La Navidad no tiene nada que ver con la Noche Buena, que de todos modos no tiene por qué ser buena ni mucho menos, pero tampoco necesariamente mala. Puede ser una Noche Neutra y todos en paz, no?

Este pequeño texto tuvo muchos títulos tentativos.

En un principio iba a ser “La concha de la vieja Pepa!”, en homenaje a una puteada que decía mi tío cuando se encontraba con alguna maquinaria cuya reparación se hacía cuesta arriba; él no blasfemaba como todo buen cristiano que se precie de tal.  Oh, no.  El tipo le mentaba la concha a la pobre vieja Pepa, una señora sin familia ni hogar, a la que hace muchos años, cuando mi tío era un muchachón, daban alojamiento en el Hospital, en donde le proveían las comodidades mínimas y un poco de comida.  El porqué de ese exabrupto, o qué tendría de reprobable esa parte específica en la anatomía de la pobre Pepa para usarla tan desaforadamente, es para mí un total misterio.

Luego pensé en cambiar las palabras malsonantes de ese título (por ejemplo “vieja”, que es peyorativo),  y el título en sí, por otro más acorde a los tiempos que corren: “Quién es Popeye?”, en honor a mi hermana (de 30 años) y mi primita de 6 seis, en donde la segunda preguntó qué eran las espinacas, y la primera contestó que son las verduras que comía Popeye, degenerando la conversación en una crisis etaria/existencial/generacional, en donde hermana terminó agarrándose la cabeza con frustración y presa de un feroz y fulminante ataque de vejez, provocado por la inocente ignorancia del pequeño y malévolo querubín, que en su vida ha escuchado hablar del escuálido marinero y su raquítica novia/amante/esposa/amiga.  Pero ese título daría lugar a confusiones, y podría ser catalogado como publicidad engañosa, así que aunque gracioso en su concepción, fue prontamente descartado.

También desfiló por mi cabeza “A veces la Soledad me visita por la noche”, en recuerdo de una amiga que cada tanto cae a cenar y que se llama, como muy perspicazmente debés haber adivinado, Magdalena, pero eso no tiene nada que ver con nada, aunque sí es de destacar la carga dramática que tiene; y también pensé en “Cagüentó, especialmente en el gordo cocacolero jueunagranputa”… pero sonaba demasiado tendencioso y casi que medio comunista anti imperio.  También pensé en titularlo como “Otra carta escrita, ensobrada y no sólo no enviada sino que también incendiada como hice con la anterior”, pero hay un montón de gente al pedo que tiene ideas raras cuando ve estas cosas, y no sólo no es capaz de preguntar, sino que también saca conclusiones a lo bobo, así que al final no lo titulé así.  Al final quedó el título que hay ahora, “La Navidad no tiene nada que ver con la Noche Buena, que de todos modos no tiene por qué ser buena ni mucho menos, pero tampoco necesariamente mala.  Puede ser una Noche Neutra y todos en paz, no?” por estar imbuido de los sentimientos fraternos que se mezclan con congojas, añoranzas, nostalgias y amores y amoríos y borracheras sin nombre y sin cuento, sobre todo cuando te mamás solo y no hay nadie que lleve los chismes.

Pero títulos aparte, es incalculable la cantidad de cosas que tendría para contarte, si me animara a tenderte el corazón o a dejarme llevar.

Podría contarte, para arrancar, el infierno de trabajo que hemos tenido en estas fechas y que me han tenido un poco alejado.  Como todos los años, a partir del 15 de diciembre más o menos, parecería que fuera a acabarse el mundo.  Los particulares con su alquileres vencidos y no renovados llevan y traen muebles, los clientes o sus proveedores salen de vacaciones y están a las corridas para cumplir con los pedidos pendientes o para armar los stocks para empezar a trabajar a la vuelta.  Las jugueterías y los mayoristas afilando las zarpas para las Fiestas, todos los pedidos urgentes, de ser posible a entregar dos días atrás, muchas gracias.  Idiosincráticamente todo se deja para el ultísimo momento, y en medio de ese maremágnum quedamos nosotros, sin dar abasto y sobrepasados largamente.  Podría darte mil pequeños detalles, importantes o triviales, hilarantes o enervantes y tenerte horas, pero la verdad es que creo que te aburriría.

También podría comentarte lo absurda que me parece la gente en los almacenes y supermercados, que casi se degüellan haciendo sus compras y apurándose hacia, y apiñándose luego en las cajas.  Las filas y estantes y góndolas de productos alineados como soldados en un desfile, clonados, repetidos y sin sustancia o identidad.  De cómo han cambiado los hábitos de consumo, y la oferta de mercaderías y la facilidad para acceder a ellas y cómo ha influido eso en el regalar en comparación con mi propia infancia; el consumismo, el tupir a los niños de regalos que muchas veces son inútiles y de los que pronto se aburren.  Pero eso sería bastante deprimente.

También podría hablarte de lo frustrante que resultó la Noche Buena, de cómo todo pareció conspirar para que no viera a mis amigos y me perdiera esos abrazos que son los que realmente hacen que las Fiestas de mierda valgan la pena, ya que borran todo mal.  Abrazos en los que uno puede refugiarse y descansar un ratito que parece muy largo, y que al pasar te dejan el alma limpita.  Pero eso sería medio triste y ni vale la pena darle alas a la tristeza.  Con qué necesidad?

Hablé sí, con amigas y amigos que están lejos.  Incluso con un par que parecían desaparecidos y que fueron oportuna y felizmente reencontrados.

Podría contarte la felicidad de volver a escuchar voces y risas queridas, de esos pequeños instantes cómplices que borran distancias.  O de las charlas lentas con Hermana, salpicadas de risas y delirios.  O del momento, en el mediodía del 25, cuando madre y su hermana (mi madrina), empezaron a decir un disparate atrás de otro, en una andanada de críticas y observaciones que podrían ser calificadas como de “honestidad brutal”, en donde no dejaron títere con cabeza.  Un atentado a la fraternidad en toda regla, pero dicho con tanto desparpajo y espontaneidad, unos bolazos tan imponentemente grandes, que uno no podía menos que largar la carcajada más atronadora de que fuera capaz.  Si lo hubieras visto de afuera, posiblemente te hubieras quedado esperando los tiros y las puñaladas, pero milagrosamente no pasó nada de eso; sólo risas… o al menos yo atiné solamente a reírme sin darle mucha ni poca importancia.  Pero quién puede interesarse por las pequeñas anécdotas, triunfos y fracasos de un almuerzo de tanos criollos bochincheros?

Podría hablarte, mostrarte, recuerdos tibios e intactos, preservados de toda mácula.  De cómo mi ahijada de 12 años, cuando ríe, es idéntica a su madre a la misma edad; poseedora de una risa maravillosamente abierta, con toda la cara, con toda el alma.  Mi prima, hija de mi madrina, un par de años mayor que yo y con quien compartimos la infancia, se reía igual que su hija.  Por cualquier cosa, todo el tiempo.  No a lo bobeta, sino con una alegría que desbordaba.  Ahora se ríe menos, mi prima, aturullada por preocupaciones, pero es tan linda cuando lo hace!  Como si saliera el sol. Pero antes, cuando éramos gurises, era fantástico.

Llegábamos a casa de los abuelos y en cuanto bajábamos del auto, salíamos escapados para el arroyo, a poco menos de un kilómetro.  Eran tardes lentas y despreocupadas, en donde el único problema, siempre el único problema, era cómo cruzar el curso de agua.  Era enorme, de unos tres metros de ancho y unos 20 cm de hondo en la parte más profunda.  Un torrente de cuidado!  No podíamos saltarlo y no nos permitíamos mojarnos los pies.  No.  Había que hacer un vado con piedras y ramas del monte.  Unas piedras enormes (para nosotros), de distintas formas y tamaños que colocábamos con paciencia y esfuerzo.  A veces dejando espacio para que circulara el agua, otras embalsándola en un dique precario para hacer subir su nivel.  Y siempre bajo un sol brillante que refulgía sobre la corriente mansa que disminuía hasta transformarse en un lago que crecía despacito.  Allí tirábamos piedras, tratando luego de esquivar las salpicaduras traicioneras.  De manera inexplicable, siempre fallábamos y terminábamos chorreando agua.

Luego, al cruzar, tan satisfechos con nuestra monumental obra de ingeniería, remontábamos el curso del arroyo, bajo la sombra moteada de los talas y los ceibos, esquivando ramas a la altura de los ojos y espinas en el suelo, hasta que llegábamos a los pequeños saltos de agua formados por decenas de raíces que cruzaban de un lado a otro.  El agua fluía allí clara y alegre, murmurando.  Un murmullo, o un canto, que se convirtió en el referente de todos los que vinieron luego y cuya descripción sólo encontré muchos años después, cuando leí la obra de Tolkien y su amor por los árboles.  Allí, en esos saltos, nos refrescábamos y calmábamos la sed, fascinados con su sabor cargado de los aromas de la tierra, acre y sin domesticar.  No había pesticidas en esa época.  Nada que envenenara a los pájaros ni a los insectos… ni a los gurises que tomaban agua del arroyo.  Nada sabíamos de parásitos en el agua, o de víboras venenosas dormidas al sol sobre una piedra.  Ni idea teníamos de que pudieran existir sátiros que acecharan a niños descuidados entre las frondas del monte.  No nos preocupaba estar sin la supervisión de un mayor, y ciertamente jamás se nos pasó por la cabeza que pudiéramos lastimarnos, o que existiera la posibilidad de que nos pasara algo malo.  En mi recuerdo, un resbalón inoportuno en medio de una maniobra temeraria era señal de largar la risa, y ni siquiera llegamos nunca a rasparnos una rodilla.

Cuando mamá se enteró de estas expediciones, hace unos poquitos años atrás, estaba escandalizada… qué minita tan ridícula, escandalizarse 25 años después, por cosas que nos resultaban tan naturales como respirar.  El arroyo era la extensión lógica del patio.  Un portón de hierro, uno de madera simple para entrar al campo, una portera doble para pasar de un campo a otro y ya estábamos allí.  Cuatro campos a la redonda eran nuestro lugar de juegos, que algunos llamaban travesuras… no concebíamos que tuviéramos que pedir permiso.

Podría contarte también de cómo armábamos rancho en las copas de un par de ombúes gigantes que aún hoy perduran en casa del abuelo, aunque ahora es la casa del tío, porque el abuelo se fue hace unos años; o cómo dejábamos atrás a mi hermanita de 5 años o así, hoy hermana, a la que doblábamos en edad.  No nos animábamos a llevarla, pero también había un cierto placer morboso en sus pataletas… sí, éramos malvados, con mi prima.

Como sea, y volviendo a las risas, menos mal que mi ahijada tomó la posta.  Sería terrible que esa risa se perdiera.

Podría contarte todo eso, sin dudas, pero sería una cursilería y detesto ponerme sentimental los días entre semana.

Creo que en definitiva lo que quiero decirte es que la Noche Buena no estuvo tan buena (aunque tampoco estuvo tan mal), pero que en cambio la Navidad zafó bastante, y que espero y deseo que hayas pasado bien y en paz… o con guerra, vos sabés, como la cancioneta. 😉

Anuncios

8 Respuestas a “La Navidad no tiene nada que ver con la Noche Buena, que de todos modos no tiene por qué ser buena ni mucho menos, pero tampoco necesariamente mala. Puede ser una Noche Neutra y todos en paz, no?

  1. Pues tal y como has titulado… la balanza se inclinó más hacia el lado de la Noche buena, afortunadamente, porque con trece sentados a la mesa ya era tentar la suerte ¿no? ¿o acaso rompieron el maleficio los nenes que comían en mesita adosada?
    ¡Qué recuerdos más auténticos, Pancho!… besos y abrazos

  2. Jaja… con mis primas y hermana, seguimos comiendo en la mesita adosada! 😀
    Por suerte éramos más de 13!

  3. Uy, me hacés venir nostalgia! No de tus aventuras en el campo, que por supuesto no viví, sino de eso de ser niño… Ta lindo. Ta lindo tener esos recuerdos.
    A mí me faltaron primos y hermanos pero igual pasé lindo nochebuena y navidad.
    Saludos!

  4. Me alegra haber pasado la navidad con vos! Aunque ya para el domingo no me quisieras más! 🙂
    Me alegra leerte…

    ILY

  5. ja! Tendrías q preguntarte quién se lo hace a quién primero! Dps te volví a llamar.. ya no contestaste! y tampoco volviste a llamar para no atenderte!
    Somos dos! Creo q dormir parado sería la solución! No se si aguanto el perchero!

  6. No te contesté porque ya eran las 9 cuando vi el mensaje 😦
    Estaba con Divididos a todo tren.

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s