La guerra de las salamandras, por Karel Capek

El capitán de un barco mercante desembarca en una remota isla del Pacífico y da con seres increíbles: una nueva especie. Parecen salamandras, pero son más grandes, casi del tamaño de niños humanos, y tienen inteligencia y pueden hablar. Y si uno les da herramientas o armas de metal para matar a los tiburones que las diezman, pagan con perlas. Hermosas, iridiscentes, perfectas, lechosas, perlas.

La imaginación se desboca. Por qué no llevar algunas salamandras-colonas a otras islas y que cultiven ellas las perlas, ta escasas y caras y difíciles de obtener? Poco precio es pagar con un par de cuchillos y unos picos para que ensanchen sus cuevas submarinas.

La acción se desborda, previsiblemente. Alguien más da con ellas. Todos quieren perlas y al final las perlas valen lo mismo que una bolita de vidrio: nada. Son estudiadas, diseccionadas, arrancadas de sus lugares de origen y llevadas a circos y acuarios. La novedad pasa. Nadie se interesa por las salamandras… hasta que alguien propone venderlas como mano de obra barata, de rápida multiplicación. La acción, previsiblemente, vuelve a desbordarse. Los países marítimos las compran por decenas de miles, por millones, para sus obras submarinas.  Mano de obra esclava.  Sumisa.  Las salamandras no hacen reivindicaciones, no protestan, no piden nada más que un poco de comida, con especial predilección por las manzanas.  Luego las arma y forma ejércitos y las hacen construir fortificaciones. Les dan explosivos y torpedos y granadas y más herramientas.

La sociedad se divide. Nadie queda indiferente, salvo, quizás, en Suiza que no tiene costas, y en Bolivia. Se alzan voces que llaman a la prudencia. Las salamandras son decenas de miles de millones. Y si una de ellas se rebelara? No estaría la Humanidad en peligro? Pero son silenciadas. Son simplemente voces que intentan detener el progreso; los reaccionarios de siempre.  Las salamandras ni siquiera deben tener alma, es inconcebible que pretendan rebelarse.

La naturaleza no sabe nada. El hombre es mucho más diligente y práctico para lidiar con las especies.

El libro destila ironía. Hay decenas de críticas y sátiras que se meten directamente con nuestra arrogancia y ambición, que hacen que por momentos, su lectura sea una delicia.  También se pinta un retrato, en clave burlesca, de los dogmas y sucesos que modelaron una época clave en nuestra Historia.  Escrita en 1936, hace referencia a la difícil situación política de lo que en ese entonces era Checoslovaquia.  En puja y equilibrio entre la Alemania que iba nazificándose y la rusia de Stalin.  Habla, por ejemplo, de las más grandes y claras salamandras que habitan en las costas de Alemania, y cómo este país piensa de ellas como salamandras de raza superior.  Se mete también con las potencias coloniales y su doble discurso relativo a la esclavitud.  Es, desde ese punto de vista, un libro incisivo.  Ataca el nacionalismo sin medida, la carrera armamentista y las capacidades de sobrevivencia de un mundo en el que cada cual trata de sacarle ventajas al otro.  El desenlace es brutalmente lógico. Triste y a la vez fascinante.

No hay un personaje protagónico, sino que la voz narradora habla y cuenta la historia como basándose en recortes de periódicos coleccionados por un portero.  El portero, el Sr. Povondra, dejó entrar al capitán van Toch, descubridor de las salamandras, para que hablara con Mr. Bondy, un empresario que las convertiría, eventualmente, en una industria.

Te reís, te frustrás, te enfurecés con las personas y su estupidez, pero seguís leyendo. Todo va escalando, y leés y te entusiasmás, porque te parece que ya sabés por dónde van los tiros, y tenés ganas de descubrir el desenlace, que seguramente será imponente y apoteótico…

Pero ves que las páginas que quedan son cada vez menos y la trama se enmaraña cada vez más, se profundiza y parece no haber salida. Y no podés dejar de pensar en Tolkien, escribiéndole a su hijo para contarle que ha metido a sus protagonistas en un lío tan tremendo, que no sabe cómo carajos sacarlos de ese berenjenal.

Y en el punto culminante, cuando las naciones se han boicoteado a sí mismas de forma absurda y las salamandras parecen que van a salirse con la suya, ya que hasta a Praga han llegado (es culminante porque el autor es checo y, obviamente Praga es el centro del mundo para él), el enfermo de Capek se cansa.  El maldito desgraciado bastardo pone punto final.  El hijo de puta se aburre de su historia y la corta al ras. Te mete un monólogo, una charla consigo mismo, en donde explora qué puede pasar y cómo y te termina el libro en 4 putas páginas, como si fuera el proyectorista del cine que te explica cómo termina la peli luego de que se le enredan los reeles con la cinta.

Y así, damas y caballeros, los dos malos se matan entre ellos, y el sufrido muchachito sale del agujero donde estaba escondido y se va en busca de la muchachita, con la que se queda luego de hacerle creer que ha salvado el día con honor y gallardía. Pagará cara esa mentira, ya que la muchachita es linda, pero en secreto es una perra que le sacará hasta el último peso. Y colorín colorado…

No podés.

Un clásico de la ciencia ficción, aunque rematado de golpe y porrazo.  Porque si el chabón nos hubiera ahorrado ese monólogo, el libro habría estado perfecto, brillante.  Una lástima.

Como sea, te lo dejo, porque es un imperdible:

http://www.mediafire.com/file/2ib87hmgwxo3eoc/KC_-_LGdlS.rar

La seña es Pompozo

Anuncios

3 Respuestas a “La guerra de las salamandras, por Karel Capek

  1. que interesante lo de la carta de Tolkien a su hijo…

  2. Pingback: Cartas, de J.R.R. Tolkien | 42

  3. Pingback: Lecturas de 2012 | 42

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s