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La larga marcha… o Agua /07

Julio 24, 2008 · 4 comentarios

No, no es la novela de King.

Se trata del trayecto entre la salida de Montevideo y Colonia.

Oscuridad. Nubes. Frío.

Me pongo un pantalón extra. El del equipo de lluvia. Funciona a las mil maravillas. Pero hay un hueco. El viento entra por las bocamangas, así que a los 10 kilómetros es como si se me hubieran caído las piernas a la altura de la rodilla y las hubieran reemplazado por dos pedazos de hielo.

El regalo/don/dádiva de Claudio es un fierro.

Los guantes, con un lote de años y costuras y emparchadas encima, se la re bancan.

El casco es la porquería más grande que existe del Ecuador hacia el sur. De alguna manera, desvía el aire hacia abajo y adentro… así tuviera 20 camperas estaría cagado de frío. Y aunque no hace tanto frío, se siente como si estuviera de shorts en la Antártida. Va a ser un camino muy largo.

El visor del casco es azul en lugar de transparente. Para poder ver algo a la noche, tiene que estar levantado. Eso no contribye en demasía a hacer más confortable el viaje. La máscara ayuda, sin embargo.

Están arreglando los dos carriles de la ruta que van hacia Colonia. Pesadillesco.

Hay surcos como trazados por uñas enormes. Se hacen sobre el asfalto viejo y se utilizan para que el asfalto nuevo tenga mayor adherencia. Cuando las motos caen en esas franjas de 50 o 60 cm de ancho, es como andar sobre jabón.

Cada tanto encontramos paños de carretera donde han puesto el asfalto nuevo. En estos casos nos encontramos con escalones. Me salvo de toparme con ellos gracias a que voy por el medio de la calzada. Naxto no es tan afortunado, ya que va cerca del arcén. En un momento dado veo lo que parece una Suzuki baguala en pleno corcovo. El vago la controla. No es divertido de ver. No se le debe haber llenado el culo de preguntas, pero algún par se le debe haber ocurrido.

En general los arreglos de la carretera son uniformes, pero sin pintar. Ni las líneas de los costados, ni la del centro. Ni un reflectante. Nada. Nichts. Nothing, Abelito. Circular sobre el asflato nuevo es como hacerlo sobre un agujero negro que absorbe toda la luz.

Me cago en la reputa madre que los parió a los responsables de decidir cuándo pintar las rayas del orto. No me importa si son del MTOP o de la concesión de las rutas nacionales, me cago en sus madres y me meo en sus muertos. Es una negligencia/error/omisión que literalmente puede costarme la vida. No sería el primero en matarme en esas circunstancias. Menos mal que ni llueve ni hay niebla.

Viajo recaliente hasta que me resigno… pero caliente o no, no puedo parar de tiritar.

Naxto y Campanita hace rato que se perdieron de vista. Cada tanto veo una lucesita roja a la distancia.

La música apenas se escucha entre el silbido del viento que entra al casco.

La vista se cansa.

El frío hace su parte. No es terrible, pero alcanza para que entienda la muerte blanca. No, no me refiero a la puta hinchada de la Liga Deportiva Universitaria de Quito, sino a la tentación de quienes están expuestos a un frío persistente a abandonarse y dormir.

Sé que la luna debe estar en algún lado a mi derecha, pero no se ve. De todos modos le pido una vez más que no deje que me duerma. Mantengo una larga charla con ella. Afortunadamente no me contesta. Porque tener frío y sueño es una cosa, pero perder la chaveta completamente es otra muy distinta.

Ella vuelve a cumplir… pero de todos modos existirán partes del recorrido que no voy a recordar. Quedarán como en una nebulosa sin memoria.

El tránsito está increíblemente tranquilo.

Negrura encima.

Negrura a los costados.

Negrura enfrente.

Viajo en una burbuja de oscuridad, en donde sólo puedo ver lo que muestra el cono de luz de la moto.

Las eventuales luces de viviendas son como ilusiones.

La existencia es básica. La moto, la mancha de luz, el ruido del viento, el frío entumecedor, el tratar de ir por el centro de la cinta negra, mis pensamientos.

Ahora también entiendo el concepto de viajar solo con la propia alma.

Tengo cosas por hacer. Gente por conocer. Lugares por visitar. No me puedo dormir. Además, sería una estupidez dormirme y desnucarme en la maldita ruta 1, a poco más de 100 kilómetros de la aldea. La idea alcanza para indignarme. No puedo ser tan pelotudo. Por un momento el sentimiento alcanza para despejar las telarañas que me nublan la vista.

8000 revoluciones. 90 km/h. La moto se va estirando de a poco. Trato de no darle mucho palo, sólo lo que el ruido del motor me dice que puede aguantar, pero se hace difícil. Quiero llegar. Tengo una tendencia tremenda a dormirme cuando viajo. No importa si voy de pasajero o conduciendo. No importa el vehículo en el que viaje. Me duermo como un marmota. Incluso desarrollé la habilidad de cebar mate dormido. Para “L”, que me ha visto en acción es asombroso; para el resto de la gente es increíble.

En Ecilda veo a Naxto que me está esperando. Parada de 10 segundos. Comemos algo en el American? OBVIO!

Chivito y capuccino. Alguien me devuelve las piernas. Vuelvo a sentirme persona.

Estúpido! Cómo no pensé antes en la hatta! Para qué corno la querés si no vas a usarla?

La pongo por fuera del casco. La imagen es francamente ridícula, pero el resultado es maravilloso.

Por primera vez en la noche puedo disfrutar un poco del viaje. Este tramo de la ruta está pintado como corresponde en su mayor parte.

En la radial de Rosario alguien vuelve a robarme las piernas.

La otra moto vuelve a perderse de vista.

Yo adivino el parpadeo… maldita Penélope Cruz.

Atropellan a un perro frente a los ojos de Naxto que no puede impedirlo, a pesar de que intenta detener al tipo del auto. El sonido le trae recuerdos de pesadilla. Una mancha de tristeza en el viaje.

Vamos a lo de Grabriel. Nosotros recorrimos 874 kilómetros de asfalto en tres días. Él recorrió 10 veces esa cantidad sobre caminos comarcales, serruchos y carreteras de montaña en una travesía de casi 40 días por Argentina, Bolivia y Perú. Las historias prometen ser muy buenas.

Cuando llegamos a su casa, la estufa a leña está prendida. La tetera silba. Gabriel habla. Nosotros soñamos.

La vida puede ser realmente maravillosa, por momentos.

Categorías: 42 sucesos · Altar · Pesadillas del Hades

4 respuestas hasta el momento ↓

  • Naxto // Julio 25, 2008 a 10:04 am | Responder

    prometo no dejarte tan solo la próxima vez , me he portado como un cabronazo!te pido disculpas Nkosi

  • Pancho // Julio 25, 2008 a 10:47 am | Responder

    Non preocuparum, brother. Cabronazo por qué? Nada vo’. El resultado hubiera sido el mismo.
    Y en retrospectiva, no estuvo mal. Fue algo nuevo. Lo nuevo nunca está mal.

  • dina // Julio 30, 2008 a 7:03 pm | Responder

    que copado Fran lo que contas…te seguí y me perdí yo tambien en tu cuento….me dieron ganas de estar ahí, obviedades….me parece que vas a tener que intervenir en la narrativa del próximo guión… no sé porqué bo, no contaste nada, y contaste tanto…

  • Pancho // Julio 30, 2008 a 9:37 pm | Responder

    Gracias, Dina :)
    Vos también estuviste en el viaje.

    A las órdenes, pero soy más escribiente que escritor.

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