedo darme el lujo de mariconadas ahora. Qué resta, entonces? Apretar los dientes y darle. No importa cuantos sean… vayan saliendo, putos. Hay rocanroll para todos.
Illegitimi non carborundum.
Illegitimi non carborundum, a morir!
A morir.
Pancho





0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.