El amor y la comida

En mi familia, para demostrarte afecto, te dan de comer.

No.  No te dan de comer: te tupen.

Madre, cuando le digo qué rico! (mi vieja cocina del carajo tres veces, así que eso sucede básicamente cada vez que caigo a comer por su casa, es decir casi todos los mediodías), me responde con un lo hice con mucho amor.  Hermana, cuando la visito, arremete con canelones caseros (u otro invento igual de rico) y mientras estás por probarlos, te mira medio de reojo, como haciéndose la boluda, como si no importara… pero está esperando la reacción.  Mis tías en Flores, las contadas veces que hemos ido, nos tapan con asado de oveja con ensalada.  Mi tía, la esposa de mi padrino, cuando los visito, me acosa con las milanesas con puré y los boñatos al horno.  Mi prima y su marido literalmente nos arrinconan.  La familia por el lado de mi padre no pueden verte con el plato con menos de la mitad del contenido que ya te están sirviendo de vuelta, o alcanzándote el tazón con la ensalada, o el bandejón con la carne (en la forma que sea), o el fuentón lleno de pasta.

Y pobre de vos… POBRE! Si dejás algo en el plato!  Se pinta en la cara del cocinero o la cocinera de turno una expresión de total (y real) angustia. Es que no te gustó? Por otro lado, comer un solo plato causa profunda decepción y un agarrar y estrujar de delantales o repasador, mientras piensan en qué más pueden ofrecerte de comer o de tomar.  Estás tan flaquito! jiji… esa ya no me la dicen más desde hace un rato! Comé un poquito mas!  Dieta se ve que no estás haciendo, y eso hay que llenarlo… te sirvo otro platito?

Sí.  Puedo decir con total confianza, que en mi familia darte de comer y cocinar, es un acto de amor para con los de la familia, junto a una regocijada aceptación para con los terceros de turno que caen por primera vez (novias, amigos, socios, lo que venga siendo); luego de la primera vez ya es como si fueran de la casa.  Y a su vez, recién luego de que rebañes el segundo plato la cocinera se empieza a sentir querida, o el cocinero empieza a sentir que su labor ha valido la pena.  Nada de mariconadas: si me aprecia, coma, m’hijo.  No tan alevoso, pero algo así.  Sólo cuando quedás con la panza inflada como ternero guacho quedan satisfechos.  Yo calculo que debe tener que ver con los tanos correteados por la guerra que llegaron escapando desde Europa a principios del siglo pasado, acostumbrados a pasar mal y medios cagados de hambre.  Bajo la luz de ese contexto, todo tiene una claridad meridiana, aunque claro que es todo especulación pura.

En fin, a lo que iba… si me estaré perfeccionando en esto de irme por las ramas, que el follaje ya ocupa la primera mitad de la entrada!  Eso tiene que marcar algún tipo de record.

En mi caso, más o menos siempre me revolví en la cocina (comenzando con los primeros apuros y enchastres estando en pensión, cuando estudiaba hace ya más de 15 años), pero recién en este último tiempo, en que finalmente tengo mi lugar, estoy empezando a encontrarle la onda y la vuelta.  Cocina de olla, sobre todo, ya que no tengo un horno tan decente.  Sí tengo tres hornallas, dos cacerolas y un sartén (alguna cosita más, pero nada muy sofisticado).  Más un batallón de especias y ganas de usarlas.

Con semejante legado, es un verdadero milagro que no ande rodando por la vida.  Aunque no lo es tanto que se me haya pegado un poco de esa cultura.  La cocina, hoy por hoy, me resulta, más allá del deseo de agasajar y mimar a mi gente, una actividad altamente relajante y placentera.  Un orden descontracturado, con recetas sin cantidades, sin teléfonos, sin apremios, con aromas que alivian el espíritu, sin depender de nadie, con la música que dicte el momento (de Haydn a Rage Against the Machine, todo vale) y con la flexibilidad maravillosa de que no hay nada fijo; ya sea menú o ingredientes, todo puede adaptarse. Además, y no es poca cosa, mi ego recibe muchas caricias dadas por comensales saciados, satisfechos y en ocasiones hasta gratamente sorprendidos!

Incluso me preguntan cómo se llaman los platos!  Podés creer?  Pancho gourmet!  Jua! El otro día hermana me preguntaba por mensajito qué estaba haciendo de comer.  Cuando le dije que una receta con croûtons, a los 20 segundos me llamó para increparme duramente (hace tiempo que no le cocino a ella).  Y no queda otra que largar la carcajada, porque podés llamarlos como quieras, pero no dejan de ser tostadas.  Es muy divertido llamarle dégorger a la depuración de las berenjenas, pero no es más que ponerlas en sal. Y así con todo.  A un puñado de lentejas con especias pasadas por la procesadora le podés llamar Crème de lentilles, pero no van a tener mejor sabor.  Se puede comer igual de bien en una mesa de madera de 50 años, un mueble cromado de ultísimo diseño, o en una mesa plástica parte de un juego de patio.

A lo que voy es: todo arificio es puro adorno, superfluo.  Está bien, darle una onda y tener un lindo lugar donde disfrutar la comida es importante, pero no es lo más esencial.  Lo realmente importante es mucho más simple: que a la hora de comer estés cómodo (tanto físicamente, como anímicamente), que la comida sea abundante, que sea rica y buena, y que si sos el cocinero, le pongas un cachito de amor, pasión y ganas.

Como siempre, cocina con alegría y buen provecho!

P.D.: Lo dije antes, pero lo repito ahora: Pedro Mairal es un maestro!
P.D2: Pedro Mairal está en el Número 1 de Revista Orsai!

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4 Respuestas a “El amor y la comida

  1. Nunca mejor explicado y es tal cual.. pero yo no diría que te pegaste un poco de esa cultura.. yo diría que la absorbiste completamente! He mirado tus ojitos o escuchado tus comentarios cuando alguien come sólo un plato!

  2. Lo que se hereda no se roba! 😀

  3. Mi madre dice lo mismo: no te gustó??? si no te comés el cuarto plato.

    y, che, aunque no dégorgerees las berenjenas, a veces quedan bien igual jejeje

  4. Supongo que serán todas iguales… por eso a veces dicen que sólo hay una 😉

    Sí, quedan bien igual 😀

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