Ese buen instinto

Hacía días que venía pasando frente a la vidriera de mi librería sin mirarla mucho.  Apenas un pantallazo de refilón.  Las novedades no me decían nada, todo lo contrario.

Sin embargo, me llamaba.  Yo me resistía, porque no tenía ganas de gastar plata en algún capricho, pero la librería no dejaba de rondarme.  Insistente.  Compulsivamente.

Hoy fui.  Recién estaban abriendo y estaban todas las estanterías de las ofertas que van a la calle atravesadas en el pequeño salón.  Me pongo a curiosear en la mesa de saldos.  Mil revistas Sophia a 45 pesos cada una.  Mil revistas para hacer velas y tejer crochet.  Qué pérdida de tiempo, me dije y levanté la pila con un último resto de curiosidad por ver qué había debajo.

Y ahí los vi.  Medio entreverados con invaluables e imprescindibles obras literarias tales como “Cómo superar la adicción a la comida”, “Usted puede conseguir el trabajo que merece” y “Guías Médicas: La migraña y otras cefaleas”

Encontré El Lugar y La Ciudad, de Mario Levrero.  Faltaba París, el jamón del medio de la llamada “Trilogía involuntaria”, pero de todas formas me los llevé conmigo: dos diamantes entre una pila de mierda.  Y a 120 mangos cada uno!  Una ganga, vea!

Con razón me llamaba tanto la librería!

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