El infierno de la escritura

Tener una vida pacífica es terrible.

Tener una existencia sin sobresaltos, debe ser el castigo más inmundo que puede aplicarte la Vida, el Universo y Todo Lo Demás.  Al menos es así en cuanto a la escritura.  En cuanto a la vida en sí, y acordándome de Rincewind, no está nada mal.  No hay quejas, en serio.  Pero a la hora de escribir, es un asco.  Porque de qué vas a escribir?  No da ni para un Twitteo corto!

Supongamos, sólo por un instante, que tu trabajo funciona más o menos bien y que vos funcionás más o menos bien en tu trabajo, o que no te importe, que en este contexto específico viene a ser lo mismo; que tu casa está más o menos en condiciones y que a pesar de pedir una barrida a gritos, alaridos sería mejor, está medianamente en condiciones, o en condiciones medianamente satisfactorias.  Supongamos que no tenés problemas con ninguna de tus relaciones personales y laborales, amigos, familia, clientes, empleados, proveedores, conocidos y los perros hijos de puta de la inmobiliaria a la vuelta de la casa de tu vieja.  Tal vez, probablemente, seguramente, alguno o alguna de los de tu gente tengan algún problema o conflicto y vos estás con ellos por lo que puedan precisar, pero en realidad no podés hacer mucho por ayudarlos cabalmente, y supongamos que aceptás ese hecho con la naturalidad de lo inevitable.  Supongamos que, finalmente, has retomado, o vas retomando, tus actividades deportivas, tus hobbys, y a su vez vas madurando los planes que empezaste a formular el año anterior.  Supongamos, incluso, que más o menos vas cumpliendo, o intentando cumplir con un moderado buen éxito, tus resoluciones para este joven año.

Supongamos que tus obsesiones, por alguna razón que no podés explicarte, te dan un respiro; que tus demonios parecen haberse tomado unas muy merecidas vacaciones de verano con los gastos pagos; que tus angustias cotidianas se parecen más a una de esas historietas patéticas que te cuenta una vecina que no te cae especialmente simpática pero que de todos modos aguantás estoicamente, o sea, están ahí y te joden un poco, pero en realidad no pasan de una ligera y completamente manejable hinchazón testicular.  También, supongamos que todas tus inquietudes, todos tus rollos mentales, todas tus manijas, teatros, soledades, especulaciones y tribulaciones, parecen estar de paro de brazos caídos; que ni siquiera cometen la violencia de ocupar su lugar de trabajo por la fuerza, sino que hacen paro pero se quedan en su casa, que están ahí, vos lo sabés, pero que ni joden, ni vienen, ni las ves.  Supongamos, finalmente, que te sentís en paz, inmerso en un estado beatífico y bastante idiota de auto-aceptación y que si de repente algún problema decide aparecerse a llorarte la milonga, mentalmente le decís: nene, no jodas que hace mucho calor, y lo mandás al diablo sin dedicarle una segunda mirada; que estás dejando fluir: como bajo los influjos benéficos de una dosis masiva de Garompa 750 mg.

Supongamos, en suma, que de momento te la estás bancando como un duque, y que casi, casi, la estás pasando igual de bien.

Supongamos todo eso. Podés?  Eh? Eh?

Es una cagada.

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6 Respuestas a “El infierno de la escritura

  1. “La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”, canta Solari.
    Aún así, no estaría mal una probadita.

  2. El escritor tiene que esforzarse más y le salen terribles posts!
    🙂

  3. Gracias. Siempre es preferible eso a “posts terribles”!

  4. Bueno… supongamos que eso pasa, ¿Es pecado vivir así?, yo diría que sí, suena a vida mal aprovechada, ya me iré metiendo en más problemas.

    Gracias Señor Pancho usted siempre tan inspirador.

  5. De nada, Tobias Q, que aproveche.
    Ahora, cuál es el problema de que sea pecado. En 42 no tenemos problemas con el pecado, sobre todo cuando los que pecamos somos nosotros! Tampoco tenemos problema en desaprovechar nada… es lo que más o menos venimos haciendo desde hace poco más de 30 años 😉

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