Sobre los hijos… esas aterradoras criaturas

No quiero tener nada que ver con ellos.

Por tanto, no resulta sorprendente que cuando me casé no tuviera planes concretos para tener hijos. Tampoco los tenía Gertrude. Nos habríamos acostumbrado muy bien a una existencia sin hijos, ¿por qué no? El mayor problema con que se enfrenta la humanidad hoy en día es el aumento de población. No se puede resolver ningún problema medioambiental hasta que la población esté estabilizada y controlada. En estas circunstancias, se diría que cualquier pareja joven que se mostrara indiferente hacia los hijos y no estuviera dispuesta a aumentar la carga de la Tierra, debería ser animada y felicitada.

Sin embargo, la realidad es bastante diferente. El mundo no nos dejaría no tener hijos. Nuestros conocidos siempre nos preguntaban si teníamos hijos y cuando decíamos que no, nos miraban con desaprobación o con pena. Entre nuestras amistades, todas las parejas jóvenes iban teniendo hijos y después no hablaban más que de las alegrías de la paternidad. (En mis momentos de mayor cinismo, me preguntaba si no estarían tan aterrados por los gastos, el trabajo y las responsabilidades de la paternidad que se encolerizaban con nosotros por haber escapado de ello y, por tanto, hacían todo lo posible para hacernos caer en la trampa).

Yo, Asimov – Isaac Asimov

 

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