Per-tur-bado

Hace unos días me di cuenta de que me pasa algo curioso.  Novedoso, podría decirse.  No pasa todas las veces, pero de todos modos no es nada placentero.  A decir verdad, es un poco reprobable y ciertamente muy feo.  Me da vergüenza contártelo, en serio.  Son pocos los que están en condiciones de afrontar con entereza semejante confesión.  Supongo que es de esas cosas que siempre les pasan a otras personas.

No hay una manera sencilla de decir esto, pero, la cosa es que… estoy durmiendo en diagonal.

Aunque parezca mentira, y te juro por el MEV misericordioso que llegar a este calamitoso estado de cosas no fue para nada intencional, por primera vez en mi vida estoy durmiendo en diagonal.  Nunca lo hubiera creído posible. Yo siempre fui de derechas; si estás boca arriba en una cama de dos plazas, la plaza de la derecha, si esa cama me pertenece, es mía.  Si la cama es tuya, voy a tratar de hacer todo lo posible, dentro de los límites del decoro claro está, para quedarme en la plaza derecha.

Lo mismo que con las papas fritas y el riñón.  O sea, llego con mi chica a una parrillada y pedimos un brasero para dos y un buen plato de fritas.  Cuando llega el brasero, con el asado, tripa, riñón, chori, la morcilla y los chinchulines, mientras está todo en el brasero, es no-man-land, todo bien con meter mano.  Lo mismo cuando llegan las fritas en su platón.  Una vez que están en mi plato, la comida es mía.  Sísísí, te quiero en pila, me gustás un montón, pero no te metas con mis papas, loca! No, tampoco con mi cacho de riñón, bien a punto, con su grasita chisporroteante y sabrosa.  Estamos compartiendo el brasero y el platón, qué más querés? No, no es gracioso. No, tampoco me parece romántico.  No, el helado y la miel son cosas bien distintas.  Bueno, probá de chorrearte un poco de riñón caliente por el vientre, y después decime qué tiene de sensual.  Ah, viste?  Bueno, dejame seguir, hacé el favor.

Claro que últimamente no he tenido que preocuparme por discutir con nadie de ese asunto. No, ninguno de los dos, ni el del riñón, ni el de qué lado de la cama ocupar.

Pero me voy por las ramas.  Es un tema de espacio vital, viteh?  Por motivos de causa mayor que no vienen al caso explicar, y buscando mayor comodidad a la hora de respirar, es muy ventajoso para mí el ocupar el lado derecho de la cama.  Te juro, si pudiera echarle mano con impunidad al maldito cirujano que me dejó la nariz como si hubiera estado en una pelea con navajas, sus gritos se oirían hasta en el quinto infierno donde sin duda va a ir a parar cuando finalmente reviente como una chinche.   Sucio hijo de puta.  A lo que voy es:  no es un mero capricho, ni un delirio.  Para mí, dormir del lado izquierdo de la cama, aunque posible, no es la mejor de las situaciones.  El tema es que siempre, siempre, siemprísimo, termino durmiendo sobre mi costado derecho.  Así que sobre ese lado gozo de una relativa libertad de movimientos que me facilita mucho la vida.  Si estoy del lado izquierdo de la cama, en cambio, eso implica que termino sobre la mitad de la misma, más precisamente donde se empoza y, gracias a la Ley de Murphy, de jeta contra mi acompañante.  En la vigilia eso está más que muy bien, pero a la hora de dorimir, rompe las pelotas por el campeonato del mundo.

La culpa, obviamente, no es de ella.  No.  La culpa es mía, por ser medio fantasioso.  Medio pelotudo.  Por ejemplo, siempre me pareció muy sensual eso de que la minita se duerma sobre mi cuello, con su pelo cayéndome como una cascada sobre el pecho.  Linda imágen, eh?  Imaginate:  Una musiquilla, un poco de luz ambiente, ella a tu lado, tranquila, vos debidamente relajado, casi feliz, con la confianza de saber que todos los trapecistas están dentro del forro bien anudado.  Disfrutás de la quietud, quizás también del silencio.  Con la derecha te vas fumando un pucho, más satisfecho que la mierda, mientras que con la izquierda le hacés un mimo a la flaca, que bien se merece un poco de ternura luego de la revolcada que se dieron. Todo muy lindo, no?  Imbécil! Después de los primeros 15 minutos, es insoportable.  Hace cosquillas, si ella se mueve, sus pelos se te meten en la  nariz o en los ojos y jode a la hora de dormir.  Y tampoco te podés dar vuelta por miedo a despertarla… sí, porque no querés que se despierte.  Porque… y si se desvela?  Yo quiero dormir.  Ya va a haber tiempo en la mañana para el segundo y el tercer tiempo.  Empezamos a las 11, son las 3… no podés esperar hasta las 6?  Bueno, ante la duda, no la despiertes.  El tema es dormir boca arriba.  Un bolazo.  Salvo que vayas en un barco a la Antártida y no haya opción, es una mierda.  La gente que duerme boca arriba es más propensa a roncar.  Y si te dormís boca arriba y pegás uno ronquido de esos que te despierta hasta a vos mismo?  Dejá de joder.  Ah, y si no te podés mover, ni sueñes con ir al baño.

Finalmente estás ahí como un enfermo: sin querer moverte por miedo a despertarla, sin poder dormirte porque tenés ganas de mear, sin mear, porque para mear tenés que moverte… hasta que al final no aguntás más y vas a mear, porque la alternativa dejó de ser divertida cuando cumpliste tres meses de edad.  Pero resulta que cuando  volvés, ella, como una especie de gas entrópicamente correcto, ocupa todo el espacio disponible de la cama.  La entropía siempre gana y la reputa madre que la parió.  Esa es una de las cosas de las mujeres que nunca pude entender.  O sea, no entiendo prácticamente ninguna de sus cosas, procederes y pareceres, pero esa, en particular, me intriga desde hace muchísimo: por qué, en nombre del MEV bendito, cuando uno se levanta de la cama,  ustedes, chicas, no pueden seguir durmiendo en la misma posición en la que estaban antes?  Qué mecanismo endemoniado las impulsa a reptar, fluir, chorrear… no sé, es un verbo que denota una acción muy específica… por todo el resto de la cama hasta ocupar, de una manera inconcebible, tanto el espacio en el que estaban, como en el que estaba uno mismo?  Es como si se desdoblaran.  No sé si será cosa de Mandinga, pero en todo caso, es raro…

Así que la situación es esta:  por no haberte levantado a mear a tiempo, perdiste una hora de sueño, y ahora que ya estás pronto, te topás con que ella está ocupando toda la cama, pero no es que esté dormida, está en coma.  Vos preocupado por no despertarla y ella más dormida que si se hubiera embocado una tortilla de valiums.  Ahora el tema, imbécil, es lograr acostarte.  No tenés otra opción que intentar recuperar una porción de la cama.  A estas alturas, con la dignidad hecha flecos y los férreos principios revolcados por el barro, ya te importa un poroto en qué lado, con tal de poder echar una cabezadita en tu cama.  Ahora tampoco te preocupa despertarla, no es que tengas maldad, sabés que es humanamente imposible sacarla de ese letargo hibernante.  Se te va al carajo el estado de relax pos-coito.  Y también sabés lo difícil que es mover un cuerpo así de desmadejado e inerte.  Es más, te empezás a calentar.  No cachondamente hablando, sino que es como un cabreo líquido, viscoso, no newtoneano, que va llegando lentamente.  Estás tan cabreado que casi podrías caminar sobre el cabreo.  Pero con quién te la vas a agarrar?  Con la pobrecita que está en la cama?  Sí, está bien, es una infeliz, una desconsiderada de porquería por no haber aprendido a dormir quieta en un solo lado, pero en este asunto, la doña es inocente.

Y vos te la tenés que bancar como un lord, ta?  De última, la culpa es tuya por pedirle que se quede.  Ahora a hacerse cargo, chabón!  Ja!  Lindo el polvito, eh?  Expulsado de tu propia cama.  Todo un Valentino!  Es de esas cosas que no le vas a poder contar a nadie, salvo que quieras sentirte como el rey de los boludos, y todavía verte convertido en carnasa para los guasos de tus amigos.  Porque sabés que ni contándola con gracia estás a salvo.  Al final, probablemente, la cuelgues de un blog disfrazada de ficción…. aunque la única parte de ficción, en realidad, sea la de las papas fritas.   Lo del riñón sí que es verdad, pero las papas no tanto.

Como sea, dónde estaba?

En la cama, sin chichi, pero en diagonal.  Diagonal.   Eso es.

En una cama de dos plazas, dormir en diagonal es lo peor.  Dormir en diagonal es terrible. La diagonal es una desviación.  Vamos por una analogía geométrica.  En un cuadrado, la diagonal no tiene nada que hacer.  No está contemplada en el diseño, vamos.  Uno puede trazarla, correcto, pero lo que importa es el cuadrado.  Nadie dibuja un cuadrado para poder tener una diagonal y ciertamente que nadie dibuja una diagonal esperando trazar un cuadrado.  Sería algo muy estúpido.  En realidad, la diagonal aparece cuando ya no tenés nada más que hacer con el cuadrado, cuando no tenés esperanza de inscribirle un círculo que quedaría muy bonito, o meterlo adentro de un triángulo que quedaría muy vistoso.   Y entonces te ponés a pensar en qué feo y solitario se ve tu cuadrado. Y qué al pedo!  Es así que se te ocurre enchufarle una raya de punta a punta, y ya estuvo: ñácate! y diagonal que te parió.

La diagonal es triste y denota un cuadrado en abandono.   Peor todavía, una falla estructural en potencia.  Una diagonal se les pone a las estanterías (cuadradas, o rectangulares, que para el caso es lo mismo) para que no se desparramen.  La tal solución: prevenir un colapso mediante una desviación.  Como para que luego me hablen del pecado original. Podrás decir que esa diagonal es una solución práctica y hasta elegante… puro disparate!  Lo ideal es que la estucutra esté bien armada para que no se desparrame, evitando así la necesidad de acudir a una diagonal.  A nadie le gusta ver un tensor diagonal en una estantería.  Da por pensar que sin él, se vendría todo abajo.  Denota emparche y fragilidad.  Eso como mínimo.

Lo peor de todo, es el posible efecto psicológico de una diagonal.  Cuando tachás, tachás con una barra en diagonal.  Cuando marcás algo que te gusta, usás un tick.  Pero para tachar, usás una barra.  Si lo querés tachar con saña, usás dos diagonales y formás una cruz.  La cruz es la muerte del cuadrado.  No la cruz de tramos paralelos a los lados, que es un acto de amor, ya que a fin de cuentas estás multiplicando el cuadrado, sino la formada por dos diagonales.  Horroroso.  Una amputación.  Una malformación.  Como aplicarle rayos gamma al cuadrado, pero sin que se vuelva grande, feo, malo y verde.

Ahora trasladá eso a una cama… feo, eh?

Cerrá los ojos e imaginate esto… no, mejor no los cierres, porque no podrías enterarte de qué tenés que imaginar:  imagente que la cama es el cuadrado.

Ahá!  Y quién es la diagonal?  Tomá!  Si no estás temblando de pavor ahora mismo, no sos humana.  Qué querés que te diga?  Para mí, que tendrías que estar temblando.  A lo mejor de pavor, sí.  O a lo mejor de pavota.  Apenas son dos letras de diferencia, así que no es tan descabellado.

Pero entendés, no?  Dormir en diagonal implica que da lo mismo que uses media, o toda la cama… o que incluso duermas haciendo al paro de manos.  Jmmm… aunque lo del paro de manos no es tan recomendable, creo.  Se  me ocurre que debe ser hasta medio incómodo, con toda la sangre dirigiéndose a la cabeza y tal.

Bastante decandente todo, te diré.

Pero no te quedes con esta sola opinión, por sesuda, meditada, estudiada y erudita que sea.  Veamos un ejemplo dado por uno de los pensadores contemporáneos más reconocidos y respetados de este país.

Sigo durmiendo en diagonal
sigo viviendo en diagonal

Todo el día – No te va a gustar

Desgarrador testimonio.  O no?  Me entendés, cuchi?  Claro que sí! Por algo estás acá, no sólo sos inteligente, sino que también demente.  Qué más explicaciones querés?  Así que, el tipo está devastado.  Es más, está desbastado!  Te digo más: MÁS!  Sí, así como suena!  Con tilde y todo.  No sólo duerme en diagonal.  El pobre infeliz bastardo vive en diagonal!  Tremendo como la vida misma.  Qué me vas a hablar del terremoto en fukuyima o la revolución en algún país lleno de jajaibabibibas?  Esto es lo dramático: vivir en diagonal.

Porque uno de los horrores máximos de dormir en diagonal, aparte de toda la carga emocional y psicológica que involucra, produce y recrudece, es la parte física.  No es tan difícil, nena, no es necesario poner esa cara.  A ver: si estuviera dividida por un par de ejes cartesianos, estarías ocupando dos cuadrantes simétricamente opuestos de la cama.  Como x=y.  No puedo explicártelo más gráficamente!  Bueno, graficalo, entonces! Ahí está. Me alegro de que sepas usar el Calc. Eh?  Cómo “y qué tiene dormir como una función x=y”?  En serio tengo que explicártelo?  Vo’, no puedo explicarte todo, todo el tiempo.  Pero bueno, escuchá:

Si vos dormís tal como la naturaleza y tus padres te construyeron y educaron para dormir, eso es, a lo largo de la cama y sobre uno de los lados, sólo destendés media cama.  El dormir en diagonal implica revolver TODA la ropa de cama.  Para el segundo día ya estás durmiendo en un nido de perros!  Claro que no!  Vos estás mal.  A quién se le ocurre tender la cama?  Nah… esas son meras anomalías estadísticas.  Basta de interrumpirme.  Como sea, volvamos al tema.  Si el despelote es por estar correteando a alguien, o correteándose con alguien, vaya y pase, pero que suceda por dormir en diagonal es espantoso. Es un quilombo! Un ultraje!

Si será así, que en otra estrofa memorable, este sabio, este poeta, este… Emiliano, canta:

Sigo durmiendo en diagonal
sigo muriendo

Cuánto dolor encerrado en esas parcas y escuetas palabras!  No puedo seguir hablando de ese aspecto.  Muy oscuro.  Mucha angustia.  Alta angustia.  Grosa.  La propia angustia.  No, dejame!  Dejá, linda… dejá, hacé el favor.  No.  No me toques, que me erizo.  Es que estoy sensible.  Ah, bueno… así sí.  No, casi, per… a… un cach…por ahí, un cachiiito más abajo… a ver… a…? ahí… opa?  OPA!  P-paaahhh…! IÁ-JAJÁY! Achalay, Tolola! Perá! Perá, loca, ‘perá, que nos vamos al carajo!  Qué te parió! Mirá que sos, eh?  Sí, un verdadero encanto.  Pero volvamos al tema…

Cómo era?  Concentrado…  Diagonal.

Tomemos otro ejemplo de las diagonales en la cultura popular:

Alegría y tristeza es lo mismo para mí
Que no me interesa sentir
Porque en el ángulo de la vida
Yo he decidido ser la bisectriz

Así soy yo – El Cuarteto de Nos

Cuánta crudeza!  Todo el peso de la transgresión y lo políticamente incorrecto!  Todo el mundo sabe, que dadas las condiciones adecuadas, toda bisectriz es una diagonal.  Ahora, esta diagonal en particular no es una desviación.  El tipo decidió esa vía, por inmoral que sea.

Pero con la cama no pasa lo mismo.  Uno no dice un día: Con este atto solene, declaro que a partir de hoy, dormiré en diagonal, qué caracho!  Oh, no, no es tan simple, mi pemonte saltaqueña.  Uno no lo decide.  Es más, es virtualmente imposible que una persona de bien, decente y tirando a normal, más allá de sus comprensibles y hasta ejemplarizantes perversiones sexuales, pueda cambiar a conciencia su forma de dormir.  Si venís durmiendo paralelo a los lados de tu cama, ni en pedo vas a poder dormirte en diagonal porque a vos se te cante.  No, ni por putas.  Eso es lo que da más miedo.  La incertidumbre.  Esas cosas simplemente suceden.  Un buen día te acostás lo más bien, en mi caso un buen día me acuesto lo más Pancho, y cuando te despertás, cuando me despierto… The Horror! The Horror! Porque quién no se ha acostado una noche y ha dedicado su último pensamiento consciente a hacerse la pregunta de si amanecerá derecho o en diagonal?  Quién no se ha despertado, en medio de la madrugada, o peor, en medio de la siesta(!), empapado en agrio sudor y agitado, ante la onírica visión de sí mismo atravezado en diagonal en su cama?  Eh?  Eh?

Ah… En serio?  Nadie?  Bueno, entonces, estén seguros que están durmiendo de cualquier manera y que lo de ustedes es un chijete.

Sépanlo.

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Una respuesta a “Per-tur-bado

  1. Terrible.

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