Saliendo del boliche

Los sábados, cuando entro a trabajar a eso de las 6, es la hora en que salen todos de bailar.  Las cosas que pueden escucharse, que se escuchan, son impagables.

Estando ya dentro de la oficina, con Los Redonditos de fondo en el boliche, escucho una voz aguardentosa al otro lado de la puerta: Arroooz con-leshe, me-guiero casssáaaar… no… cómo era?  A ver… arrooozz gonnn leeshe… ah, mierdbluuurggg…

A las 7, cuando salgo de la oficina a buscar los papeles, tres flacos vienen caminando en sentido contrario.  Uno de ellos con un casco en la mano, hablando airadamente con los otros tres, que se mataban de risa: Vo’…vo’ tenéh que sher bombólico! Podés parar?  Mirá, si no estuviera tan en pedo, te partiría el casco en la cabe-en la cabeza!

Una cuadra más allá, con el pueblo prácticamente desierto, pasan dos chicas en una moto, preciosas y arregladitas como un par de muñecas, hablando a los alaridos: Si no paro pronto a mear, llego a casa mojada hasta los tobillos!

Es curioso, pero en estos tiempos, muchas veces te topás con el hecho irrefutable de que cuanto más linda es la chica, más se parece a la encarnación del más guarro de los camioneros que pueda haber existido.

Me encantan los sábados a la mañana!  Sobre todo esos en que puedo quedarme durmiendo!

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4 Respuestas a “Saliendo del boliche

  1. Ja, ja, ja, en realidad es añoranza!!!!! 😉

    • Jaja! No juegues con la verdad! Cuando podía abusar de la vida con impunidad, supe salir de ese mismo antro, medio en pedo, cruzar la calle y meterme a la oficina, trabajar mis horas (algo así) y seguir de largo hasta el domingo a la mañana. Ahora apenas puedo hacer una de las dos cosas… pero ni hablar de salir de largo. El cuerpo pasa una factura por cualquier mínimo abuso, que parece un concesionario oficial de la Mercedes Benz!

  2. Mi abuelo decía, si puedes aguantar hasta las 6 de la mañana de fiesta, tienes que poder trabajar las horas que sean necesarias. Pero la edad no perdona, y como dices terminas haciendo sólo una de las dos cosas.

    Lo de las chicas en moto, por aquí ocurre lo mismo, a las 5 de la mañana a grito pelado y hablando en un lenguaje no concebido y además de temas absurdos.

    ¡Que bueno eres Pancho!

    • Bueno, lo de los temas absurdos, es relativo. Cuando tu vejiga amenaza con estallar, por ejemplo, es muy fácil cambiar el tag de la conversación “absurda” a “horrendamente importante”.

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