…suponé que cada vez que te agarro fuera de guardia, lo achacara a algún motivo estúpido. Siempre el mismo. Todo el tiempo. Sin dejar pasar una. Sin que venga a cuento de nada. Cuánto demorarías en decirme “Vo’, loco, aflojá”? Y si todavía yo no te diera ni 5 de bola y le dijera al de al lado: “Viste, pura histeriqueada”… cuánto demoraría en armarse un despelote de esos que son preciosos de ver, pero de lejos y a distancia segura?
Por qué esa manía con ese tema una y otra vez? Cuál es la relevancia? Cuando laburamos soy un igual y luego qué? Hay una especie de involución, de devaluación de 3 ceros instantánea?
No entiendo. No me gusta. Porque hacés que me plantee cosas que de otra manera ni se me cruzarían por la cabeza. Es que no te das cuenta? Es algún tipo de autosugestión para autoconvencerte… de qué? No sé. Y tampoco me gusta no saber. Pero no puedo remediarlo, porque no me das lugar a preguntarte nada.
Tanto si te hacés cargo, como si no, todo bien. No da para hacer un escándalo, ni para que gastemos un solo instante más de tiempo en discusiones improductivas. Por eso son sólo tres párrafos chiquitos. Pero sabé, que eso que hacés, me hincha las pelotas hasta este tamaño.
Sí, así de grandes.
Sí, se ven de lejos. Increíble, no?
Pancho




