Tagliatelle con salsa de hongos

Ah, hongos!  Setas! Cómo puede ser que una persona, de repente, se enferme tanto de puro antojo?  En este rincón del mundo, otoño es LA época para los hongos silvestres.  Vas al monte, húmedo y umbrío, y si tenés suerte, a poco de empezar tu búsqueda, vas a empezar a ver los sombreros de un furioso amarillo (hey, soy daltónico, para mí son amarillos, ok?).  Algunos redonditos y pequeños como un champiñón, otros chatos y con el sombrero grande como un plato, pero todos despiertan la gula más feroz.  Claro que cuando todo el mundo tiene la misma idea que vos, podés llegar a caminar horas por el puto monte y juntar dos tristes puñaditos de hongos.  A pesar de esas posibles circunstancias, es muy divertido.  No tan divertido, pero igualmente muy satisfactorio, aunque un poco más caro, es encontrarlos en una bandeja de tu verdulería de confianza.

Pensar que unos días atrás había conseguido una triste lata de tristes champiñones enteros y estaba contento!  Pobrecito infeliz bastardo, contentarse con tan poco!  Pero, ya ves, los humildes heredarán las setas… o las comprarán en su verdulería de confianza.  Algo así.

Entonces bien.  Tengo mis hongos, comprados en la verdulería 4 Hermanos, que es la única que conozco que se molesta en traerlos cuando llega la temporada;  gracias a un palpite paso por la fábrica de pastas El Gordo que está al ladito, ¡y ñácate! tenían unos tagiliatelle al morrón con un perfume del carajo.

Entonces la pregunta es: ¿cómo combinamos las dos cosas?

Y finalmente sale lo que vas a ver a continuación, mezcla de otras dos recetas vistas en La cuchara de plata.  Muy sencilla, muy digestible, de bajas calorías, ya que los hongos son saciantes pero no joden, y si los juntás vos misma , resulta barata que da miedo.  Las fotos no están muy bien, porque toda la cocinada fue para la cena y la escena no estuvo tan bien iluminada, por lo que te pido disculpas.

Ingredientes (para 4 porciones  abundantes): 150 a 200 gr de hongos frescos, pies incluidos, bien lavados (i) y laminados; 2 tomates pera medianos, pelados y en rodajas finas; 1 puerro picado; 2 dientes de ajo; 50 ml de vino blanco; perejil picado; media cucharadita de azúcar rubia; 600 gr tagliatelle frescos; parmesano; aceite de oliva, sal y pimienta.

Elaboración: Poné tres cucharadas de aceite de oliva en una sartén (si es de fondo grueso, mejor) a fuego vivo.  Cuando esté caliente, dale un golpe a los ajos y agregalos a la sartén.  Cuando se doren, retiralos y desechalos.  Bajá el fuego a un nivel medio y agregá el puerro, revolviendo bien y cuidando que no se queme.  Un minuto después agregá los hongos y salalos ligeramente.  Si ves que el puerro se tomó mucho del aceite, agregale una chucharada extra de oliva.  Cocinalos unos 5 o 10 minutos, hasta que larguen toda el agua y ésta comience a evaporarse.  Agregá el vino y bajá un poco el fuego.  Cuando éste se evapore, agregá los tomates, rectificá la sal, agregale un poco de pimienta negra recién molida, el azúcar rubio para neutralizar la acidez del tomate y el vino y tapá.  Bajá otro poco el fuego y cociná, removiendo cada tanto, durante cerca de 15 o 20 minutos (ii), hasta que el tomate comience a deshacerse, o hasta que se reduzca el líquido, siempre cuidando que no se pegue.

Cociná los tagliatelle en abundante agua hirviendo con sal.

Servilos en una fuente caliente, esparcí la salsa por encima, espolvoreale un poco de perejil (con mesura) por encima y luego el parmesano recién rallado.

Los sombreros de las setas amagan desahacerse y se integran al resto de la salsa, pero los pies quedan bien consistentes.  La combinación con el perejil, aunque parezca mentira, es fantástica.   Es difícil parar de comer.

La receta es rústica, en 42 no somos demasiado sofisticados, pero el sabor es sutil y agradablemente complejo, así que si querés mantenerlo en tu boca, no es tan buena idea clavarse un vino tinto.  En su lugar, podés acompañar el invento con un rico té verde, no muy caliente.

Notas:
(i) El lavado es un asunto importante.  Si en lugar de lavarlos o sumergirlos en agua, podés pasarles un paño húmedo para sacar la tierra y tal, mejor, ya que así se preserva su delicado sabor.  Además, los hongos son como esponjas y chupan agua a morir. Esto redunda en la siguiente nota…
(ii) Si en lugar de lavarlos, los simpiás con el paño húmedo, la cantidad de agua que van a soltar al cocinarse es MUCHO menor, por lo que vas a tener que, o bien ajustar la fuerza del fuego para que no se quemen al inicio, o bien agregar un poco de agua cuando la salsa te lo pida luego de incorporar los tomates, o bien, reducir los tiempos de cocción.  Si los lavás sumergiéndolos en agua, que fue lo que hice, los tiempos que doy acá son bastante razonables.

Ya.

Cocina con alegría y buen provecho!

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s