Últimas lecturas de 2013

El 2013 ha sido un año muy prolífico en cuanto a lecturas.  Autores y temáticas nuevas.  Aproximaciones desde ángulos distintos a viejas cuestiones.  Reencuentros con viejas lecturas olvidadas. Un poco de todo.  Lindo.  Satisfactorio.  Ahora en unos días cuelgo la lista y los libretes disponibles.

Los últimos 2 libros de este año difieren bastante entre sí:  una recopilación de cuentos de dos libros anteriores llamada Los Muertos / Aguas Salobres, de Mario Levrero, uno de los mejores escritores uruguayos de todos los tiempos a mi humilde juicio; y Doctor Sueño, una de las últimas novelas de Stephen King, cuyo protagonista es John Daniel Torrance, el niño de su famosa y escalofriante novela El Resplandor.

Levrero, con su estilo e inventiva maravillosa nos sumerge en mundos irreales, donde pasan cosas inexplicables, casi mágicas, y de las que uno no cuestiona nada hasta bastante después de terminada la lectura.  Es una experiencia inmersiva.  En ese momento, todo lo que hacen los personajes, todo lo sucede, si no lógico, es totalmente inevitable.  Por qué se retira el mar y qué impulsa a la gente a abandonar todo y encaminarse ciegamente por ese nuevo desierto recién creado?  No importa en realidad, porque te vas con ellos, no se sabe a dónde o buscando qué, con ganas de ponerte a llorar en ocasiones, al verlos tan desvalidos y solos y locos y desesperados.  O también, cómo puede crear una historia a partir de un envoltorio de caramelo que se le queda pegado en un dedo y en los últimos dos párrafos darle ese giro alucinante?

Luego tenemos a King, que retoma uno de sus más emblemáticos personajes, treinta años después de los sucesos del Hotel Overlook.  Vemos en qué se ha convertido Jack y la forma en que lidia con su esplendor.  Con flashes retrospectivos nos enteramos de cómo fue su vida después de la atroz experiencia con su padre en el maldito hotel, todo entremezclado con lo precario y sórdido de su presente.

Vemos aparecer al Mal, también, delineado con la vieja fórmula inquietante que hace que se te paren los pelos de la nuca mientras vas leyendo.  Y nos preguntamos a dónde no estará llevando el autor y si podremos soportarlo.

Y hasta ahí parece un libro de puntaje 7 u 8… pero luego la historia sigue y se ve un poco edulcorada.  Se aliviana mientras evoluciona.  Se ve descafeinada.  Por momentos se parece a Ojos de Fuego.  Es como la eterna lucha entre el Bien y el Mal tiene unos personajes tan “paranormales” que dejan de ser especiales para convertirse en una competencia de potencias.

Sin embargo hay chispazos.  Pequeñas cosas.  Situaciones al pasar.  De esas que recuerdan al King más hardcore.  Esas cosas que tocan los botones justos del pánico y te hacen cerrar el libro y mirar para todos lados.  Esas cosas que te hacen parar la lectura y pensar alguna tontería, a ver si riéndote podés convencerte de que lo que asoma del ropero no es otra cosa que un juego de sombras y no una mano con dedos retorcidos terminados en garras afiladas… solo una sombra caprichosa.  Nada más que eso.  Está todo bien.  Dejá el libro un ratito y servite un jugo.  Eso es.  Todo bajo control.

Pero son solo chispazos, lamento decirlo.  No esa cosa desenfrenadamente demente hilada con maestría de El Resplandor, que te acompañaba durante el día y por las noches y en sueños y hasta semanas y meses después de leerlo.  Es por esa tibieza, a pesar de que es una historia ágil y amena y con sentido dentro de lo que es una secuela, que Doctor Sueño solo se lleva un 6; y es por esos chispazos que no se lleva un 5.

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