Una noche buscando a Patricio

El fin de semana estuve en Montevideo.  El tiempo siempre es corto.  Pero en la noche, arrancamos con mi TWS para la Ciudad Vieja, a ver si podíamos ver a un tal San Patrick que cumplía años o algo así.  La idea era encontrarnos con otra gente con la que habíamos quedado.

Era pasada la media noche y el cumpleaños estaba a full!  Al cruzar la plaza Independencia ya se veía que el agite era abundante. Inmediatamente me sentí como en una canción de Los Redondos: específicamente el estribillo de “Tarea fina”.  Unas borregas de minifaldas más pequeñas que un sello postal… cualquiera.  Maravillosamente cualquiera.

Hacía muchísimo que no salía por Montevideo… que no salía. Para cuando llegamos a Bartolomé Mitre, la gente era abrumadoramente mucha. Ni idea que el Patrick tuviera tantos devotos! Todos en pedo, cantando el feliz cumpleaños y las odas al alcohol, el otro santo que se homenajeaba ese día. Cómo encontramos al resto?  Llamar por teléfono era inútil, porque el estruendo de cantos, gritos borrachos, conversaciones, risas y todo el sonido que pueden producir cientos y miles de personas apiñadas en una sola cuadra lo hacía imposible. Mientras el río humano (literalmente, con corrientes, remolinos y remansos) nos arrastraba, empecé a mandar mensajitos.  Me habían dicho que querían aterrizar en Shannon, así que para ahí fuimos, esquivando gente con gorros de duendes, evitando que personas con varitas luminosas verdes nos sacaran los ojos, que entes cargados de vasos de cerveza les dieran de beber a nuestras remeras. Iba feliz, casi dejándome acunar por las masas, porque de todas las puertas salían rocanroles. The Clash, los Rolling. Hasta a Emerson escuché. Y para mí me decía: Joya, San Patrick!

Y la gente!  Todos en pedo!  Pero no detecté un solo problema.  Ni una sola mala onda, un mal modo o un tono agresivo.  Un real fiesta.  El santo no se veía, pero probablemente estaba velando por la beodez mundial que allí se congregaba.

Cuando finalmente llegamos a la puerta del boliche, la entrada era imposible. Dos patovas dosificaban la puerta. Si no sale nadie, no entra nadie. Ta. Sigo mandando mensajes, pensando que las chicas estaban en Shannon y haciendo cola con Hermana como unos boludos. Apretujados, manoseados, empujados por la humanidad imponente e imparable. En un momento me pongo a observar, fascinado, tamaña aglomeración. Generalmente soy reacio a las multitudes.  Me fastidian.  Me hinchan las pelotas.  Me siento fuera de mi elemento.  Descontextualizado.   Pero anoche, por motivos más allá de mi comprensión, me parecía que si había un lugar en el que era justo y correcto que estuviera, era precisamente ese.  Medio violado, medio violentado, como dijo un amigo, entre risas.  Frente a mí había una rubiecita tomando una cerveza. Linda. Con sonrisa macanuda. Un chabón con una chica a caballito pasa entre nosotros y es detenido por el gentío. A ella se le había subida la remera y se le había bajado el jean, dejando al descubierto una tanga.  De algodón.  Blanca con estrellitas rojas.  La rubia me mira.  La miro.  La rubia mira la botella. A la tanga. A mí. Yo miro la tanga. La botella. A ella. Cabeceo de manera casi involuntaria.  A la rubia se le ilumina la cara con una sonrisa grandota y con un discreto, pero preciso movimiento le echa un chorro de cerveza justo ahí.  Supongo que cuando San Patrick paró de reírse, la perdonó enseguida. La chica a caballo empezó a gritar y a talonear a su montura como quien clava las espuelas en una doma de la Patria Gaucha. Muy gracioso.

Finalmente nos encontramos con el resto de la gente en Viejo Mitre… del otro lado de la calle. Qué laburo moverse, por Gordjazz! Dentro, oh, sorpresa, había más gente, pachangueando desde hacía rato. Y más sorpresa todavía: ni rastro de música! Quién corno me robó los rocanroles?  Hijos de puta!

Sonaban unos reguetones y unas marchas infectas con 15 años en el lomo y creo que hasta algún tema de Isabel Pantoja habían remixado. Terrible! Increíble.

Patricio no se asomó a Viejo Mitre, esa noche. Estoy seguro de eso!  Y eso que en el cartel decía, claramente, IRISH PUB. Todo una mentira, obvio! No tenían cerveza negra… no tenían cerveza! Por el amor del MEV, te juro que sólo había Pilsen Sonic, un invento abominable cuyo creador debería estar preso de por vida. Pero la banda, nosotros, estaba a full! Ah, hubieras visto! Hasta quien suscribe bailoteó.  Por eso de que ya que estás en el baile hay que bailar y tal. Muy divertido, la verdad.  Sobre todo cuando alguien dijo: che, nos vamos?

Afuera seguían los festejos.  Efluvios de wisky se mezclaban con vaharadas de mariguana.  Pasaron 7 u 8 chicas de antifaz y al grito “Mirá el pelado”, me acariciaron la idem por turno… Sí, tocalo tranquila al pelado, que da suerte, bombón! Parece una exageración, pero llegado a cierto nivel etílico, siempre hay alguna que no puede resistirlo.  Los especialistas conductuales deberían estudiar ese comportamiento tan peculiar.  El día que pueda encontrar una explicación para ese fenómeno, seguramente estaré a medio camino de encontrar la pregunta última sobre el sentido de la Vida, el Universo y Todo Lo Demás.

Imposible pensar entrar en otro lado.  Intentamos con La Guagua, pero no daba. Las ganas estaban. Pero el ambiente era irrespirable, hedía como una cloaca… y estaban pasando Lambada.  Lambada!  El olor y la música se complementaban muy bien; Lambada siempre me pareció una mierda, incluso cuando fue estreno.  Saludamos una vez más a San Patrick con una cerveza en la mano, en la calle, y más o menos con pesar, damos por terminada la noche.

Creo que fue lo mejor.  Ya había calentado el pico y la sangre.  La tragedia siempre está a medio paso de distancia en esas condiciones.  Retirarse no con mucha gloria, pero sin nada de pena no está mal.  Positivo el balance.  Me lo confirmó el Patricio, a la mañana siguiente, cuando constaté que apenas tenía una levísima resaca, muchos buenos recuerdos y ninguno de qué arrepentirme.

Update: Íbamos en fila india rumbo a Sarandí y el gentío empezaba a disminuir.  Con Hermana cerrábamos la marcha, cuando en una, un flaco le dice al pasar: Ola!  Noj casamoh’ agá o en Irlanda?  Por reflejo y sin apenas mirar para el costado, Hermana responde con un estentóreo y glacial: En Irlanda!  El tipo, contrito, retruca: Pero che, es que TODAS quieren ir a Irlanda?

Evidentemente, un fallo en la semiótica y una estructuración lógica extremadamente endeble, que puede traducirse como pretender tomar sopa con un tenedor, o quizás arrinconar dos ovejas en un corral circular: una estupidez.

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7 Respuestas a “Una noche buscando a Patricio

  1. Pri!
    🙂

  2. Eduardo el pri no era acá jaja.

    Me dio una gran, profunda envidia por no haber podido quedarme hasta las altas horas de la madrugada con todos ustedes.
    Y mucha alegría de ver que se divirtieron como chanchos.

    Si hay algún otro festejo en mente después del Patricio por favor avisen!!

    (viste Pancho que aprendí? Botón derecho… Y eso por ser vos, porque nunca salgo del g reader para comentarle nada a nadie! Si ya sé: mal yo.)

  3. Bien, Pemontes Saltaqueña!
    Estaría buenísimo que pudieras quedarte en Mdeo la próxima 🙂

  4. Sí, todo muy bonito. Pero yo…
    Me caso en IRRRRRlanda!

  5. Me da que te estás haciendo mayor 😉

    • Sé indulgente con este pequeño demente, oh MEV, pues no sabe lo que dice. Confunde prudencia con vejez, sabiduría con senectud y seguramente desconoce eso de que una mano quemada es el mejor maestro.

      En otro orden de cosas: probablemente tengas razón y esté acercándome a pasos agigantados al arpa mientras me alejo a toda velocidad de la corneta 😀

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