Reconectando

ejemmm…

ta’… cómo era?

Ah! Ya.  Hola, no?

Bueno, más allá de algún par de entradas programadas y algún flash, he estado un poco alejado de todo este invento llamado la Internet.

Problemas laborales, habitacionales, legales, financieros, técnicos y de conectividad me han tenido a los saltos este último par de meses y todavía falta un rato para terminar de solucionar tanto quilombo que ha surgido en banda.

Al menos vuelvo a tener Internet.  Parece mentira lo dependientes que nos hemos vuelto de esta mierda.  El ocio, el trabajo y las relaciones personales casi no pueden disociarse de esta porquería.  Cómo carajos hacíamos antes de 1995, me pregunto yo, que apenas existían teléfonos celulares.

En fin, he tenido la oportunidad de cocinar rico, ponerme a tiro con varias lecturas atrasadas, estrenar mi primera casa propia, de tener a mi novia en mi primera casa propia, y a los amigos y familiares.  He lidiado con cobradores, mudanzas, abogados, perros vagabundos y torrentes de agua que se colaban por debajo de la maldita puerta.  También compré mi primer traje y bailé el vals con la hermosa de mi ahijada que cumplió 15 años.  Un gran amigo me pidió que revisara (y corrigiera, nada menos!) uno de sus manuscritos, cosa que me honra, a la vez que habla a las claras de su incipiente problema de drogas. Me he cagado de risa, he llorado de rabia, me han estafado y he dejado mudos de indignación y vergüenza ajena a algunas personas con nada más que la verdad y sin ninguna palabrota.  Estrené mi cocina.  O sea, mi casa, diminuta, es básicamente una cocina con cama adentro, lo que me llena de dicha, porque las personas deberíamos aprender a no atiborrarnos de cosas… aunque la falta de espacio se siente, ya que hay que elegir muy bien qué se mete en la casa y, sobre todo, dónde.  Mis árboles, treinta y dos de momento, estallan de vida en este comienzo de primavera.  Las últimas copiosas y violentas tormentas regaron todo hasta lo inimaginable; me tuvieron conteniendo goteras y escurriendo trapos hasta altas horas de la noche, también, y se hundió todo alrededor del pozo negro y entraba el agua a chorros por una de las ventanas… pero los árboles están divinos.  Las moras están tan cargadas de pequeños frutos, que casi no quepo en mí placer y anticipación, esperando la época de la maduración y cosecha. Los pastos también vienen con renovado vigor y suspiran aliviados, porque ayer, cuando me disponía a pasar entre ellos como un Segador Inclemente, el instrumento de mi venganza decidió no arrancar; así que devolví la cortadora de césped a su lugar y no corté nada los pastos.  También descubrí la serie Sons of Anarchy, cuya tercera temporada (va por la sexta) termina de una manera tan increíble, que debería estar en los anales de la Historia.  Y vi algunas películas, pero medias pedorras todas, incluso la última de Star Trek, Into Darkness, que pasó por mí sin dejar huella.

Como sea, aunque de a ratos sea un poco precariamente, 42 sigue en el aire.

Pa’ que lo sepan, nomás.

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