Reflejo predatorio

Colonia tiene algunas pequeñas cosas fascinantes… o quizás meramente curiosas… o a lo mejor solamente me llaman la atención a mí, de puro pavote.

De un tiempo a esta parte parecen haberse multiplicado los perros callejeros, que de a ratos se juntan en una pequeña jauría de 6 a 10 bichos.  Se ve sobre todo en invierno, en que se juntan todos a dormir, bien pegaditos sobre algún colchón de hojas, o tendidos en medio de la calle cuando empieza calentar el sol, en vivacs improvisados.

Luego, como respondiendo a un orden silenciosa, se levantan y arranca cada cual para su lado, a hacer la diaria.  Dos de ellos, a veces tres, posan sus reales frente al Club Colonia.  Su oficio: cazadores de vehículos.

Echados o sentados, avalúan atentamente a la presa que viene.  Calculo yo que lo más determinante a la hora de decidir si perseguirlo o no, es la velocidad.  Si la moto, automóvil o lo que sea, va rápido, entonces se ponen de pie, alzan las orejas, bajan la cola y erizan los pelos del lomo, listos para llevar a cabo su carga de caballería canerrería perruna, con ladrido en ristre.

Si, por el contrario, el vehículo viene despacio, o aminora significativamente la marcha antes de llegar a los Cerberos, los cuzcos no le dan ni bola.  A lo más, una mirada desdeñosa como diciendo “Meeh, ni me gasto”.

Lo que me más me llama la atención es la expectación que muestran los bichos, la manera en que pasan del relax más completo al estado de alerta total, tenso como un muelle de relojería, que precede a la arremetida de la caza.  Como si los vehículos a alta velocidad fueran presas que escapan con miedo, en tanto que los lentos, carecen de temor o incluso les hacen frente.

Me encantaría saber qué pensamientos andan por esas cabezas. Probablemente sea algo así como:
— Che, Juan, vamos a romperle las pelotas a la minita que viene en esa moto?
—  Dale!  A lo mejor tenemos suerte y se parte la cabeza cuando se caiga.  Fija que con dos ladridos la dejamos blanca del susto!
— Jiji… así aprende a no andar sin casco.  Mirá cómo acelera!  Aprontate que viene!  Esta no se nos escapa ni cagando!
—Ni cagando! JUAAAAAAAA!!  Qué ideas se te ocurren, Martín!  JAAAAAAAA!!
—Vo, dejá de reírte!  Se nos va a ir!  Uno de cada lado, dale!
—JAAAJAAAAAHH!!!  Es que te imagino, meta fuerza y corriendo a la moto a la vez y no puedo paraaaaaahhhhahahahaharrr!!  JUUHH-AAH!!!
— Tsé! Mirá que sos mogólico, Juan…

Los perros se comunican telepáticamente, viteh? Algo así…

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