El amor y las mariposas en la panza

Quién no ha experimentado esa sensación maravillosa?  Ves a esa chica o a ese chico, o hablás con ella o con él, o incluso sólo pensar en esa persona hace que el estómago te de un vuelco, y sentís… bueno, como un aleteo en la panza, las famosas mariposas.  Una ansiedad, mezclada con cosquillas y hasta un pequeño rush de adrenalina emocionada.

Usualmente se asocia con el amor, o con el enamoramiento, o incluso con la más mundana, saludable y altamente satisfactoria atracción sexual… o sea, satisfactoria cuando es correspondida.

La ciencia indica que ese aleteo, probablemente, es causado como respuesta orgánica al estímulo generado por la otra persona, que tiene en nosotros tanto una contrapartida emocional, que desemboca en una movilización de nuestro aparato nervioso, como mental  y que genera secreciones gástricas puntuales así como también una inmovilización momentánea de nuestras funciones intestinales y hasta de las urinarias.

Como de costumbre, la ciencia, descreída y escéptica, contraria a toda humanidad, busca encontrar explicaciones de dudosa credibilidad a algo tan irrefutablemente real y natural como es que una persona tenga una colonia entera de mariposas ubicadas entre el cardias y el píloro.  Secreciones gástricas… bah!

Pero atengámonos al amor, ahora que estamos entrando en la primavera.  Todo bulle con nueva vida, las plantas estallan con sus nuevas galas saliendo de su letargo invernal, los pájaros gorjean a más y mejor y da la impresión de que más que cantar, viven dando alaridos, y las chicas… bueno, ellas empiezan a desbolarse, quedando, a cada día que pasa, más y más ligeritas de ropa, lo que hace que todas las crisálidas de lepidópteros que se están incubando en nuestro aparato gástrico, eclosionen más o menos a la vez, llenando nuestro abdomen de aleteos.  Pero non preocuparum!  Si te inquieta saber cómo vas a deshacerte de la ingente cantidad de insectos que bulle en tu interior, te comento que esas mariposas servirán de perfecto alimento de alto valor proteico para las hordas de ratones siempre hambrientos que anidan en nuestra cabezota y que curiosamente comienzan su etapa reproductiva por estas fechas.  La naturaleza es maravillosa y nuestro nicho medioambiental interno conforma un microcosmos perfectamente equilibrado, con presas y predadores, en total armonía. Ah, la cadena trófica!

Pero bueno, el amor!  El amor, como todo, y como todos sabemos, es mentira.  El amor a primera vista, por ejemplo, no es otra cosa que una calentura fulminante, un cachondismo imparable e instantáneo que se genera en un tipo o en una mina, cuando ve a alguien por primera vez, y en donde las mariposas son devoradas en cuanto nacen por la turba enardecida de ratones ansiosos.

Otro ejemplo.  Quién no se ha sentido morir de amor?  Eh?  Quién no ha pasado horas y noches y hasta días pendiente del teléfono, el celular, el telégrafo, la latas de arvejas conectadas por un cable,  MSN, el correo o el medio de comunicación que sea esperando noticias de esa persona que se nos antoja maravillosa y sin la cual no podemos vivir?  Que nos diga que se arrepiente de habernos dado un boleo en el culo, rogándonos que la aceptemos de vuelta, o por el contrario, que se comunique con nosotros para ver si hemos cambiado de idea y que reconsideremos nuestra decisión “irrevocable” de separarnos y que volvamos a estar juntos.  Las comillas son porque eso de irrevocable también suele ser mentira.  Le dijimos que se fuera y a la media hora ya nos habíamos arrepentido, pero el amor propio y el orgullo es más fuerte que el “amor” (estas comillas no necesitan explicación, vamos), así que si ella no llama, nos jodemos todos.  Como sea, y volviendo al tema, cuando nos sentimos “morir de amor”, cuando “no podemos dejar de pensar en nuestra o nuestro cuchi“, en realidad lo que sucede es que nos lamentamos por no poder llevárnosla/lo a la cama no more.  Y como quien dice la cama, también sirve la playa o la mesa de la cocina.

Lo que sí me queda claro, ahora que soy capaz de verlo en perspectiva, es que si tomamos como pauta las mariposas para saber si una persona ha estado enamorada, puedo decir sin demasiado temor a equivocarme que no.  Jamás en mi puta vida he estado genuinamente enamorado.

Más que mariposas, y probablemente debido a mi naturaleza tímida, nerviosa, y altamente neurótica y disfuncional, he tenido acuciantes necesidades de tomar un buche de omeprazol, y pasar rápidamente al baño.  Todo bien con las secreciones gástricas, de acuerdo… pero eso de la inmovilización de las funciones intestinales es la mentira más grande de todas.  Maldita ciencia llena de embustes chapuceros.

Amor y mariposas… hay que andar cagado.

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