Una larga historia de amor

Estoy enamorado de mi freezer, esa es la versión corta.  Es una herramienta indispensable para mí.  Si hay algo, más allá de mi Mejor Mitad, que me ha abierto los ojos a una faceta más amplia, amable y fantástica de la vida, es mi pequeño freezer horizontal, que, también a diferencia de mi Mejor Mitad, cabe cómodamente bajo la isla de la cocina.  Provisto de una base con ruedas, es fácilmente accesible y puede volverse a su lugar en menos de 5 segundos.

Pero qué tiene de maravilloso el freezer, podrás preguntarte?  Bueno… que tal todo?  Buah… está bien, digamos que no toooodo, pero sí un 98% de todo.  No está mal, verdad?

Exploro el concepto, elaboro la idea, comparto mi vivencia contigo, Pequeño Demente.  Esta es la versión larga…

El ejemplo clásico: la carne.  Claro que sí.  Te sobra un cuarto de cordero sin asar, y va p’ahí.  Pero esa es la concepción más simplista.  Hay un universo de cosas por hacer que van a hacer tu vida un poco más placentera.

Podés hacer churrasquitos de cuadril, o vacío por ejemplo, bien fileteados, y los ponés en capas sobre una bandeja, bien separados entre sí, y con un nylon entre capa y capa y capa; no film, sino del arrugado, como el de las bolsas de super (bien lavadas y abiertas), que es bastante resistente.   Extendelos, pero no los aprietes.  También podés aplicar lo mismo para la pulpa de cerdo, pechuga de pollo (o supremas), postas de conejo, filetes de pescado, milanesas sin fritar y todo lo que pueda interesar sacar de a poco en porciones medidas.  Sacás del freezer, esperás 20 segundos que se deshiele el nylon de arriba y con un golpecito y un poco de palanca con un cuchillo de punta redonda, sacás lo que necesitás, que al ser fino, se descongela al toque.

El principal punto en contra, más allá de que no estás comiendo carne fresca y fragante y jugosa, es que la congelación expande el agua celular, lo que rompe las membranas; al descongelarse, la carne va a perder un poco de agua y a quedar ligeramente más dura y seca que antes de congelarla, pero no es un gran problema, al menos no en el 90% de los casos.

Si son churrascos finos, incluso podés tirarlos directo sobre la plancha.  Si es una pechuga entera o unos filetes gorditos de pescado, agarrás un bol, le ponés agua junto con una buena dosis de sal, y en esa salmuera descongelás la carne (unas seis horas en la heladera, más o menos).  Este método palía un poco la contra del párrafo anterior.  Las carnes van a quedar no sólo sabrosas, sino que luego de la cocción, vas a encontrarte con un maravilloso interior, muy bien cocido pero jugoso.  Es fantástico; sobre todo para aquellas personas que rehuyen las pechugas y su sequedad.

Otra cosa en que el freezer te cambia la vida: el pan.  Prendés el horno, no vas a hacer un pancito solo, no?  No.  En lugar de eso, amasá uno o dos kilos de harina, hacé los panes que quieras, panecillos, pan de molde, baguettes, panes saborizados, con semillas, como venga siendo… si son panecillos, van enteros dentro de una bolsa.  Si son de los otros, una vez fríos, los cortás en las rebanadas de servicio, se embolsan y van pa’dentro.  Luego solo tenés que descongelar lo que vayas necesitando: pan fresco siempre.  El pan en rebanada se descongela al aire, o con un golpecito de tostadora.  Los panecillos podés sacarlos del horno 5 minutos antes del tiempo normal de horneado, y los congelás así.  Cuando tengas que usarlos, los sacás y los metés en el horno al momento de prenderlo y colocarlo a 200ºC: para cuando el horno llegue a la temperatura indicada, el panecillo se va a haber descongelado y terminado de cocer.  Pan recién hecho sin un sudor!

Querés algo más sencillo todavía?  Tostadas.  Pasás por la panadería y comprás tres o cuatro flautas.  Las rebanás, finas nomás.  Las tostás al por mayor en el horno.  En cuanto se enfrían, bolsa y pa’l freezer.  Mano de santo!  Cuando vas a desayunar, agarrás un puñado de tostadas a la pasada, y mientras se hace el café o se calienta la leche, ya están descongeladas y crujientes, prontas para consumir… y sin quemarte!

Qué más?  El queso!  El queso curado, semiduro, de leche vacuna, ovina o caprina, cuando comprás un buen trozo, es difícil que se consuma rápidamente en una casa, sobre todo si solo son una o dos personas.  Y hay quesos que no son precisamente baratos; algunos vienen envasados al vacío en porciones generosas y no te los fraccionan.  Solución:  se ralla, se pone en una bandejita (como las de comida rápida) o en un táper, y p’adentro.  Cuando precises usar para una pasta, para cestas de parmesano, arroz, o lo que sea que necesite queso rallado, sacás un puñadito (no se apelmaza y las hebras se deshacen solas) y lo dejás en el cuenco de servicio.  En 5 minutos queda perfecto, y casi sin perder aroma ni sabor.

Qué más?  Pasta!  Suponé que invitás a los degenerados de tus amigos a comer pasta fresca, casera, unos pappardelle maravillosos, y todos te dicen que sí, y vos amasás como un pobre infeliz bastardo toda la tarde, pero media hora antes de la hora señalada, te avisan que no pueden ir, así que en lugar de 10 personas, son sólo 3 para comer… qué hacés?  Bueno, si tenés la buena fortuna de no haber cocido la pasta, hacemos lo mismo que hacemos todas las noches, Pinky!  Dejá tres porciones afuera, y lo demás… se embolsa y p’adentro! Cuando vuelvas a nececitar pasta fresca, cuando tengas el agua con sal hirviendo, sacás la pasta del freezer y va derecho para la cacerola, sólo que en lugar de demorar 5 minutos en cocerse, va a demorar 7 u 8.

Qué más?  Masa para pizza y pre-pizza!  Idem pan!

Qué más?  Ponele que compraste un buen pedazo de carne, un pollo entero, un conejo.  Deshuesás lo que sea necesario y te van a sobrar huesos, o la carcaza del pollo, o el espinazo del conejo… no lo vas a tirar, por el MEV bendito!  Metés todo en una cacerola con un litro y medio de agua, sal, unos dientes de ajo, una cebolla partida al medio, pimienta en grano, apio, puerro, mostaza en grano, laurel o lo que quieras, hervís a fuego lento durante una hora o una hora y media y te hacés un fantástico fondo oscuro, un caldo bien espeso y sabroso.  Cuando se enfría, lo ponés en algún molde, dudinera, cubitera o recipiente chato, y lo congelás.  El recipiente tiene que ser chato para poder partirlo fácilmente, así podés usar la cantidad que necesites.  Puede servir para dar gusto a una salsa, una sopa, o un regio risotto.  Lo mismo aplica para colas y cabeza de pescado, o cáscaras y cabezas de langostinos: un buen fumet de pescado!  Cuando se enfría, qué hacemos?  YEAH!  Colamos, envasamos y p’adentro del freezer.  Es líquido, así que no podés usar un recipiente cerrado que sea rígido, ok?  Acordate que el agua se expande al congelarse.

Qué más?   Te sobra una porción de tuco, o salsa, o incluso un poco de chop suey, unos canelones, o unas porciones de pastel de papa… ñácate, p’adentro!  Luego solo es necesario dejarlos un poco afuera, calentarlos al vapor, o si sos muy hereje, tirarlo derecho para dentro de la sartén y revolver y girar todo durante unos minutos.  Supongo que también podrías usar el microondas, pero yo no uso, así que no sé decirte.

Qué más?  Los yuyos!  Albahaca, salvia, perejil, cilantro: bien picado, bandeja, un chorrito de agua y p’adentro!  Hierbas fescas, ya listas!  Ajos picados, ajíes picados, un chorrito de aceite de oliva y p’adentro!  Sofrito listo en minutos!  El ajo y los ajíes en aceite podés conservarlos en la heladera en frascos, y va a ser un placer imperecedero, pero en el freezer duran durante MESES, por lo que podés picar bastante de una sola vez y guardar todo para ir usando de a poco.  Guindillas y jengibre: en rodajas finitas y p’adentro! La única precaución con los picantes, es no dejarlos mucho tiempo porque van perdiendo picor, aunque no su sabor.

Qué más?  Los postres!  El helado, obvio!  DAH!  Pero también bizcochuelos y tortas.  Solo pierde tersura el merengue, eso sí.  Y las frutas cocidas! Por ejemplo, comprás los duraznos en plena temporada, baratos y sabrosos y fragantes.  Los cocés apenas, con el mínimo posible de agua y azúcar… los congelás sin el almíbar, o con el mínimo posible.  Duraznos baratos todo el año!   Y la salsa de frambuesas para el chisquéi!  No probaste el chisquéi con salsa de frambuesa?  Pfffffffffff! Entonces no tenés idea de lo que es el placer más sublime!  El dulzor y untuosidad de la tarta, con la acidez de la frambuesa…mmmpaaahhhh!

El freezer no es, en mi experiencia, recomendable para verduras y frutas frescas, crudas.  Sus paredes celulares son frágiles y sencillamente no se la bancan.  Se conservan, claro, pero al descongelarse, son una cosa fofa que se deshace.

Qué más?  Polenta.  Polenta dice?  Polenta digo!  Hacés una buena polenta, bien espesa.  La volcás en una fuente y la alisás hasta que queda una «lámina» de aproximadamente un centímetro de grosor.  Cuando se enfría, la cortás en cuadrados, de unos 5 centímetros de lado (o la forma que quieras!).  Se embolsa y p’adentro!  Esto es maravilloso, tomá nota, porque es gratis y es casi la antesala del cielo.  También podés hacerlo con la polenta sin congelar, obvio!  Agarrás una plancha o sartén de fondo grueso.  Ponés un chorrete de aceite a calentar (puede ser vegetal, no necesariamente de oliva).  Cuando esté a buena temperatura, pelás un diente de ajo, le das un golpe y lo dorás en ese aceite y lo desechás; luego tirás dentro de la sartén una rama de romero fresco, y cuando deja de chisporrotear, la descartás.  En ese aceite, bien caliente y aromático, dorás los cuadrados de polenta, unos minutos de cada lado (si es polenta congelada te va a llevar un ratito más), hasta que quede una costrita dorada.  Antes de sacarlo, esparcís queso rallado por encima (puede ser el queso que ya tenías en el freezer!), como si quisieras rebozarlos, los das vuelta prontamente con una espátula y dejás que se dore el queso durante unos 10 segundos.  Sacás y servís!  Es una picada fantástica.  Fantástica.

Ese truco del queso, te sirve también para el pan!  Un hilo de aceite de oliva sobre una rebanada de pan y lo dorás en la plancha bien caliente.  Frotás un diente de ajo sobre uno de los lados, como si quisieras hacer una bruschetta, rebozás ese lado con queso rallado, y lo dorás un toque.  Es maravilloso!  Para acompañar una sopa de calabaza, o para embocarte con los choricitos recién sacados de la parrilla regado con un buen tannat.  Orgásmico!

Qué más?  Hay más?  OBVIO!  El chupi!  Grappa!  Ginebra!  Tequila!  Ron!  P’adentro!  El alcohol tiene un punto de congelación muy bajo, por lo que las bebidas con una graduación mayor a 40º  difícilmente lleguen a congelarse y rompan la botella estando en un freezer hogareño común (necesitan temperaturas menores a -45ºC, en tanto que un freezer típicamente anda entre los -18 y los -25ºC)… pero se espessssannnn!  Una grappita o una ginebra bien espesa baja como licor de dioses por el garguero y calienta el templo de nuestra alma, y a su habitante, con una delicadeza que es como una leve caricia de fuego.  El ron?  Mojito o cuba libre casi sin hielo!  Beeellllo!!

Te quiero freezer…

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s