Futilidad

El ser humano hace cada vez más cosas sin saber por qué las hace.

Hernán Casciari, Orsai #2

Lo mismo podría decirse de lo que usa, de lo que compra, o de por qué usa y compra determinadas cosas. Se usan y se compran, o al revés, porque… bueno, porque las cosas están ahí para que las compremos y las usemos.

Pero por qué gastamos tanto?  Por qué consumimos tanto?
Personalmente detesto el consumo indiscriminado.  Esa frivolidad extrema me parece uno de los peores insultos a la vida.

Dejame darte un semi-ejemplo.  Naxto pasa gran parte de sus horas o bien pegado a su cámara fotográfica, una Nikon D90 hermosa que saca unas fotos del carajo y filma en HD a 720p, o bien procesando, editando, compaginando y ordenando fotos y secuencias de video.  Es su trabajo, sí, pero también es su pasión y su amor.
Como laburante, le costó llegar a tener esa cámara, esa herramienta puesta a su disposición por la maravillosa tecnología moderna.  La compró hace unos pocos meses y la ama.

Hace poco salió la sucesora de la D90: la D7000… o era D7100?  Quién puede saberlo?  Los fabricantes de cámaras fotográficas sacan modelos a un ritmo frenético y van discontinuando los previos, cosa que, comprensiblemente, indigna a la gente que tiene esos modelos.  Como a Naxto por ejemplo.  Ser poseedor de una cámara de un modelo discontinuado no es tan divertido.  No hay más actualizaciones de firmware (el conjunto de programas que permite que funcionen los aparatos electrónicos) y sus mejoras asociadas, los nuevos gadgets y accesorios que aparecen, luego de cierto tiempo, son incompatibles, los representantes de esa marca van dejando de realizar services y reparaciones y, en general, el usuario se siente abandonado por la marca en quien depositó su confianza.

No es que un fotógrafo tenga necesidad constante de estas opciones, pero no está de más que estén disponibles.

Aquí entra en juego el concepto de Obsolescencia Programada.  Las cámaras fotográficas de marca deben ser, por fuerza, de buena calidad.  Si el sensor no es bueno, si el espejo no funciona, si el servo es incapaz de controlar los lentes y la apertura, si la electrónica no soporta el uso y el régimen de uso que supuestamente se le asocia a un aparato (casi) profesional, la gente dejará de comprar ese producto.  Así que las cámaras fotográficas son de la mejor factura técnica que pueda desearse.

Pero una cámara de buena calidad significa que va a averiarse o romperse más bien poco… y cómo carajo va a sobrevivir Juan Nikon si la gente compra una cámara y ésta dura décadas? La respuesta es simple: inventamos un par de prestaciones nuevas, o mejoramos ligeramente las existentes, y tiramos al mercado un nuevo modelo lo antes posible.  Ta-ráaan! Magia señorita!  Ningún fotógrafo que se precie va a querer quedarse con su vieja, artificialmente obsoleta, aunque en perfecto estado de funcionamiento, pero fatalmente discontinuada cámara. No, señor.  Ni en pedo, señora.  Prohibido, señorita.  Hay que comprar el nuevo modelo, para que la gente vea que el fotógrafo es un profesional actualizado… y para que Juan Nikon pueda seguir vendiendo cada vez más cámaras y abastecer, así, a una demanda que no cesa.

Una demanda artificialmente creada.  Con un apetito feroz e igual de artificial.  Porque al chabón que tiene una D90 (por ejemplo a Naxto) le encantaría tener una D7000… o D7100… lo que sea. Y putea a los hijos de puta de Nikon porque todavía no lleva ni la mitad de su actual cámara amortizada, que ya lo abruman con las fantabulosas características del nuevo modelo (y por eso es un semi-ejemplo, ya que no va a salir corriendo como degollado a cambiar de cámara, aunque mucha otra gente sí). Así la única diferencia sea que las ráfagas de disparos son de 15 fotos a velocidad sostenida, en lugar de 6 y que cuenta con una entrada para toma de audio externa.  Incluso si lo que menos hace es sacar fotos en ráfaga y filmar utilizando captura de audio con equipamiento externo.
Lo mismo pasa con los autos.  Con la ropa.  Los electrodomésticos.  Los televisores.  Con toda nuestra economía.  Nos bombardean con publicidades, en la radio, en la tele, en los diarios, en las revistas, en el cine, en la red, en la carretera…

Algunos burdos, otros ingeniosos… como el de Burma.  Si viajás de Colonia a Montevideo, por la Ruta 1, vas a ver el cartel: una chica pasando sus manos por un lindo buzo que lleva puesto, sonrisa sutil, y el eslogan:  Viste Burma?  Viste bien!

Ese mensaje, creo yo, es fantástico en su eficacia: si a usted le parece que la prenda es Burma, por su calidad, terminación y estilo, ha visto usted bien… si usted usa una prenda Burma, usted sí que sabe elegir su ropa, usted sí que sabe vestir.  Cuatro palabras, dos mensajes contundentes.

Igual no deja de ser una mierda.  Y allá vamos, como ganado.  Siempre como ganado.  A propósito, viste la película Temple Grandin?  Es sobre una minita autista que re-diseñó y revolucionó la forma en que se maneja el ganado.  Muy buena peli, en serio.  Pero volvamos al meollo: si el ganado está tranquilo, si la primera res va tranquila, el resto la sigue.  Casi que hasta se ponen contentas de que las matemos.

Nosotros, bovinos consumidores, estamos  igual que esas vacas.  Tan felices!  Tenemos un reproductor MP3.  Funciona perfectamente.  Con una capacidad que se adecua a nuestras necesidades del almacenamiento.  Hey!  Salió un iPod nuevo en la tele!  Rigoberta, mi compañera de apartamento tiene uno… ROSADO!  No es fantástico?  MUUUUUU! Tengo que tener uno!  Negro mate!  Sí, y el año que viene pienso cambiarlo por el de la nueva generación.  No se diferencian gran cosa mi viejo reproductor, con el flamante iPod que tendré mañana mismo y, probablemente, tampoco se diferencien mucho del futuro iPod que ya estoy pensando en comprar ni bien me deshaga de este que todavía no tengo… pero que tendré.  Mañana mismo.

Claro, esa catarata de nuevos productos que salen a diario impulsa el avance tecnológico.  Personalmente preferiría que el ritmo fuera menor.  No es una postura neoludita.  No se me ocurre volver a un estilo de vida como el del siglo XIX, nada de eso.  Es simplemente que me gustaría que la velocidad del mundo fuera más acorde con la velocidad humana que con la de la luz.  Aunque el avance tecnológico fuera más lento.  No sería tan grave, se me ocurre.  El mundo, ciertamente, lo agradecería.

Hay un documental espectacular a propósito de todo esto, de la Obsolescencia Programada, de cómo, a pesar de los impresionantes avances técnicos, los bienes de consumo cada vez duran menos, de una lamparita a la batería de un iPod, a una impresora que deja misteriosamente de funcionar, a tu viejo monitor que termina en algún paisucho de África.  Te invito a que lo mires.  Dura poco más de 50 minutos, pero es fantástico.  Se llama “Comprar Tirar Comprar”.  Si sos un consumidor, si alguna vez has comprado un solo artículo, no te lo podés perder.

Básicamente, nos enchufan los productos hasta por el culo y nosotros contentos.  Y sospecho, con un grado de certeza bastante importante, que en realidad no importaría demasiado si los productos duraran más.  Creo que, lamentablemente, estamos programados para tirar todo, aunque funcione, más bien temprano que tarde.  Porque, si lo mirás fríamente, salvo en el caso de mi relación con mi viejo monitor, nos aburrimos bastante rápido de las cosas y procuramos cambiarlas todo el tiempo.  Aunque funcionen, aunque sus características y capacidades alcancen para lo que queremos hacer, aunque tengamos que endeudarnos para realizar el cambio.  Y nos mentimos: “ay, compré un cuchuflo nuevo, porque me encantó su diseño tan avanzado”… mentira!  Qué sabe la persona promedio de “diseño”? Y de “avanzado”?  Probablemente sea el reflote de una idea de los años 50.  Diseño avanzado… bah!  Papanatas.

A propósito: el monitor de mi PC es un Samsung SyncMaster 3Ne de 14”.  Julio de 1997, baby!  Lo adoro.  Ninguna de esas mierdas LCD o led de ahora va a durar los 14 años que tiene mi monitor.  Algunos no van a pasar del tercer año. Me niego a comprar uno nuevo, a pesar de la presión de propios y ajenos.  Porque, como dicen los rusos: si no está roto, no lo repares.  El tipo funciona y, aunque de pantalla un tanto pequeña, sirve perfectamente a mis necesidades… para qué cambiarlo?  José Samsung debe respetar mi lealtad hacia uno de sus productos, probablemente esté orgulloso de que semejante aparato haya visto la luz en una de sus fábricas, pero seguramente me odie hasta las tripas por ser tan enfermo como para estar 14 putos años sin gastar un mango en un monitor nuevo.

Algunas de las posesiones que más valoro son mis herramienta de mano. Con pocas, o en mayor proporción, ninguna parte móvil.

En particular, un shaving knife, una gubia plana de 2” y una media caña con bisel convexo que casi no he tenido oportunidad de usar porque es una herramienta para volúmenes muy específicos. Las conseguí en la feria de Tristán Narvaja, una especie de mercado de las pulgas en Montevideo.  Tienen décadas, son de aceros europeos totalmente injunables hoy en día en estos lugares y están gastadas de tanto usarlas por los dueños anteriores.  Son hermosas.  Hechas para durar.  Más.  Para perdurar.

Es algo tan raro hoy en día:  tener algo de lo que no sólo no queremos desprendernos, sino que son cosas que fueron diseñadas y manufacturadas para que la gente que las compraba no se deshiciera de ellas.

Vos viste, no? Creo que soy bastante hijo de puta: 1500 palabras y un video de una hora para que termines viendo tres herramientas viejas de mango rajado.  Debe ser alguna especie de record o algo así.  A veces me sorprendo de mí mismo.  Según Naxto siempre hay que intentar superar los propios límites.  Misión cumplida!  🙂

Te pido disculpas.  El tiempo es muy valioso y que un pelotilla te lo haga perder de esta manera es terrible.  También te darás cuenta, de que a pesar de pedirte mis más sinceras disculpas, no pienso cambiar ni una coma… de lo contrario no te pediría disculpas!  En realidad lo que sucede es que no sé cómo decir lo que quiero decir y termino enmarañándome con las palabras.

O a lo mejor es porque estoy leyendo El guardián entre el centeno, de Salinger.  Es un libro muy raro, en verdad, y tiene efectos sorprendentes sobre ciertas personas, en las que provoca reacciones muy curiosas.  A Mark David Chapman lo impulsó a matar a Lennon, por ejemplo.  Yo no mato a nadie, pero en cambio escribo boludeces hasta caer comatoso y cosas por el estilo.  O sea, escribo muchas boludeces todo el tiempo, pero nunca hasta el extremo de sentir que debo pedir disculpas 😉

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2 Respuestas a “Futilidad

  1. No suelo dejar comentarios, cuando no me nace…. Lo de la obsolescencia programada es todo un tema! qué buen descubrimiento.
    Gracias por compartirlo, aunque no necesariamente estoy de acuerdo con todos los concepto, es una buena cosa tener herramientas para encarar el tema
    Saludos!

    PS: ya que estoy, gracias por recomendar Orsai!!! Brillante

  2. Me alegra haberte sido útil.

    Creo que no es necesario, ni mucho menos, estar de acuerdo con todo. Ni siquiera con algo. El tema es, o podría ser, sentar bases para una discusión.
    Saludos!

    P.S: Por nada. Sí, lo soy. Que lo hayas descubierto tan pronto habla muy bien de vos 😉

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