Sol embotellado: Concentrado de limón de la Tía Hilda B.

Hay cosas que me resultan a la vez fascinantes y conmovedoras. Una de ellas, quizá la principal, es la manera en que la memoria busca perpetuarse, muchas veces en la forma de tradiciones familiares o en esas recetas que suelen llevar nombre. Así, tenemos los “bollos de la abuela”, la “tarta de
Ethel”, la “masa para pasta frola de la mamá de Leticia” y un sin fin de delicias, cuidadosamente preservadas del olvido en los pequeños cuadernos escritos a mano que componen los recetarios de cabecera de madres y abuelas.

Mamá solía hacernos una especie de jugo de limón concentrado, que diluíamos en agua a la hora de las comidas. Era una alternativa a las bebidas gaseosas; muy fácil, más saludable, y ciertamente mucho más económica y ventajosa, porque en casa había limoneros a bochas.

Varios años después, se me ocurrió pedirle la receta del viejo concentrado, y resultó que era una de esas que no solo tenía nombre, sino también apellido.

Resulta que hace un par de fines de semana nos fuimos con Alice a visitar a mi queridísima y octogenaria Tía Olga que, encorvadita y blanca en canas, vive y respira entre rosales, margaritas, begonias, una variedad inmensa de suculentas, claveles del aire, helechos, hibiscos, jacintos, achiras, su huerta con espárragos, cebollas, ajos y espinacas y puerros y lechugas, sin que falten sus aromáticas plantas de salvia y romero y tomillo y laurel, todo ello enmarcado por la quinta de frutales, con sus damascos y duraznos y nueces pecanes, mandarinas, naranjas, ciruelas y, claro está, limones. Unos limoneros que desbordan de carga, de los que hicimos nuestro agosto… en junio. Algo así.

Sol embotelladoEs por eso que te traigo esta receta de rayos de sol embotellados con nombre y apellido, muy sencilla de hacer y muy placentera para compartir, para mayor gloria de la memoria y de la Tía Hilda B., todavía vivita y coleando.

Lleva más tiempo escribir todo lo anterior que preparar la receta:

Herví durante cinco minutos dos tazas de azúcar con una taza de agua y las cáscaras mondadas en finas tiras de dos limones (sin la parte blanca). Una vez hervido este aromático almíbar, enfrialo un poco en un baño maría inverso y agregale una taza de jugo de limón. Mezclás bien, lo colás y lo ponés en un recipiente con tapa para conservar en la heladera.

Ya está listo para ser usado. En la heladera se conserva durante una semana o diez días, pero sería raro que dure más de dos o tres. Un chorrito alcanza para saborizar un buen vaso de agua fresca, o incluso un té.

Podés jugar y cambiar las cantidades, menos azúcar, más jugo, lo que quieras. Pero esta es la receta original, la que preparaba la tía cada vez que iba a visitar a alguien de la familia.

Ya.

Salud!

Anuncios

Comenta! Comenta, very now!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s