Puntos de toque

Hace mucho que no hablo de libros.  He estado bastante activo con la lectura en lo que va del año, pero no me dan muchas ganas de comentarlo y tampoco se me ocurre nada interesante para decir al respecto.   Y eso a pesar de que varias de estas lecturas dan para escribir largo y tendido.  O quizás porque ya otros han dicho lo que había para decir y lo demás es buscarle el pelo al huevo.

Pero en esta oportunidad me pasó algo curioso, porque dos libros totalmente distintos me generaron cosas muy parecidas.  Anoche terminé Mundo Anillo, de Larry Niven.  Apenas la semana anterior leí La Ciudad, de Levrero.

Curiosamente, ambas obras fueron publicadas en 1970 y ambas, creo, se mueven por terrenos similares.  El ambiente creado por Levrero es opresivo por momentos, casi claustrofóbico, aunque engañosamente pequeño, ya que se abren puertas que comunican a otras puertas, que comunican a… un lugar plagado de reglas que no se le revelan al protagonista, pero tampoco al lector.  El Mundo Anillo, por su parte, es de una escala increíblemente fabulosa.  Tan fabulosa como sólo un intento de crear una esfera de Dyson puede serlo, pero, curiosamente, también es un ambiente opresivo y claustrofóbico a pesar de sus dimensiones de cientos  de miles y millones de kilómetros.

Una se ambienta en un futuro donde la colonización de otros mundos es corriente, alcanzar y superar la velocidad de la luz es cuestión de gustos y en donde el fin de nuestra galaxia está a la vuelta de la esquina: apenas 20.000 años.  La otra transcurre en el reino de lo cotidiano, llena de los detalles que hacen el diario vivir, pero deformados hasta el punto de que hasta comprar un par de zapatos se convierte en algo ominoso con una fuerte dosis de angustia.

En las dos novelas se respira ese aire a encierro, a no saber qué pasa ni por qué pasa lo que pasa.  Los protagonistas nos contagian sus dudas e incertidumbres, teñidas de un halo casi permanente de surrealismo y miedo que hace de la necesidad de querer escapar, algo permanente.

Ambas novelas, también, me dejaron con un poco de gusto amargo, quizás por el desasosiego que impera en ellas, aunque globalmente son obras maravillosas, cada una a su manera.

Encontré, justo ahora, el libro de Levrero.  Es raro, porque lo busqué durante meses por media internet sin resultados, y ahora aparece en la tercera posición de Google, en Scribd.  Los 4 libros del Mundo Anillo los podés encontrar en Genio Maligno.

Si sos muy vago o vaga para ir a estos lugares, te dejo los dos para descarga directa en PDF dentro de un RAR.  El pass es Pompozo.

Que los disfrutes!  Y no te quedes hasta las 3 de la mañana leyendo, por más que sientas que no podés parar, que luego no hay quien te levante de la cama. 🙂

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