Entre la poesía y el comunismo

PorcelanaLeí el libro Kanikosen, El Pesquero, del escritor japonés Takiji Kobayashi; (primo lejano del constructor del Kobayashi Maru y sobrino del de la porcelana).

Bromas aparte, Kanikosen conjuga dos mundos que no suelen cruzarse, o que al menos yo no había visto juntos anteriormente: la poesía sutil y la lucha del proletariado.

Por un lado, la poesía, que aparece acompañando a muchas descripciones, con imágenes que parecen fluir y metáforas no exentas de belleza, en ocasiones una belleza triste y sucia.

Apoyados en la barandilla de cubierta, dos pescadores contemplaban la ciudad de Hakodate, cuya bahía abrazaba el mar como el caparazón de un caracol.

Los barcos de vapor flotaban sobre sus anchas panzas rojas; otros, que todavía estaban en proceso de carga, se inclinaban hacia un lado igual que si desde el mar algo les tirara de una manga.

El relato cuenta la odisea de la tripulación del Hakko Maru, un destartalado buque factoría que debe pescar y procesar cangrejos en las heladas e inclementes aguas del Océano Pacífico norte y el mar de Ojotsk, cerca de la penínsla de Kamchatka, a principios del siglo XX.

El viaje los alejará durante meses de sus casas, y al rigor del clima y el arduo trabajo, deberán sumar la brutalidad del Patrón del barco, un sádico hijo de puta, representante de la compañia dueña, que buscará maximizar los beneficios a costa de exprimir a los obreros hasta límites insoportables.

Sucios, hambrientos, enfermos, agotados, abusados y torturados en nombre del Capital disfrazado de Causa Nacional, los impotentes pescadores descubrirán que no lo son tanto.

El contexto histórico es muy interesante, poco después de la guerra ruso japonesa y la subsiguiente Revolución Rusa, Japón se revela como potencia mundial e imperial.  El discurso de la cúpula gobernante se vuelca hacia el capitalismo, enfrentado al odiado y declarado enemigo rojo comunista.

Japón emprende grandes cambios, aboliendo el régimen feudal de antaño y adoptando algunas prácticas occidentales en lo económico y lo legal, aunque el emperador debe lidiar con una cúpula “aristocrática” y militar bastante corrupta.   Esto se ve agravado por la Gran Depresión de los años 20, que afecta mucho a Japón y sume a gran parte de la población en la pobreza, sobre todo en el norte, en la isla de Hokkaido.

Ese es el ambiente que reina en Kanikosen, donde la mano de obra es barata y descartable, el trabajo es mucho y los derechos son pocos.  Aquí es donde entra la ideología, en ocasiones incluso un poco panfletaria, pero bien enmarcada.  También, cual péndulo, oscila entre la amarga desesperación de la opresión sin salida y la esperanza en que la unión puede cambiar las cosas para mejor.

El Pesquero, definido como literatura proletaria, publicado en 1929, fue el gran éxito de Kobayashi, autor comunista muerto pocos años después a manos de la policía imperial, la Tokko, que lo arrestó y lo sometió a brutales torturas.

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