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Reflexiones sobre humos

Abril 18, 2008 · 10 comentarios

No es niebla lo que desdibuja las playas de Colonia. Y desde el momento en que la fotografía se tomó al mediodía de un día luminoso, tampoco puede llamársele bruma matinal.

Es humo.

No humo de un asado, aunque con semejante fogata bien que se podría haber batido el cacareado record del asado más grande del mundo… por lejos. Probablemene tendríamos carne ahumada por todo el resto del año en cantidades tales que probablemente hasta la Vida, el Universo y Todo lo demás largarían la risa. Una guarangada de carne ahuamda… si el humo hubiera servido para esa noble tarea. Pero no.

Tampoco es un fogón hecho a base de leña de cypress… a pesar de que’l cipré eh humero. Humero que da miedo, vió? Porque si hay algo que largue humo, eso eh la madera e cipré. Cuando se quema, se entiende, no? No es que la madera de cypress largue humo sola, a lo bobeta, sin nada que la esté provocando… algo como un fuego, por ejemplo.

Es de un incendio, que si Google no me miente, está a más de 100 kilómetros de distancia de acá. Allá por Zárate, en la República Argentina.

Hace ya semanas que se siente el tufillo a quemado. Y varios días han pasado desde que la humareda se aposentó sobre esta aldea y otras partes de la costa.

Dicen que no se dispersa debido a un efecto climático. Con mucha imaginación y en el colmo de la originalidad, llaman a este fenómeno niebla-humo… no es fantástico?

El tema es que jode.

Estás comiendo los fideos con tuco, un suponer, y no podés disfrutarlos nadita, porque en lo que uno piensa es en el asado que se estaría comiendo. Eso culpa del humo. Porque cualquier abombáu sabe que el humo y el olor a madera quemada que trae, disparan oscuros mecanismo en el cerebro humano del hombre (y de la mujer también), que despiertan la memoria evocativa asociada con el humo que huele a madera. A saber: un asado, chinchulines incluidos.

Vas a trabajar, otro suponer, y en lo que menos pensás es en el trabajo. Generalmente no pensás nunca en el trabajo, pero ahora menos. Eso culpa del humo. Porque donde hay un asado (por eso de la memoria evocativa y yo qué sé), donde hay un asado, decía, hay gente al pedo. De repente jugando al truco y tomando un vino… o charlando desapasionadamente de la Vida, el Universo y Todo Lo Demás, o de repente de la mortalidad del cangrejo en la isla de Java. Todo eso mientras se escuchan los tilín-tilín de los yelos contra el vaso con güiski.

Vas por la calle, un nuevo suponer, y vayas a donde vayas, seguro que a la media cuadra no te acordás ni en pedo de tu lugar original de destino. Y no es que uno vaya papando moscas, no. Eso es culpa del humo. Porque donde hay un asado, con gente al pedo, con vino y truco y/o charla desapasionada y el tilín-tilín del yelo contra el vaso con güiski, uno quiere estar. Pero como todo se debe a la memoria evocativa que se despierta culpa del humo, en realidad uno queda como al garete en medio de la vereda. Totalmente a la deriva. Porque del lugar al que se iba, uno no se acuerda. Y el lugar en el que uno querría estar, no existe. O sea, existir, existe, pero quién es el guapo que puede irse a un asado en su propia memoria, por más cantidad de chinchulines que haya? Así que en definitiva, quedás como un pasmado en la vereda, sin saber qué corno hacer, pero con unas ganas locas de comer asado.

Este caos físico-anímico-geo-espacio-temporal causa un gran perjucio a nuestra economía, a nuestra salud y a nuestro equilibrio psíquico-pisológico. Porque no podés trabajar, ni comer, ni moverte a ningún lado con perspectivas serias de llegar. Y eso debido a la memoria… pero culpa del humo, que dispara oscuros mecanismos en el cerebro humano del hombre (y de la mujer también).

Y de dónde viene el humo? De Argentina.

De acá al tribunal de la Haya, es un solo paso. Porque nadie nos consultó si podían ahumarnos. Porque el humo cruza el Río de la Plata haciéndose el boludo y sin respetar ni mucho ni poco los límites territoriales. Y Uruguay es un país libre y sobrenano que bien tiene el derecho de decidir si quiere que cualquier abombáu lo ahume. Es más, somos tan sobrenanos que podemos elegir ahumarnos a nosotros mismos cuando querramos, sin que nadie nos venga a imponer humos y ahumadas que no nos corresponden.

Pero a pesar de ser muy sobrenanos, también somos muy modositos y respetuosos de nuestros vecinos, aunque nos ahumen. Acaso nos han visto cortando un puente, porque nos ahumaron el rancho? De última,ellos tienen todo el derecho del mundo de ahumar y ahumarse. Lo único es que han tenido mala suerte y el viento nos trae el humo para acá, en vez de ahumarlos a ellos, como sin duda era su intención. Dicho sea de paso, no es por meter relajo, pero es viento norte el que trae el humo… y el viento norte viene de Brasil. Saquen cuentas. Pero a lo que iba, acaso hemos hecho piquetes para protestar contra un humo que no es nuestro? Acaso hemos realizado manifestaciones y/o grandilocuentes y demagogos discursetes frente a la embajada de Finlandia? Ni siquiera nos hemos acercado a la de Filipinas! Mucho menos a la Argentina. Y tenemos derecho, vistos los precedentes.

Y este humo se ve y se siente de verdad. Tanto se ve, que no se ve (ver foto de arriba, que ver, se ve, pero sólo el humo). No como dice un puñado de pamenteros a una frontera de por medio. Y acaso armamos un escándalo por un poco de humo? No señor. Y eso que ni la ropa podemos lavar. O sea, como poder lavarse, se puede, pero es al ñudo, porque queda todita jediendo a humo. Y ni siquiera podemos juntarla con un mínimo de presencia de ánimo, porque tanto jiede a humo, que en seguida nos acordamos del asado. Eso sí que es un motivo para elevar una protesta diplomática. O aunque no se eleve, al menos estaría bueno para hacérsela llegar a alguien… a alguien que corresponda, aunque sea a ras del suelo. Aunque sea que cuando abra el papelito dijera algo tipo: Nene, apagáte el fueguito! No ves que jode?!

Acaso ves a alguien con pancartas y cartelones cruzando las rutas protestando por el humo? No señor! Y no porque no esté en nuestra idiosincracia protestar por cualquier boludez (que no lo está), ni porque de todos modos es tanto el humo que no se vería un carajo lo que está escrito en los carteles (que no se vería), sino porque en cuantito empezamos a pensar en qué poner, lo único que se nos ocurre escribir es

QUEREMOS ASADO!

Y chinchulines!

Cualquier cristiano (y cualquier otro de cualquier religión) pensaría que simplemente somos unos muertos de hambre, y sería incapaz de ver la realidad de la cosa. A saber: que el humo nos tiene podridos.

O sea qe esa protesta es un chijete, porque no la entendería nadie.

Y todo eso, culpa del humo.

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