Nuevo viaje: 1914

Resulta cómodo encogerse de hombros y decir que la Gran Guerra fue inevitable; pero se trata de una conclusión peligrosa, y más teniendo en cuenta que nuestro mundo se asemeja en algunos aspectos, aunque no en todos, al de los años previos a 1914, es decir, al mundo que fue barrido por la guerra. El de hoy se enfrenta a desafíos similares, de orden revolucionario e ideológico, como el auge de la violencia religiosia o de las protestas sociales; y también a otros que nacen de la tensión entre las naciones que prosperan y las que entran en decadencia, como China y Estados Unidos.

 1914 - De la paz a la guerra, de Margaret MacMillan

Este es uno de los primeros enunciados que nos da Margaret MacMillan en su libro “1914”.  De momento, y a pesar de que recién estoy comenzando su lectura, me resulta un libro muy interesante por varias razones.

Primero, porque es mi primera lectura de un libro de Historia escrito por una mujer, lo que inevitablemente implica una forma distinta de ver las cosas, y como dijo Bill Murray en “El día de la marmota”: Different is good.

Segundo, porque, a diferencia de otras historias sobre la Primera Guerra Mundial (IGM), la autora no da las causas evidentes inmediatas, sino que nos brinda un pormenorizado relato, no lineal, pero aun así extremadamente claro y revelador de la intrincada red de alianzas, acercamientos, conflictos y motivaciones que impulsaron y modelaron las relaciones y rivalidades de las grandes potencias europeas desde poco después de mediados del siglo XIX en adelante; sus ambiciones como estados imperiales; cómo veían el mundo, esa gran torta a medias repartida y que parecía achicarse rápidamente; sus miedos, certezas y percepciones.  Resulta fascinante ver el germen de la Gran Guerra detrás de las grandes palabras e ideales de principios del siglo XX que llenaban las bocas de los poderosos e influyentes: paz, progreso, equilibrio, prosperidad… pero que enmascaraban celos, desconfianza y viejos rencores. También, al estar involucradas todas las grandes potencias literalmente en todo el mundo, todo lo que sucede está perfectamente en contexto; la retrospectiva es fantástica, ya que todo se ve explicado por un paso previo, al tiempo que vemos cómo el actual nos conduce al siguiente con una certeza inamovible parecida a la que experimentamos en esas pesadillas de las que no podemos despertar. Aquí el aleteo de la mariposa en China sí puede provocar un huracán en la otra punta del globo.

Tercero, se nos presentan las personas que serán los actores principales de los eventos por venir, no solo en la IGM, sino también más allá, como por ejemplo Arthur Balfour, político y Ministro de Asuntos Exteriores británico, simpatizante del sionismo, que más tarde redactará la Declaración que lleva su nombre y despojará a los palestinos de sus tierras para sentar las bases de lo que pocos años después será el estado de Israel. La presencia colonial británica en Oriente Medio fue una consecuencia directa de la IGM y el colapso del Imperio Otomano, que eligió el caballo perdedor.

Todo está inextricablemente entrelazado, y a pesar de que han pasado 100 años, seguimos experimentando las ondas que se expanden como anillos concéntricos en el fangoso estanque que es el Tiempo.

Vamos a ver qué más nos espera en este “1914” que recién comienza, aunque no creo que sea un viaje de placer y las vistas seguramente no serán agradables.

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