Iceberg abyecto

A veces el fallo es tan estrepitoso, tan pasmosamente enorme e irrevocable, que nadie más que uno mismo puede apreciarlo.  Y así y todo sólo se ve la pequeña parte que asoma a la superficie, como un iceberg monstruoso hecho de fracaso y culpa y esperanzas frustradas y vergüenza, horribles cantidades de vergüenza.  Un iceberg indescriptible e inexorable que acomete no a un Titanic, sino a una inmunda barca de pesca.  Una barca poco marinera y frágil, pero que hasta entonces había tenido la grandísima buena suerte de volver a buen puerto con la pesca del día.

Ya no más.

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