Reinterpretando un clásico

Un amigo alquiló una casa en un balneario cercano a esta, nuestra Aldea.

Te la voy a hacer corta y simple porque no viene al caso extenderse en los antecedentes.  Sirva esta pequeña introducción a modo de ilustración del lugar del que surge la idea.

Mi amigo, junto a su novia, se mudaron a un lugar realmente de ensueño.  A una cuadra de la playa, con pesca, rodeado de árboles, que a su vez lo protegen de las inclemencias del tiempo.  Sin vecinos ruidosos… bah, casi sin vecinos!  Tranquilo.  La casa, perfecta para sus necesidades, luminosa, amplia, con una preciosa cocina; y a una fracción del precio de lo que se maneja acá.  Un paraíso.  Así me lo describió en un principio.  Pocos meses después se lo veía retraído, hosco por momentos, ensimismado.  Sin explicación aparente.  Parecía uno de esos bichos del zoológico que se quedan tirados en un rincón, languideciendo en la larga espera.

Eso continuó durante un tiempo, y un día se notó un cambio importante.  Desde la forma de caminar a la de mirar y hasta en la energía en la entonación al hablar.  El motivo?  Surgió un proyecto.  Grande.  Lindo.  Y con ese proyecto, planes.  Y con los planes, todo vuelve a girar.  Como agua estancada que se libera: el movimiento es vida. Y eso es muy bueno.

Y esas cosas dan para pensar.

Y yo me pregunto: qué tan inteligente era la Serpiente?  Qué tan astuta?  En mi humilde experiencia, un bicho frío nunca entusiasmó ni convenció a nadie para hacer nada.

Y si tampoco fue un tema de Eva, pobrecita?  Porque vos viste cómo es, que la minita es la eterna culpable, con todas esas estupideces de la Engañadora y la Lúbrica,  la Tentadora, y la Madre del Pecado, como si Adán hubiera sido un pobre pusilánime que no hubiera podido resistir, con todo un Paraíso a su alrededor, una manzanita del orto; fragante tal vez, sí; quizás sabrosísima; pero siempre una manzanita del orto.

El tema es: qué pasa si fue Adán el que le dijo a su compañera: “Che, Eva, y si arrancamos para algún lado?  Vamosnó de acá a ver qué onda?”  Y la veo a Eva, entusiasmada pero excéptica:  “Ta… pero cómo?  Y a dónde?  Pa’ donde vayas es puro Paraíso, siempre lo mismo.  Es desesperante!”

Y Adán que contesta: “No te preocupes, bomboncito de mi vida, mientras yo les pido a todos los leones y tigres que se vayan a la otra punta del Jardín, y a las cabras que inventé un juego super divertido que consiste en ponerles un lazo al cuello y atarlas al pie de un árbol, vos andate hasta el vallado con los carteles de Warning, boleale la pata y traete una buena bolsa de manzanas… ah, y cuidado con la víbora de mierda esa, que es una hija ‘e puta.”

Incluso veo a Eva, que aún sin haber probado la fruta del Árbol de la Sabiduría no tenía un pelo de boba, preguntarle a Adán: “Yo estoy con vos, Adán, pero sabé que se nos va a complicar el partido.  Estás listo para dejar todo esto?”  Y Adán, que había leído a Mark Twain, le contesta: “Mi Vida, allí donde vos estés está el Paraíso.  Dale tranquila… no creo que llegue a tanto por una manzana de morondanga, no?”

Y ‘ta, el resto es historia.

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