Conflictos esquimales

Yo debo ser medio como uno de los trolls de Pratchett, que cuanto más frío hace más les trabaja el marote… y el MEV misericordioso sabe que hoy hace FRÍO, tanto que los pingüinos de acá al lado dejaron un cartel diciendo que se volvían a la Antártida y que nosotros y nuestro invierno nos fuéramos a la gran put… esa parte estaba borroneada, pero el tema es que se fueron.

Y así, pensando en cosas, en cosas importantes, trascendentes, fue que elaboré algunos conceptos importantes relativos a las Guerras Esquimales.

Las guerras esquimales eran complicadas.  Eso primero.

De pólvora ni hablar.  Mucho menos espadas… porque fijate si conseguís aunque sea un palito para prender la fragua!  Así que en un principio intentaron agarrarse a palos costillazos con costillas de ballena o morsa, pero con tanta piel acolchada, terminaban más cansados que los perros de los trineos y sin siquiera un moretón.  Eso las convertía, que algo debe valer, en las guerras menos sangrientas del mundo, aunque pocos lo saben porque también fueron las guerras menos registradas del mundo… porque para vender una guerra precisás morbo.  Si no hay ni una gotita de sangre, no creo que nadie se interese.

Así que cambiaron de enfoque, los esquimales, y decidieron atacar al enemigo utilizando el entorno, porque si hay algo de lo que están rodeados los esquimales toda la vuelta, es de puro entorno… y ese entorno es más frío que la mierda.  Así que decidieron que en las batallas campales, el objetivo era robarle el sobretodo al enemigo, con las catastróficas consecuencias que podés imaginar.  Pero también hubo… ¿hubo o hubieron?  Perdón, pero el verbo “haber” sigue siendo una pesadilla para mí aun después de tantos años.  Sigo: hubo guerras más sutiles y de consecuencias igualmente terroríficas: la guerra de guerrillas.  Durante las guerras de guerrillas esquimales, las duplas que conformaban las pequeñas células guerrilleras usaban como táctica el feroz procedimiento de aproximarse uno por cada lado de la víctima de turno y bajarle la capucha del sobretodo para luego salir corriendo.  Sus perspectivas de éxito eran grandes, ya que el pobre emboscado tenía que decidir: quedarse con la capucha baja y sufrir crueles congelamientos en nariz y orejas, o sacarse los mitones para tratar de volver a colocarse la capucha de nuevo; pero sacarse los mitones era una transa, porque se arriesgaba a sufrir crueles sabañones en las manos, y luego estaba el tema de volver a ponerse los mitones, sobre todo el de la mano no hábil.  Porque uno de los mitones, vos te lo ponés más o menos sin problemas… pero y el otro?  Una mano es en la que hay que poner el mitón, pero la otra ya está enmitonada lo que dificulta seriamente los movimientos y la habilidad para manipular objetos… porque un mitón es la antievolución, ya que te deja sin mano y solamente con el pulgar oponible.  Y no es mucho lo que puede hacerse con el pulgar solo, te lo juro.

De todos modos, las Guerras Esquimales no duraron mucho tiempo.  Primero porque les faltaba ardor para la batalla… JAJAJA… ardor… ja ja… esquimales… ja… cachás?  El tema es que el mismo entorno que les daba las ideas para luchar, también les complicaba el partido, porque no eran pocos los esquimales que usaban pieles de focas o de osos polares, que son blancas.  Blanco sobre blanco, no distinguían un poroto (que si son alubias, o de manteca, también son blancos).  Así que bien, el blanco impedía que la víctima viera a los atacantes, de la misma manera que los atacantes se volvían chicho para poder encontrar alguien a quien bajarle la capucha.  Son famosos los casos (registrados en el breve pero exaustivo tratado de estrategia de Ngluk Tsúk (primo esquimal de Sun Tzú), de esquimales que deambularon durante horas sin cuenta sin encontrar a nadie a quien emboscar para terminar muriéndose de hambre en la cruel vastedad blanca, sobre todo en horas de la noche que, bien se sabe, suele durar como 6 meses.

El tema de las Guerras Esquimales quedó finiquitado cuando a Maldito Gorklas Trolk, primo esquimal de Jodido Estúpido Johnson, se le ocurrió inventar el color verde y usarlo como color de camuflaje para los nuevos uniformes. Así los soldados pueden confundirse con la vegetación circundante, dijo a un confundido público Maltido Gorklas Trolk exultante de satisfacción por su invento.

El general Máxigúk, famoso comandante esquimal, luego de ver acercarse a los enemigos fantásticamente camuflados de verde a tres blancas llanuras de distancia, resumió el asunto con un escueto: Cerrá y vamos, que fue interpretado en el acto como una orden general para que las hartas tropas terminaran las hostilidades y volvieran a los iglúes, cosa que las hartas tropas hicieron, ya que es bien sabido que es mucho más divertido ponerse a cazar focas que tratar de emboscar a algún pobre esquimal abombáu para bajarle la capucha.

Como de todos modos al general Máxigúk  le constaba que después de dos días de batalla en el polo no estaban llegando a ningún lado, no vio motivo alguno para explicar la intención de sus palabras y corregir a sus subordinados.

Él también estaba harto.

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