There’s no place like home

Hace tiempo que no escribo.  No siento la necesidad de escribir, ni de crear, en general.  De todos modos tengo una carencia casi absoluta de ideas.  Sólo siento la urgencia de completar la casa.

La plata es una porquería… cuando no se tiene.

Lo peor de no tener casa y estar viviendo de prestado, dejando de lado los roces de convivencia de gentes con hábitos distintos, es la falta de la cocina propia.  Creo que eso, de manera inexplicable, es lo que más me cuesta asimilar.  El hecho de tener que revolver entre cuatro o cinco cajas diferentes simplemente para encontrar un par de condimentos a la hora de cocinar, es apenas comparable a tener a La Capataza, mejor conocida como Madre, encima del hombro viendo qué, cómo y dónde ensucio o salpico.  Eso sumado a las recomendaciones sobre el cuidado de sus ollas y sartenes, hacen de la añoranza por mi propia cocina una fuerza irresistible.  Es casi como sufrir de síndrome de abstinencia.

Con un poco de suerte y gracias a los buenos oficios de familia y amor, la obra seguirá la semana que viene, si el MEV quiere, ya sin interrupciones hasta el final… momento para el cual espero contar con la puta plata del préstamo.

Podés creer?  Los perros me piden escrituras y planos de las propiedades en garantía de 30 años para atrás!  TREINTA AÑOS!  Hijos de puta!  El motivo? Según la Ley, ese es el plazo durante el que dueños y propietarios anteriores pueden presentar embargos, por lo que las financieras se aseguran de tener sus garantías bien agarradas de las pelotas.  Eso aunque en cada transacción realizada hayan intervenido los escribanos de rigor, con sus comprobaciones y certificaciones de rigor.  Una estupidez.  Seis meses hace que vengo juntando papeles.  Los obreros todos prontos, la casa a medio armar y yo rampando como un pobre imbécil por unos documentos de mierda que al final ni siquiera serán necesarios.  Mal rayo los parta!

Y eso que pedí tres mangos!  Claro, como uno es un pobre pascual, rompen los huevos por el Campeonato Mundial.  Si fuera a pedir 30 millones de dólares que no pensara devolver, seguro que no me piden nada y encima me dicen que vaya tranquilo y se los pague cuando pueda.

Me hacen calentar, putos!  Yo quiero cocinar en mi cocina, hijos de la gran chingada!  Larguen la tarasca!

Para terminar, unos cortitos sobre feos:

  • Era tan pero tan feo, que de niño su padre amenazaba al Cuco con el nene
  • Era tan pero tan feo, que hacía llorar a las cebollas
  • Era tan pero tan feo, que su mujer iba con él al trabajo con tal de no darle un beso de despedida
  • Era tan pero tan feo, que en el zoológico los monos le tiraban galletitas
  • Era tan pero tan feo que al mirarse en el espejo, su reflejo le daba vuelta la cara.
  • Era tan pero tan feo que un día tiró un bumerang y nunca volvió

Ya.

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