Una adicción como cualquier otra…

Escapar.  Esa es la cuestión.  Escaparse un rato.  Evadirse.  Anular el pensamiento, la frustración, la derrota, el dolor.  Dejar que el marote se tome un descanso, unas vacaciones.

Y cuándo… cuándo se volvió una adicción?  O cuándo me di cuenta de que era lo más parecido?

Con Elantris, quizás, esa novela de Sanderson con una magia rara.  Con Turtledove y su guerra alternativa de Guns of the South.  Seguro que con Pratchett, no.  A pesar de que muchas veces maneja conceptos y realidades crudas, Pratchett es más lúdico, un recreo, casi un mimo.

Pero hay otros que se lo toman más en serio, más hard, quizás.

No chupo, no me pico, no fumo, ni me voy de putas, ni quedo en una vuelta de la rula, ni enganchado en el estribo de un podrido, no timbeo, ni me quedo postrado en la cama… pero leo.

Leo a todas horas.  Fantasías extravagantes, naves espaciales, magos,  continentes de oro que viajan sobre elefantes que viajan sobre tortugas, montañas extraterrestres, xeno-bestias, gestas épicas… cuanto más retorcida y lejana sea la realidad atrapada entre ese par de tapas, mejor.  Mejor y más duradero el pegue, el viaje.  El viaje lo es todo.  Quizás por eso rechazo gran parte de la literatura hispanoamericana: es demasiado cercana a esta realidad cotidiana, los problemas son demasiado familiares, las situaciones demasiado posibles, las derrotas demasiado conocidas en su decandencia, en su grisura.  Es como un porro de hoja, que te deja dolor de cabeza; siempre es mejor la goma pegajosa del cogollo, me explico?

moises abriendo las aguas_En cambio, el mito del héroe, pura flor… El mito del héroe a full, sin cortapisas.  Ah!  Eso sí que vale la pena meterse entre pecho y espalda!  El muchachito que vence a las adversidades más adversas de las formas más diversas.  Cuanta más baja cuna, más alta gesta. Me voy y me pierdo en esas derrotas cantadas que resuenan en sonadas victorias.  Esas victorias imposiblemente posibles. Sí, las Victorias Imposibles.  Ese es el gancho.  El deus ex machina me fascina, ver la conexión inverosímil, descubrir el truco perfecto, recordar el conocimiento enterrado en algún vericueto de la memoria, ver nacer el poder desde la ansiedad, desde el peligro, desde lo último.  Lo último siempre es el gran catalizador; el gol sobre la hora, por usar un ejemplo mundialista y acorde a las fechas.

El escape y su recompensa, la adrenalínica victoria que en cualquier otro lado siempre parece esquiva…  Y sin tribulaciones, porque si hay una condición indispensable para acceder a la gloria junto con nuestro sufrido héroe, es saber quedarse inmóvil.  La inmovilidad, la ausencia de sudor, es el gran requisito para ser partícipe.  Eso y la avidez; hay que tener gula, ya que la gula devenida en dependencia es lo que nos impulsa a seguir, a darle una palmadita en la espalda al chabón y decirle “Ánimo, chabón, que la próxima sale!”, convencidos de que, efectivamente, a él sí va a tocarle la cerveza gratis en la próxima que destape… porque por algo es el muchachito de la película.

Pero, sin embargo, tengo a la muchachita; a la mejor muchachita.  Eso le queda grande a varios héroes, te digo.  Y eso que no soy ningún muchachito heroico… casi que tampoco muchachito.   Un poco posmoderno?  Hay héroes posmodernos?  Fijate que en lugar de cabalgar rumbo al atardecer con la muchachita a la grupa de mi brioso corcel, la llevo en la moto hasta la parada del ómnibus.

Es incomprensible, lo sé.  Pero velo de este modo: de la gesta épica me quedo con lo mejor: el Deus ex machina.

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s