Ómbligus

No soy un tipo comprometido.  No soy activista.  No sigo ninguna causa.  No abogo por nadie ni enarbolo banderas.  Me llaman la atención los fanatismos, del tipo que sean: algo no está bien con los fanáticos, que los hace incapaces de matizar, que los acerca peligrosamente a lo blanco o lo negro.  Seré egoísta, indiferente, conformista, cobarde o cínico.  Pero por un motivo u otro, no soy de grandes idealismos.  Antes, quizás sí, o casi sí.

Sí soy un tipo que le ha dedicado un poco de pensamiento a algunas cuestiones.  Un poco.

Por ejemplo, el tema del aborto.  Desde este lunes que pasó, en Uruguay, los centros de salud tienen la obligación de practicar abortos a quienes lo soliciten, dentro de las 12 semanas de gestación.

Un diputado del Partido Nacional, Pablo Abdala, es uno de los principales impulsores de la iniciativa de juntar firmas para un referendum, a fin de derogar la ley.

Soy contrario al aborto.  Por muchas razones.  Pero no me parece bien que alguien, sea Iglesia o Gobierno o quien venga siendo, intente controlar, someter, o disponer, del cuerpo de una mujer.  No me parece bien que un diputado, ni ninguna agrupación, pretendan imponerle a una mujer qué hacer con su embarazo ni con su cuerpo.

Sin embargo, creo que no debería ser fácil.  Con esto no quiero decir que se le de largas al asunto, ni marear la perdiz o sumergirla en burocracia.  A lo que voy es que, según las notas de prensa que he visto, no hay un énfasis especial en lograr que esa mujer cambie de idea, que se le brinden alternativas, que se la aconseje, que se la contenga y que trate de buscársele una solución que no implique llegar al aborto.  No debería ser un proceso sencillo, porque si lo fuera, sería una salida fácil, como sacar la basura, o deshacerse de algo que es molesto.


Tampoco soy un tipo político.  Antes sí, “Colorado de los de toda la vida”; incluso milité un poco.  Soy de los que votaron al Jorge, cuando nos “cantaba la justa”.  También pienso que el tipo no era tan inútil, sino que tuvo muy, muy mala suerte… además de ser un poco inútil.  Y me desencanté.  Los políticos me han defraudado sistemáticamente, con sus idas y venidas, sus afirmaciones categóricas hoy y sus propias negaciones 15 días más tarde, sus grandes ideas e ideales que si no sirven se cambian por otras más a medida del lobby o grupo de presión de turno.

No, no soy del tipo político.  Incluso me rehúso a emitir un voto válido desde hace dos elecciones.  Es un error, claro está, porque nuestra vida, lo queramos o no, está regida por la política; pero ya lo dije antes: la política me parece sucia y una de las actividades más innobles a que puede dedicarse una persona.  Si no hay un candidato con el que pueda identificarme, si no hay una idea o un plan de gobierno que pueda seducirme mínimamente, o que aunque sea que tenga una apariencia de realismo, no voy a votar al “menos malo”.

A qué viene todo esto?  A que dentro de poco van a empezar a joder de nuevo con las elecciones.  Y a que vuelve a cobrar fuerza la campaña para el voto consular.

Hay ambivalencia en mis ideas al respecto.  Por un lado, creo que muchos de los que se fueron, por algo lo hicieron.  Sobre todo la última gran oleada de emigrantes, lo hizo obligada por unas circunstancias más que difíciles.  Económica y socialmente, era gente que estaba en una situación muy precaria y no quedó otra que arrancar para subsistir, o arrancar para que una situación crítica no se tornara desesperada.  Así que sí, creo que tienen derecho a votar, con la idea de que si sale vencedor su candidato, éste podrá mejorar las cosas hasta el punto de que un retorno no sólo sería posible, sino también deseable.  El país gana… ría.

Por otro lado, hay mucha gente afuera, ya establecida, incluso con familias y vidas integralmente formadas en el exterior, que no tienen intención de volver, sea quien sea que esté gobernando y sea como sea la situación en que esté el país… pero que igual quieren votar.  En esos casos, no me parece… cuál es la palabra?  Correcto?  Adecuado?  Debería haber una palabra para definirlo.  No voy a decir que no tienen derecho a votar, ya que siguen siendo uruguayos, pero hay algo que me causa un profundo rechazo, que no se siente bien, cuando pienso en que hay gente que está influyendo en los destinos del país, o quiere hacerlo, pero sin estar sujeta a los avatares del mismo; que quieren el derecho a votar desde el exterior, pero no están dispuestos a pechar con las consecuencias que de ello se derive.  Lo mismo aplica, a mis ojos, para los que vienen, votan y se van, tan contentos, orondos y satisfechos de sí mismos.

Resumiendo:  Si querés votar, tenés que estar acá, como el resto de nosotros.  Si querés cambiar algo, no hagas el mínimo esfuerzo cada 5 años.  Vení y laburá con el resto de nosotros todos los días.  O te la bancás, o no te la bancás, pero no rompas las pelotas.


No soy un tipo especialmente sensible, creo yo.   No soy dado a la diplomacia, ni a la sutileza, en general.  Soy bastante cínico, calculo, y tengo una marcada tendencia a pensar mal (por eso del “piensa mal y acertarás”).  También suelo tomarme de manera humorística (que no quiere decir que sea gracioso) algunos de los mayores sinsentidos, así como situaciones donde una persona normal sólo vería tragedia y tristeza.  Supongo que soy un enfermo en ese sentido.

Por ejemplo, mirá la foto de abajo.

Diarios

Está bien, sé que no es una foto muy buena, pero al efecto, lo que se ve es suficiente: titulares por un lado, propaganda por el otro.  A la izquierda, un artículo sobre cómo los aumentos de sueldo que están negociando diversos sectores, no van a pasar de un 2.5% real, descontada inflación y desaceleración del crecimiento, junto con un pequeño destacado donde se dice que una empresa mandó a seguro de paro a un lote de trabajadores.  Eso los convierte en el target ideal para la propaganda que está a la derecha (lindo juego de palabras, oiga!): con ese precioso 2.5% de aumento en tu sueldo, seguro que vas a tener unas ganas locas de desembolsar 100 lucas para comprarte un BMW flamante!  No tengas miedo y cambiá el auto, no seas maricón!  El más barato está a 56000 de a dólar, qué menos querés?

Lo que me queda claro, es que los que maquetan el diario El País son grandes hijos de pu muy mala gente.

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3 Respuestas a “Ómbligus

  1. Te leo desde España y descubro que tu planteamiento sobre votar o no votar es muy parecido al que últimamente se oye por aquí.
    Por aquí no me canso de decir que vale, los políticos no nos representan, pero SÍ nos representan sus votantes.
    Si uno no vota porque no le gusta la oferta, resulta que habrá muchos otros que cuando sí voten, te estarán representando a tí. Y tristemente, la mayoría de gente que vota a la derecha son personas sin demasiada cultura política: abuelos con pensión mínima, obreros con sueldo base, gente sin recursos, etc. Personas con no demasiada cultura que se tragan lo primero que oyen en los medios y lo repiten hasta creérselo.
    Y tanto se lo creen que votan SIEMPRE.
    La izquierda en cambio, cuando está descontenta, no vota, y así gana la derecha.

    La conclusión que yo saco de todo esto es que los de izquierdas somos unos ANSIOSOS, queremos resultados YA. Soñamos con un partido salvador que aniquile de un plumazo a todos los sinvergüenzas del planeta y vivamos en paz.
    Lo cual es muy triste pues mucho me temo que eso no existe. Los cuentos de hadas son eso: cuentos.
    Está demostrado que el poder corrompe, y que ante una buena tentación (no siempre casual), el más pintado acaba cediendo. ¿No cederíamos nosotros mismos? Quizá algunos no, pero yo no apostaría mi brazo por todos.
    Pienso que el poder de nuestro voto es dictar la agenda, moldear la actualidad, exigir debates importantes en el congreso(parlamento, etc). Si un partido propone derechos sociales, debemos apoyarlo. Si gana las elecciones pero al final no cumple todo lo prometido, por lo menos la ideología en sí misma habrá recibido su apoyo de los votantes. Si nadie vota, es como que a nadie le importan esos derechos.
    Obama, sin ser santo de mi devoción, puso en boca de medio mundo el asunto de la sanidad pública en EEUU. ¿Hizo eso Bush?
    Si gana la derecha, ni siquiera se habla de ello. Es más, se empeñan MUCHO en que así sea: compran medios, calumnian, etc.
    Pienso que apoyar a los partidos menos malos(como tú los llamas), sí es útil. Y algo de su programa, aunque sea poco, deberán cumplir. Y aquello que no cumplan debemos exigírselo con nuestro voto al partido que venga.
    Si no cumplen y por ello dejamos de votar, estaremos destrozando moralmente al partido que quizá sí esté dispuesto a cumplir.
    Imagínate un país donde absolutamente TODOS los votantes del pueblo llano dieran su apoyo a los partidos que hablaran de derechos sociales: saldrían partidos y nuevos derechos de debajo de las piedras! Aunque fuera por ganar y poder chupar del bote durante 4 años!
    Pienso que la política de un país debe ‘educarse’ poco a poco, sin exigir resultados inmediatos. Dirigirla pacientemente como si fuera un hijo al que hay que educar y encaminar.
    Ahora podemos votar, pero si siguen ganando los PEORES gobernantes por culpa de nuestra inacción, puede que algún nefasto día ya no podamos. Ese día serán ellos los que dictarán, nunca mejor dicho, la agenda.

    Perdona la extensión, pero no he podido callarme, y menos viendo la buena difusión que tiene tu blog, por la cual te felicito.

    Un saludo.

  2. Derecha, izquierda… qué más da? Acá he visto todos los colores e ideologías en el gobierno y siempre es más o menos lo mismo.
    A lo que voy es: no deberíamos conformarnos con el menos peor. Si les diéramos un buen susto en las urnas, varios pondrían las barbas en remojo, quizás. Pero así, confiando en que hasta por las dudas van a votarlos, a ninguno le importa nada.

    A lo mejor es que me encantaría ver, para variar, no un simple presidente, si no un Estadista que pueda elevarse y elevarnos de la eterna y viciosa rivalidad entre partidos, que deje de revolver en las miasmas del pasado y vea hacia adelante.

    Esto, que pienso debería ser la aspiración de todos, resulta ser la más delirante de las utopías.

    • Yo me deprimo cuando veo a un bebé quitarle el juguete a otro para luego dejarlo tirado.
      Parece que llevamos la ambición y la envidia impregnados en los genes.
      Por eso me cuesta creer que pueda existir un sistema mejor que el democrático para elegir gobierno. Pero claro, democracia significa votar, y votar significa que el pueblo sea mínimamente responsable, es decir: enterarse de cual es la oferta de los partidos, saber leer entre líneas, informarse, estar al día con las noticias…
      Eso cuesta un esfuerzo, mucho esfuerzo, pues hay mucha mentira. Y los que más mienten son precisamente los que más van en contra nuestra, del pueblo. Necesitan mentir y calumniar al contrincante para que la gente los acepte.
      ¿Cómo se lo montan los políticos que creen que defender a las empresas y permitírselo todo es lo que ayuda a levantar un país? ¡Tiene que mentir por fuerza! Pues la mayoría de votantes somos trabajadores, no empresarios.
      Me temo que no hay más remedio que ese: ser responsables con nuestra democracia. Elegir bien y castigar duramente a los que lo hagan mal. Pero castigar votando a otros, no pasando de votar, pues así ganan siempre los de las mentiras.

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