Todo llega…

Este es el primer libro impreso que he leído del cual conozco personalmente a la autora, así que voy a presumir un poco y a hablar brevemente de ella antes de pasar al libro. En parte por presumir, pero sobre todo porque los dos son fascinantes.

Conocí a Ana Luisa Valdés hace poco más de dos años y medio, de manera accidental y poco ortodoxa.  En realidad el primer contacto que tuve con ella fue cuando me cagó a pedos (a mí y a otras personas) mientras decíamos boludeces y nos divertíamos como niños en una lista de correos.  Algunos se enojaron mucho con eso… porque quién se piensa que es esta mina para llamarnos la atención de esta manera?  Pero bueno, tampoco era para tanto; a mí, que aprendí mi primera y torpe esgrima a principios de los 2000 en un par de grupos de noticias y que pronto también aprendería que esa esgrima (e inquina) no sirve de nada, me dejó indiferente.  Todo hubiera quedado en esa nada si no hubiera sido por Alice.  Finalmente fue gracias a mi María Luisa, a quién también conocí en esa lista, que entablamos un diálogo más normal con Ana Luisa, que devino en un acercamiento paulatino y en un relacionamiento fluido, cordial, y ampliamente positivo y constructivo.

Lo primero que me impactó cuando entré por primera vez en su casa, fueron los libros; cada pared disponible estaba cubierta de estanterías llenas de libros, de piso a techo y en tres capas de profunidad, más pilas y estantes aislados que cubrían cada centímetro disponible; en inglés, español, alemán, sueco, francés; de Historia a Arte (todas ellas), pasando por política y cocina y ficciones y Economía.  Su biblioteca de referencia es abrumadora.  Lo segundo fue su amplio conocimiento, quizás decir erudición sería apropiado, sobre casi cualquier tema que se te ocurra; no es pedante y no te lo refriega, pero es parte de ella y se trasluce y aflora en cualquier conversación, enriqueciéndola, expandiendo horizontes, relacionando aconteceres y personas que a primera vista parecen inconexos.  Lo tercero fue su cocina; habiendo vivido tantos años en Europa y habiendo viajado tanto por tantos países y culturas, su gusto y conocimiento de los sabores y la especias es maravilloso; eso sí, por favor no le ofrezcas guiso de lentejas, ni, por el MEV bendito, pirón; no importa lo delicioso que creas prepararlo, no lo hagas.

Es difícil describirla.  Anarquista. Tupamara. Presa de nuestra dictadura.  Exiliada. Antropóloga.  Políglota.  Humanista. Activista.  Escritora.  Conversadora prolífica. Fantástica compañera de mesa.  Expansiva.  Generosa.  Aguda crítica.

Sus vivencias, algunas de las cuales ha compartido con nosotros mano a mano, van de lo trivial a lo trágico; en sus viajes ha conocido a algunos personajes clave de nuestra historia moderna y ha participado en acontecimientos no menos importantes como protagonista.  Su forma de relatar, y siempre tiene un relato en su vasto bagaje, magnetiza y maravilla, mientras te lleva de las risas a un horror profundo que ninguna ficción puede igualar.  Sin embargo la sensación es rara, porque hace de su relato algo casi lúdico, en su diálogo suaviza sus tristezas y dolores y los hace casi amenos para quienes no los hemos vivido, dejándonos entrever los monstruos, pero sin echarnos a la misma jaula.  Incluso cuando relata los extremos de depravación a los que llegan los hombres y mujeres que sumen en el dolor a sus semejantes, busca hacerlo sin odios ni rencores, casi con distancia y hasta con una pizca de humor.

No sé. Me falta empatía y vivencias y experiencia para poder explicar esto cabalmente, y me apena no ser capaz de transmitirlo como se merece.

Ayer me topé con su último libro, llamado Su tiempo llegará, en una de las librerías de la terminal de Tres Cruces.  Casi había desistido de encontrar algo y estaba por irme cuando vi su nombre de refilón.

El libro es bellísimo.  Entre sus páginas se encuentra una Ana Luisa que cobra nuevas dimensiones.  Siempre humana, sin rencores pero crítica, tiene una profundidad que por momentos quita el aliento, que matiza con imágenes poderosas y muy, muy hermosas.

En Su tiempo llegará, Ana Luisa cuenta su vida, en parte, pero según sus propias palabras no es una autobiografía.  Es un testimonio, pero también ficción y memoria imperfecta, tanto personal como colectiva, que se ve enmarcada y engloba una época oscura y trágica de nuestra Historia; un baile atroz en donde no pudo evitar bailar con la más fea, pero que llevó con toda la gracia y rebeldía de que era capaz. También encontramos su mirada y voluntad puesta en esa otra tierra torturada y oprimida que es Palestina, cuya historia traza extraños paralelismos.

Para quienes no conozcan a Ana Luisa, o para quienes no la conocemos tanto, es imposible decir o decidir qué partes son ficción.  Sí intuimos, en cambio, que las partes que más nos gustarían que fueran inventadas, son dolorosamente reales.

Si tenés la oportunidad, no te pierdas este libro. No vas a arrepentirte. No es un libro sobre política.  Es inevitable encontrarla en un libro que habla de las vivencias de una activista y militante de izquierda, pero no hay proselitismo, no hay superioridad, ni pregón. Solo Humanidad.  Esa es la palabra que estás buscando.

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6 Respuestas a “Todo llega…

  1. Pancho me dejaste sin palabras (y a mi que soy verborrágica y barroca es mucho dejarme sin palabras :), primero no recordaba haber sido tan dura ni contigo ni con el grupo, si lo hice fue sin intenciones, no juzgo a nadie ni me gusta ser juzgada. Tenemos suficientes con vocación de jueces 😦
    Y lo que decís de mí y de mi libro me llena de una humilde alegría, si logré transmitir eso que vos decís, ese pequeno libro cumplió su deber, para lo que había nacido.

    • Eso de dejarte sin palabras, no lo creo. En cuanto a la primer parte de tu comentario, tomalo como lo que es: algo demasiado pequeño que pasó hace demasiado tiempo y que pertenece puramente al reino de lo anecdótico.

      En cuanto a lo otro, si te llena de alegría, humilde o no, entonces es que mi comentario también cumplió su deber. 🙂

  2. En distintas circunstancias mi tía Cristina y mi mamá conocieron a Ana Luisa, y no la olvidan. La primera, compañera de reclusión; el recuerdo grabado que tiene es de una Ana muy muy joven, leyendo con avidez cualquier hojita o papelito impreso que le cayera en las manos. Como si tuviera hambre de lectura.
    Mi mamá la conoció este verano en La Floresta en una mesa redonda sobre literatura y cocina. Quedó impactada con su erudición, y le encantó poder conversar luego mano a mano.
    Ambas coinciden en que es una persona encantadora. Que bueno pasar por la vida dejando esa huella en los demás.

  3. Pingback: Todas las lecturas de 2014 | 42

  4. la verdad Ana Luisa, es que yo te tenía en el mundo de recuerdos de juventud, por allá 73, 74… no se. En Punta de Rieles, buscando sobrevivir a la experiencia de los cuarteles y descubriéndonos en esa nueva situación. E ignorando o con mirada inocente en parte, respecto al destrozo que seguiría.
    Tus charlas sobre todo lo que habías o estabas leyendo en aquellos momentos me abrumaban un poco. Creo que no tenia ni tengo capacidad para digerir tanta lectura.
    Sorprendida cuando Leonor trae la noticia de tu presencia hace unos pocos años. Y luego descubriendo a la Ana Luisa adulta, exponiendo sobre novela negra en San José. Eso y tu libro, tu propia creación desde tu vida de sobreviviente. Siempre lectora, estudiosa, sabia, frágil, irónica, etc.
    Coincido que el libro me cae muy bien. reencuentro nuestra generación, nuestras vivencias. Como nos paramos para los desafíos que vinieron después. Tiene una riqueza enorme. Lo he releído y está circulando en mi entorno.
    Agradezco a la vida estas oportunidades de reencuentro con el pasado y el presente con estas miradas multifacéticas.
    muy bueno !!!

    • Cristina que lindo ser mirada desde tu mirada y ser reconocida esa es la ventaja de ser un poco mas joven vos que tenes esa madre maravillosa y longeva que todavía te puede contar como eras cuando eras chica 🙂 eso es lo que uno extraña cuando crece/envejece.
      Agradezco a la vida que nos hizo reencontrarnos y me gusta que Pancho y Alicia dos amigos nuevos estén también ahora acá en esa red que nosotras viejas arañas pacientes tejedoras de redes seguimos haciendo.
      Un abrazo

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