Isaac Asimov

Hace mucho tiempo recibí un regalo. He recibido varios regalos, pero lo que lo hace especial, es que fue el primero de los regalos que
más atesoro y aprecio: un libro.

Era usado, con un arte de tapa que no llamaba para nada la atenión, en rústica y medio desvencijado. Me lo regaló una vieja tía abuela, afortunadamente todavía viva y todavía más vieja que entonces, con las palabras “Creo que te va a gustar. Mucho.”
El título: El Sol Desnudo. El autor: Dr. Isaac Asimov.

Me pregunté quién sería ese tipo, y comencé a leerlo… para dejar la lectura varias horas después, luego de haberlo devorado. Ese rimbombante hecho fue el inicio de mi relación con “el buen doctor” como se lo llama habitualmente.
El libro es parte de una serie mucho más amplia, y conforma lo que comúnmente se llama “el universo de la Fundación” (UF en adelante). El caballo de batalla por excelencia de este escritor.

Acá en Colonia el tema literario es bastante limitado aún hoy, y en ese entonces no tenía forma de averiguar más al respecto. Años después, unos 10, junto con mi entrada triunfal al mundo de internet, vino la respuesta. Me puse a investigar qué otros libros estaban incluidos dentro de ese universo, enormemente vasto, y elaborado a lo largo de varias décadas.
Ni que decir tiene que la temática y las distintas historias que se nos presentan hacen de esta colección algo fantástico y en cierta forma adictivo. Uno siempre quiere MÁS.
Pero no es esta impresionante serie de libros lo que quiero comentar, así como tampoco El Sol Desnudo.
Esta pequeña introducción es nada más que para tratar de intrigarte, o mínimamente entusiasmarte con el autor. La obra de Isaac Asimov no abarca sólo el terreno de la Ciencia Ficción. Entre la cantidad de obras y artículos por él escritos, figuran incluso libros de historia, en particular dos tomos concernientes a la República e Imperio de Roma, escritos en un estilo que cautiva.

Lo que motiva este artículo, es un fragmento de uno de los libros del UF llamado Un Guijarro en el Cielo, publicado en 1950, pero escrito nada más y nada menos que en 1946.
Cito:

“En otra zona de Chicago se alzaba el Instituto de Investigaciones Nucleares, un lugar en el que los hombres quizá también tenían sus teorías sobre el valor esencial de la naturaleza humana, pero donde se avergonzaban un poco de ellas porque aún no se había inventado ningún instrumento capaz de medirlo cuantitativamente. Cuando pensaban en esas cosas, muchas veces era para desear que alguna intervención divina impidiese que la naturaleza humana y el maldito ingenio humano acabaran convirtiendo todo descubrimiento inocente e interesante en un arma mortífera.”

Este párrafo, pleno de vigencia hasta el día de hoy, o tal vez más vigente que nunca, es admirable, sobre todo por el contexto histórico en el que se encuentra. Apenas hacía un año, o menos, desde los fatídicos holocaustos de Hiroshima y Nagasaki y el desarrollo de la energía nuclear estaba en pañales. El buen doctor era ya en ese entonces (considerando que contaba apenas con 26 años), un juez acertadamente implacable de la naturaleza humana.

No sé a vos, pero a mí me da mucho que pensar. Hasta dónde llegará ese maldito ingenio del que escribe Asimov? Seremos capaces de destapar alguna otra Caja de Pandora hasta ahora desconocida?

Buena Vida

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Una respuesta a “Isaac Asimov

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