Lo que se escribe y cómo leemos

Esta entrada no pretende ser un ensayo muy largo, ni una investigación rigurosa.  Simplemente es una bajada a tierra de algunas ideas que me vienen rondado la cabeza, acicateadas por un artículo que me pasó María Luisa, ya medio viejito, titulado La dictadura del Word.   Trata de los avances tecnológicos en la escritura y cómo han ido marcando la pauta o modificando los hábitos y formas en que se escribe (o se publica).  Desde la escritura cuneiforme al kindle.

Por ejemplo, todo bien con el Código de Hammurabi, pero probá de escribir Juego de Tronos sobre tabletas de arcilla!  La escritura, y lo que con ella puede hacerse, de alguna manera es prisionera de, o se ve liberada por su época y su tecnología.

Sin embargo, más allá, o además, de cómo influyan las tecnologías de la escritura en la misma, y de cómo se adapte a los soportes para lectura, se apuesta mucho a la sed, ansias, o costumbres de las nuevas generaciones por lo nuevo.  Creo que hay un tema cultural que se retroalimenta.

Mi ahijada tiene 15 años y, alabado sea el MEV, le encanta la lectura.  Pero está siempre mirando hacia adelante.  No busca antecedentes o le interesan las fuentes de las que han bebido los libros que lee, al menos de momento.

Es esa literatura juvenil de la que habla Casciari. Y la muchachada parece estar encantada, por momentos al menos, de la etiqueta.  Y cómo se aúpan en eso las editoriales: el esquema viene bárbaro y las ventas lo demuestran.

Es como esa infografía que hizo un chabón luego de evaluar 300 guiones para cine.  Y está demostrado en la gran pantalla, en la que últimamente no hay demasiadas sorpresas agradables y si mucho que es mucho-más-de-lo-mismo.

Dentro de lo que he visto, que no es de ninguna manera exhaustivo, se repiten esquemas sin demasiadas sorpresas o novedades.

Por ejemplo, es posible ver un “esqueleto” común entre la serie de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins y la serie Divergente de Veronica Roth: chica vive como puede en sociedad opresiva, chica se rebelea y desafía al sistema, chica combate al sistema y así sigue hasta el final no tan sorprendente.

Ya, es cierto que no debe resultar nada fácil crear una distopía que no abreve en algún lado, sobre todo en 1984, que a su vez abreva en Nosotros y que también tienen estructuras similares.

No es una crítica, ni estoy diciendo que todo tiempo pasado fue mejor, sino que, por decirlo de alguna manera, de la misma manera en que la tecnología de la escritura cambia o moldea nuestra mente, ese esquema mental es luego utilizado en nuestra contra.

Como que se aprovecha ese moldeado, para hacerlo caber siempre dentro de una misma forma.

Afortunadamente siempre hay quien rompe moldes.  Y afortunadamente, lo más probable es que me equivoque 😉

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