El fin del tabaquismo

Estoy leyendo El Segador, el decimoprimer fantástico libro del Mundodisco de Terry Pratchett.

En un momento, hablando de un mago que utiliza yescas para encender fuego, dice:

Ya casi nadie utilizaba los yesqueros. Todos preferían las grandes cerillas amarillentas y malolientes que fabricaban los alquimistas.  Windle [el mago] se oponía abiertamente a aquello.  El fuego era una cosa muy importante.  Uno no debería ser capaz de encenderlo con tanta facilidad, era una verdadera falta de respeto.

Y yo me pregunto, reflexiono, pondero: alguien sabe la incidencia del cáncer de pulmón entre, digamos, los mayas? O sea, es fácil adivinar por qué lo usaban solo para ceremonias religiosas!  Si tuviéramos que encender el fuego frotando dos palos entre sí, ni Mandrago el Maque hubiera fumado más de tres puchos por día, con el laburo que da!  Igaminátelo a Tom Hanks en su isla.  Ja!  Tres meses y una mano rajada para lograr una llamita!  Así deja de fumar cualquiera. No se precisan ni precios exorbitantes, ni impuestos feudales, ni legislaciones ridículas.  Basta decirle al fumador: OK, fume tranquilo, m’hijo… pero enciéndase su propio fuego.

Te imaginás en una oficina, que alguien diga, che, me cubrís un par de horitas que salgo a fumar un cigarrillo?

La Phillip Morris ya hubiera exclamado: Y Voy A La Ruina!

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2 Respuestas a “El fin del tabaquismo

  1. excelente homenaje al 42 de adamas el que tienes montado por aqui.

    xhaludos!

  2. Bienvenido, y gracias 🙂

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