Mentirijillas

Cuál es el mecanismo de la mentira?  Cuál es la razón?  Los primeros dos preceptos en el que basamos la filosofía y la práctica del kuoshu son, no mentir y buscar siempre la verdad. Chu-páte esa mandarina!  Nada menos!  Una noble meta, eh?  Simple.  Fácil de recordar.  Sí, muy noble.

Casi imposible de seguir.

Un niño de tres años tira al piso un vaso con toda intención.  El vaso, obviamente, se hace añicos y su contenido se desparrama.   Cuando aparece su madre, alarmada por el ruido, el pibe, con cara de inocente criaturita, le dice:  Fue un accidente, mami.

Cuál es el mecanismo por el cual el niño internaliza la mentira?  Es más, cómo, a los tres años de edad, se puede mentir con tanta soltura?  Otra vuelta de tuerca: los padres de ese niño no le mienten, ni mienten frente a él.  Entonces, cómo es que adquiere no sólo el hábito, que ya de por sí sería preocupante, si no también la eficacia y la eficiencia en el mentir?  En el jardín de infantes?  Es desarrollada como un mecanismo de protección?  Pero si fuera así, cómo se explica la escena del vaso, que está tomada de una situación real?

Y si a los tres años ya está así, para los 15 no le podés creer ni los buenos días.  Se convertirá en una persona confiable, o por el contrario, seguirá profundizando en esos mecanismos y recursos?

Porque la mentira, o la falta de ella, está entrelazada con la confianza y ésta con la lealtad.  Uno no espera que las personas cercanas nos crucen a mentiras hasta dejarnos bien curtidos.  Paradójicamente, las personas en quienes más confiás, suelen ser las que te enchufan las peores mentiras.  Ah, el puñal de la deslealtad está forjado en mentiras.  Cuánto melodrama!  Aunque quizás no debería extrañarme tanto.  No deja de ser lógico: si bajás la guardia, es más fácil que un golpe bien dirigido encuentre su blanco.  En incluso si no está tan bien dirigido.

Durante una charla con una conocida, me decía, en uno de los comentarios más estúpidos que he escuchado jamás, que nunca había sido fiel a ninguna de sus parejas, pero que siempre les había sido leal. Con una risotada le pregunté qué corno era para ella ser leal, si sus relaciones siempre habían transcurrido bajo un manto de mentiras y engaños, y no pudo contestarme nada que tuviera sentido.  En algún punto, pudo resumirlo en algo así como “ojos que no ven, corazón que no siente”.  Mientras el asunto fuera con discreción, todo estaba en orden.

Un tipo está casado y tiene un hijo. Han pasado penurias, enfermedades y mil dificultades, pero no aflojaron.  Eventualmente levantan cabeza.  Sin embargo, en un punto, la relación con su esposa decae.  Por una de esas cosas que tiene la Vida, el Universo y Todo Lo Demás, no hay más amor y está pensando en dejarla. El tipo pasa un año viéndose con otra, antes de dar el paso.  Cuál es la necesidad de mentir?  Todo bien con que quieras a otra.  En realidad, nadie puede decidir a quién ama, y seguir en una relación muerta no tiene sentido.  Pero, si de todos modos vas a dejar a tu esposa, para qué envenenar la relación con una traición?  Así se pagan esfuerzos y sufrimientos compartidos durante años?

Eso es lo que me subleva.  Lo que me parece más pérfido: el poder destructor de la mentira.  El veneno con el que inunda el alma de quien la padece.  Es una de las peores calses de robo.

Un tipo engaña a su mujer.  Ella se entera.  Ella lo deja.  Él, arrepentido, le suplica que vuelva.  Ella vuelve.  Ella perdona, pero no olvida.  Ella perdona?  Por qué, entonces, le paga al chabón con la misma moneda, poco tiempo después?  Pero bajo cuerdas, de canuto, sin que nadie se entere.  Hasta que él, inevitablemente, se entera.  Porque el mundo realmente es diminuto y la gente, a poco de prestarle un poco de atención, es previsible.  Sí, sí, ya sé que el Infierno no conoce furia como la de una mujer despechada.  Venganza?  Pamplinas!  Si fuera así, luego de encamarse con un tipo, de preferencia el mejor amigo del esposo, encararía al infiel y le presentaría esa amarga factura.  Ley del Talión?  Paparruchas!  Lo clandestino y taimado de la acción sirve a modo de excusa y nada más.  Mentiras pagadas con mentiras.  Qué satisfacción hay en eso?  Es un triunfo vacío, que solo sirve para alimentar el resentimiento.  La senda de la pierna es la más fácil.  Siempre va a haber un tipo dispuesto a lanzarse, o una mina con ganas de abrir las gambas.  Qué desafío hay ahí?  A quién se castiga?  Se busca un castigo?  Un resarcimiento?  Justicia?

O todo es un juego eterno?  Desde el niño de tres años que, de alguna manera, se está burlando de su madre, hasta el tipo infiel, pasando por la situación que se te ocurra.  Mentiras blancas, que supuestamente se dicen para no lastimar; mentiras cobardes, a las que se recurre para no tener que enfrentarse a, o diferir el momento de, la verdad.

Las más entendibles, con todo, son las mentiras interesadas y las que buscan venganza.  Las primeras buscan obtener un beneficio, ya sea económico, laboral o social.  Para esas, mal o bien, todos estamos mínimamente preparados, aunque algunas escondan puñaladas rastreras.   Las segundas no necesitan explicación, la venganza, para el vengador, justifica cualquier medio.

No son esas mentiras  las que más me asombran, aunque algunas me llamen mucho la atención, sino las otras, las que involucran a las personas (que suponemos) cercanas a nosotros.  Las gratuitas.  Las que no tienen ningún móvil o motivo comprensible ni justificable.  Las que son porque sí.

Qué carajo buscan?

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