Cómo deben ser los noviazgos

No recuerdo qué importante revista de Viena acaba de abrir una información relativa a si los noviazgos deben ser breves o largos. La ocurrencia suscitó interés y en el plebiscito van interviniendo las principales figuras del “gran mundo”: actrices de todas edades y literatos, hombres de ciencia y políticos mayores de cincuenta años.

Como era presumible, los dictámenes de los dos sexos, perpetuamente rivales y amigos, fueron contrarios; los hombres, no obstante las posibilidades que tienen de nacionalizarse estadounidenses, mejicanos o uruguayos, para divorciarse, siguen viendo en el matrimonio un peligro truculento y se declaran a favor de los noviazgos dilatados. Hay quien afirma que ponerle al matrimonio una sinfonía de nuevo o diez años no es mucho.

El sentimiento inspirador de la opinión masculina es el miedo. El hombre, rudo, violento y protegido por los códigos, teme a la mujer, débil, humilde, esclavizada siempre y, a la vez — por imperativos de su belleza — dictadora soberana del mundo. El hombre conoce las revoluciones de la estrella Sirio y ha descendido al átomo, subió a la estratósfera y ojeó el fondo de los océanos y, acaso, no esté distante la fecha en que un biólogo logre despertar en un óvulo el milagro vital. Pero esos mismos sabios, desvanecedores de enigmas, tiemblan empavorecidos cuando se asoman al laberinto sexual, y su ciencia se detiene ante el pareado que forman unos dientes de almendra y unos labios pintados. “Esas pupilas — se dicen — que nos observan ingenuas, cariñosas, tal vez, ¿qué cuentan?… ¿qué ocultan?… ¿Será el infierno?… ¿Será el paraíso?…” Y los filósofos vacilan, presintiendo que alambicar un alma de mujer — aunque ésta pertenezca a la legión de las que sólo hablan de modas — es más difícil que apostillar la obra de Hégel.

De ahí su empeño en dilatar el noviazgo lo más posible. “Conviene — afirman — examinar bien el carácter de la persona que destinamos a compartir nuestra existencia. No basta que sea hermosa, tampoco debe satisfacernos que sea buena; ¡porque ni aun la hermosura y la bondad unidas son suficiente garantía de que, a su lado, hallaremos la dicha!…

“Es indispensable que tales cualidades se produzcan, engranen y acoplen, de modo que su alma sirva a la nuestra de definitivo complemento. Esta convicción únicamente se adquiere con el tiempo y un trato asiduo, estudioso, lleno de observaciones sutiles”.

“Ellas”, más resueltas —¡ah, las heroínas! —, votan por los noviazgos cortos.

“En amor — escriben —, la espera sirve de flagelo a la ilusión; pero si aquélla se prolonga demasiado, la ilusión — que tiene mucho de impresión — desfallece y el cariño apaga sus fuegos divinos y se convierte en costumbre”.

Aciertan. El amor que, por obra del hábito, cuando acudimos a una cita, ya no acelera el curso de nuestra sangre, no merece ser llevado al altar. En esa tempestad pasional, en esa inquietud, casi dolorosa, que alternativamente nos abrasa y nos hiela la sangre; en esa dulce tortura, que es vida y muerte, armonía y caos, cuchilla que nos traspasa el pecho y caricia inefable, radican cabalmente la felicidad y los espejismos acuciadores del amor. El progreso no cambió su sentencia divina. Hoy, como en aquellos remotos tiempos en que las diosas ungían con sus besos la frente de los héroes, el amor, si ha de poseernos plenamente, necesita ir ciego y desnudo.

Esos inocentes doctores vieneses, que fundamentan la posible felicidad conyugal en la duración del noviazgo, no pasaron de la alfa en cuestiones sentimentales.  En diez meses de relaciones aprendemos tanto como en diez años; quiero decir: que en ninguno de ambos casos aprendemos nada.

En ese lapso llegaremos a conocer la intimidad moral de la esposa y de la amante; pero a la novia, por sencilla que sea y mucha voluntad que ponga en descubrirnos su corazón, no podremos conocerla nunca. Y nos comportamos como ciegos y sordos, y no atinaremos a discernir lo que tenemos delante, porque nos lo impiden el deseo, la ilusión y todas aquellas deliciosas garanbainas [con “nb” en el original] con que la pasión desorbitan los sentidos; pues tal es su fuerza que sólo comprendemos lo que ella nos permite entrever.

[error de imprenta en el original]

nuestras impaciencias hallan reposo y la ilusión tropieza, al fin, con la suspirada realidad.  Y entonces…, ¡sólo entonces!…, la venda que llevábamos sobre los párpados cae al suelo como fruta madura, y una gran luz sincera invade nuestra conciencia y la permite asomarse al futuro.  Por lo mismo, el noviazgo debe ser corto.  Hombres y mujeres deben llegar al matrimonio con todas las luminarias de la ilusión encendidas, con todos los verdores de la esperanza intactos…: pues en resumidas cuentas, todas las savias de felicidad de una vida caben en una hora.

Esta maravilla, este collar de perlas de sabiduría fue escrito por Eduardo Zamacois.  Artículo aparecido en el número 745 de la revista Vosotras, del 3 de febrero, Año del Libertador General San Martín, 1950 [sic]

Resumiendo: dejá de hacer el pavo y casate de una buena vez, m’hijo!

Las negritas son mías.  Aluciné en tres colores con ese párrafo!  Bah!  Con toda la revista!  En entradas posteriores voy a colgar algunas imágnes de propagandas de la época, que no tienen desperdicio.

Gracias, Dina!

Anuncios

4 Respuestas a “Cómo deben ser los noviazgos

  1. Pingback: Editorial maravilloso | 42

  2. al principio me lo tomé en serio y te iba a dejar una guarangada, pero después, dije naaaaa…veremos cómo sigue…
    beso de alguien que lo intentó cinco veces, con el mismo tipo, pero sigue siendo soltera.
    Ja!
    Saludos a Dina, que a vos por lo menos te escribe, saludos a Nacho, y tu manaia sigue fiel, tratando de que yo vea la belleza del mundo…mmmmm…me parece que me lo diste fallado! jaja! beso pan

    • Hola! Bien Vuelta!
      Raro, verdad? Íbamos leyendo con Dina, hace unos días, y no la podíamos creer.

      Sí, a veces se complica. Aunque estimo que no lo hubiera intentado más de tres veces, en el mejor de los casos.

      Puede ser falla. Puede ser. Aunque también es cierto que el mundo te cagó bastante bien a trompadas.

      Beso.

  3. Pingback: Comunicando que es gerundio | 42

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s