Carta abierta a HBO

De mi mayor consideración.

Soy un tipo chapado a la antigua, lo sé. Hay cosas que para mí deberían ser inmutables y que como tales, considero sacrosantas. Ustedes me ayudaban a mantener esa fe.

Cuando Space, TCM y TheFilmZone comenzaron desde el inicio a transmitir en español, no me preocupé, porque ustedes velaban por mí.

Cuando FOX, Fx, y TNT comenzaron a intercalar algunos contenidos doblados, la inquietud envió sus primeras señales, pero seguía confiado, porque ustedes velaban por mí.

Cuando AXN y CineMax también adoptaron esa práctica, a la vez que las demás cadenas aumentaban la cantidad de programación doblada, el miedo me invadió, pero mi fe no flaqueó, porque ustedes eran mi roca, contra la que se estrellaban sin remedio las despreciables olas de la iniquidad.

Debí saberlo, tonto de mí, iluso, que hasta la roca más dura puede ser erosionada y convertida en polvo.

Vi con sorpresa y repentina furia prontamente devenida en decepción, que han sucumbido ustedes a los infames doblajes. Ustedes, sí, antaño adalides y últimos baluartes de los subtítulos. Ustedes, alabados y altamente estimados senescales encargados de perpetuar el honorable legado del idioma y actuación originales. Ustedes… han fallado. Se han cubierto de oprobio y deshonra. Han claudicado frente a las presiones de la ignorancia, la incultura y la comodidad desmedida e innecesaria.

Han abierto un abismo, artificial pero insondable, en el que al fondo resuenan, como dolientes gemidos de almas en pena, los ecos de las queridas voces de los más emblemáticos actores y actrices. Un abismo lleno de ecos perdidos, que cruzamos sobre el enclenque e insustancial puentecillo formado por esas ignotas voces latinas de acento neutro que no llegan a tocarnos, que no alcanzan a conmover ni a la más paupérrima de nuestras fibras sensibles; unas voces que ni siquiera llegan a emular, aún en la más torpe de las formas, en tono, timbre, o pasión, a aquellas que originalmente daban vida y emoción a los diversos personajes.

Shame on you!

A ustedes, sin embargo, debo agradecerles, ya que eran la última excusa para conservar mi suscripción al cable; con ese dinero puedo ahora pagar mi conexión de fibra óptica y disfrutar de todos los contenidos, que ustedes han bastardeado sin pudor, desde Cuevana (en sus dos sabores) y tantos otros servicios, y pastar en las verdes praderas del P2P a velocidades antes apenas intuidas. Todo eso a la espera, claro está, de algún servicio de pago análogo al desprestigiado y tristemente desvalijado Netflix, al que hoy por hoy da pena entrar, luego de ser despojado de esos 1800 títulos.

Incluso sobra un poco de dinero que será felizmente destinado a expandir de forma perfectamente legal y proba mi biblioteca digital, alejándome así de la fatídica caja boba que nubla nuestro juicio y tan perniciosa resulta a la larga para nuestro entendimiento.

A modo de epítome o sumario de lo anterior, expreso mi más profundo disgusto ante el lamentable curso que está tomando vuestra programación en particular y la televisión en general, con una pequeña perla de sabiduría expresada con total propiedad por el filósofo argentino contemporáneo Gustavo Cordera:

Váyanse todos a la concha de su madre!

Atentamente y agradecido por su amable atención los saluda cordialmente,

Pancho.

P.D.: Curses on you, infidel! Repent!  The end is near!

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