Tecnificación artesanal de un clásico

Es horrible tener que amasar con una botella.  Incómodo.  Fatigoso.  Inadecuado.

Incómodo porque no tenés bien cómo agarrarla.  Fatigoso porque al ser tan liviana, tenés que afirmarte a lo panadero para llegar a estirar cualquier masa.  Inadecuado porque si tenés la masa enharinada, la botella se resbala como escupida en plancha, mientras que si está sin enharinar, es un pegote insoportable.

Necesitaba un adminículo, una especie de milagro tecnológico que me salvara. Así, luego de una concienzuda investigación, di con un aparato contundente, sin piezas móviles, diseñado y manufacturado para un propósito específico: nuestro viejo conocido y no siempre bien ponderado, pero prácticamente indispensable, palote de amasar, o rodillo, como se lo conoce en ciertas regiones.

Partamos de la madera.  Nada de esas porquerías de pino o álamo que se encuentran por todos lados.  No.  Tenía que ser algo con peso, durable y, en concordancia con mi manera de ser, bruto.  La elección es clara: lapacho.

Rescatamos un buen pedazo de baranda de 3 pulgadas de sección cuadrada y 60 cm de largo y lo colocamos en el entrepunto del torno.

Dejamos un margen de seguridad de 5 cm en cada punta, para evitar algunas grietas y rajaduras que pueden dar problemas, y con la media caña de 1″ hacemos el desbaste primario y damos a nuestro trozo de madera la forma cilíndrica que lo caracteriza.

Una vez que tenemos un cilindro razonablemente bien calibrado, marcamos el vuelo de las asas… cómo se llama eso de donde se agarran los palotes?  Agarres?  Las bolas!  Ahí está.  Es así como un nombre simpático, no?  Dejamos un palote con un largo efectivo de unos 25 o 30 cm y le damos a cada lado unos 7 a 10 cm para las bolas.   Luego es ir más o menos haciendo una punta y la otra alternadamente, cuestión de que más o menos queden parejas.  El calibre es una herramienta muy útil cuando el ojímetro no es tan preciso.

Recuerda, Pequeño Demente: Tener las bolas parejas es un signo de buen gusto.  Además, a quién no le gusta agarrarse de las bolas, cuando las bolas son simétricas y bien proporcionadas?

Y ya casi estamos.  Luego hay que lijar el cilindro y sus bolas con lijas 100, 150, 220 y 320.  No es necesario que quede pulido a espejo ni mucho menos.  Cepillamos bien con un cepillo de dientes o similar, para remover el polvillo, sacamos del entrepunto y lavamos a conciencia con agua clara, teniendo cuidado de no pasar mucho las manos, por si hay alguna astilla.

Volvemos a poner en el entrepunto, retiramos el apoyaherramientas, ponemos a girar el torno y aplicamos sobre la madera un paño limpio.  El paño va a quedar amarillo rojizo de los tintes del lapacho y el polvillo del trabajo en la madera.   Volvemos a sacar la pieza y repetimos el proceso dos o tres veces más, siempre con un paño limpio, hasta que casi no se tiña.

Cuando ya está listo y todavía en el torno, empezamos a cortar los extremos de las bolas para liberar el palote.  Llevamos el corte hasta que reste un centímetro de cada lado y lo terminamos fuera del torno.

La textura final no va a ser especialmente sedosa, debido al lavado, así que no te preocupes por ese aspecto.  El tema es que terminemos con un hermoso palote, aproximadamente de 45 a 50 cm de largo total y cerca de 3 kilos de peso.  Ideal para amasar o bien para convencer a algún impertinente reacio a hacer nuestra voluntad.

Es muy importante sacar la foto cuando el palote todavía está con un poco de humedad del último lavado, así parece que se va a partir a la primera de cambio 😉

Ahora resta probar si el motor quedó bien ensamblado y si las bolas son de tamaño adecuado, haciendo unas buenas pastas caseras, a ver qué tal.

Notas sobre seguridad:  Esto es elemental, vamos.  Protección para ojos y oídos.  Mejor aún si usás una máscara para toda la cara.   Y de repente una mascarilla o respirador.  El lapacho, en el torno, larga una cantidad imponente de viruta fina (con gran astucia para meterse por todos lados), y una cantidad atroz de un polvillo como aserrín que es insoportable y no tan saludable para inhalar.  Sobre todo a la hora de lijar.  No cuesta nada y laburás tranquilo, o tranquila.

Ya sabés, cuidate, querete, ojito, ojet…

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2 Respuestas a “Tecnificación artesanal de un clásico

  1. Una divinura!
    Qué Lasagna me voy a comer! 🙂

    • También puedo usarlo para “convencerte amablemente” de que en realidad no querés comer lasagna, sino tallarines comunes y silvestres 😉

      Cuando tenga un horno decente funcionando, vemos de hacer algo por el estilo 🙂 De momento tengo un horno funcionando, que no es decente… y uno decente, pero que no funciona.

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