Oscuridad y Luz

El domingo salimos a caminar con Alice.  Habíamos almorzado deliciosamente, luego de habernos levantado deliciosamente tarde, y queríamos aprovechar la deliciosa tarde otoñal de la manera más deliciosa posible.  Estábamos así ese día, deliciosamente pelotudos… pero felices.

Nos encaminamos pues, hacia el parque Rodó y casi sin querer llegamos hasta la entrada del Museo Nacional de Artes Visuales.  En la planta baja, una muestra de Rafael Barradas. No conocía la obra del chabón, así que entramos.

Hay artistas a los que no entiendo y que no solo no me aportan nada, sino que tampoco me mueven un pelo.  Por citar dos ejemplos: Joaquín Torres García y Pedro Figari.

Lo de Barradas es peor, porque en su caso, lo que no me deja indiferente, me produce una gran tristeza.  Sé que tiene muchos cuadros de colores vibrantes, pero en la expo del MNAV, la mayoría es de paletas apagadas, muchos de ellos con grises coloreados.  Eso, sumado a personajes angulosos, de ceños fruncidos, de expresiones casi furiosas en ocasiones, me alejan de sus pinturas y me impulsan a pasar de largo.  Pero hay trabajos que me golpean emocionalmente y me dejan caviloso.

Molinero Aragonés

Molinero Aragonés

Lo que más inquietud me provoca, es que en muchos de sus trabajos los personajes están sin ojos o sin bocas, o con los ojos vaciados.

La Familia

La Familia

Me resulta intensamente perturbador. Qué ocultan las miradas vacías? De qué realidad se escapan? Qué es lo que no dicen esas bocas faltantes? De qué se avergüenzan? Qué culpas cargan esas caras sin facciones? Qué tan feo es lo que han visto que no pueden hablar de ello?  Y esas manos gigantes?  Expresan, al decir de Barradas la dureza de la vida y el trabajo, o indican un atisbo de furia latente?  Que frustraciones incuban los personajes de su serie Los Magníficos? Y así podría seguir, abismándome en una espiral de especulaciones cada vez más oscuras.

En realidad, lo que más me gustó de la exposición de Barradas, fue el maravilloso óleo de Blanes, Un Episodio de la Fiebre Amarilla en Buenos Aires, una obra que me conmueve profundamente a la vez que nunca deja de maravillarme por los detalles.

En la planta alta seguía la muestra de Barradas, pero compartía el espacio con otro pintor uruguayo, para mí desconocido, llamado Clarel Neme.  Después de la sofocante atmósfera anterior, Neme fue como recibir, no un soplo de aire fresco, sino como encontrar el aire justo cuando te estás ahogando.  La muestra se llamaba (afortunadamente para nosotros y desafortunadamente para vos, ya que el domingo fue el último día): Una poesía sarcástica en la pintura. Las gordas de Neme, en particular, y el caudal de personajes que despliega en general, son bellísimos.  Mezcla de humor agudísimo que conjuga de maravillas la obra con su título, sarcasmo, y crítica social, no dejan de sorprender.  La expresividad cautiva, y para el lego es asombroso ver cómo con un par de simples trazos transforma el rostro de una mujer en el de una muñeca.  Pero incluso las muñecas transmiten una humanidad invencible.  La temática es variada y tan amplia como la experiencia humana.  Sus hermosas gordas felices y sin complejos, las muñecas que vuelan (cuando nadie las ve), la gorda sentada en el parque y cuyas piernas cerradas forman un corazón perfecto, pequeñas violinistas cuya compleja expresividad sólo puede apreciarse de lejos, tristes ángeles, suspicaces reinas, prolíficos polígamos, un casamiento que parece obligado, reyes con invisibles vestidos y banquetes que rozan lo grotesco se dan la mano sin desentonar.

En el país de las ciegas

En el país de las ciegas

Angeles

Angelitos con paraguas

Gorda

“Todo empezó una mañana de 1960, en que vio a una vecina gorda sentada en el banco de la Plaza Varela. Las dos piernas juntas formaban un corazón perfecto, se enternece. Tan perfecta era la imagen que no tuve más remedio que correr a casa para pintarla. Y la pinté. Todavía tengo el cartón guardado. La gorda bautismal nunca se enteró de su condición de musa (…) lo cierto es que para Neme fue un estocazo, un certero estocazo que provocó la salida de gordas por todos lados; apenas tomaba el pincel era una papada, o un vientre luminoso, o los dedos regordetes que venían solos, y entonces, casi sin darme cuenta, mientras mi casa se llenaba de gordas, descubrí que había encontrado un camino nuevo.

Ramón Mérica, entrevista con Clarel Neme, 1970

Qué placer haber descubierto y bebido al chabón de la manera en que lo hicimos!

Lamentablemente, no hay mucha información en la web sobre este pintor fantástico, pero sí hay una biografía, escrita por Campodónico, que según estas páginas de muestra, tiene que ser fantástica.

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