Húmero – obra en varios actos /03

Segundo Acto

Se abre el telón y vemos un tubo fluorescente fijado a un techo de metal combado; es el interior de una ambulancia visto desde el punto de vista del narrador, el motociclista recientemente accidentado.  La imagen permanece estática ya que el chabón tiene un collarín y no puede mover la cabeza un milímetro.  Dicho sea de paso y en una escena bastante escandalosa, el collarín fue puesto y el motociclista fue cargado en la ambulancia al estentóreo grito de “Paráboludaquemestásmatando!”

Se escuchan voces femeninas.

—Tenés unas venas de porquería, dice Valeria con simpatía, una de las Enfermeras-Nurses-Doctoras-Paramédicas que están contigo en la ambulancia.  —Es la segunda vena que revienta al poner el circuito.

—Probablemente sea por el shock y el estado nervioso del accidente —dice Graciela, la otra Enfermera-Nurse-Doctora-Paramédica (ENDoPa de aquí en adelante).

—Bueno, dejame bajar el brazo sano y abro y cierro el puño a ver si salta alguna. —Mascullás de dientes apretados.  Tu vos sale entrecortada, porque estás tratando de lidiar con el dolor infinito que resurgió cuando te cortaron la mochila y te enderezaron, te cargaron en la camilla rígida y te pusieron el collarín para subirte a la ambulancia. El proceso no duró más de un minuto en total, pero te alcanzó para ir por la galaxia y ver las estrellas.  Todas las estrellas.  Y confirmar que todas están hechas de fuego.

Otras dos venas rotas más tarde y ya con las ENDoPa empezando a preocuparse, tenés la idea más brillante de la última década:

—Fíjense si encuentran la vena del dorso de la mano, la que va al anular.  Esa es grande.

Instantes después y entre exclamaciones de sorpresa aliviada, Valeria te dice que finalmente pudieron colocar el circuito y que en cuanto la morfina haga efecto te llevan al sanatorio.

—Bueno —dice Valeria al colocar finalmente el circuito—, te empezamos a pasar morfina para controlar el dolor y que puedas viajar más cómodo.  Va a demorar unos minutos hasta que haga efecto, por eso no arrancamos todavía, pero vos tranquilo.

En un momento dado, mientras las ENDoPa hablan entre ellas de los valores de la presión arterial y otros menesteres, mirás el tubo fluorescente y te parece estar en una película; una de Kubrick, quizás, o a lo mejor una de Stephen Norrington.  La imagen es ligeramente surrealista, casi ominosa, pero no podés largarla.  Te preguntás cuándo aparecerá algo en tu campo visual.  No es que importe, pero es una distracción.

Sin venir a cuento, le preguntás a Valeria y a Graciela cuáles son sus nombres, y les decís, casi risueño, que son fantásticas y si no fuera porque te duele tanto, estarías fascinado por tener a tu lado dos chicas tan atentas.

Entre risas, le piden al chofer que arranque, que la morfina ya hizo efecto…

Ah, la morfina.  La Morfina!  Puta madre, la llaman así porque referirse a ella como El Brebaje Mágico Más Maravilloso Del Universo, La Vida y Todo Lo Demás, sería poco práctico y con cero tenor profesional.

Si nunca tuviste la oportunidad de tener un viaje de morfina, entonces dejame que te explique que sí, efectivamente es El Brebaje Mágico Más Maravilloso etc, etc, etc. A partir de aquí vamos a seguir llamándola morfina, a la morfina, porque si no esta historia no termina más.

El tema es que se produce un cambio, como por arte de magia, en la naturaleza del dolor.  Sigue siendo tuyo, claro está, pero abre la boca, afloja las garras y se conforma con tumbarse a tus pies, como uno de esos perrotes grandes y medio pelotudos que son pura lengua y baba y que al ladrar emiten esos WUOOOFF, profundos y húmedos.

Sí, sigue siendo tu dolor, lo sabés en algún rincón de tu mente, pero lo sentís lejos, casi ajeno.  En realidad no te importa.  Bah, en realidad nada te importa un carajo!  Podrían sacarte el brazo, abanicarte con él y luego darte unos mamporros en el coco con él y tampoco te importaría una mierda.

Quedás imbuido de una serenidad tal, que a un monje budista le llevaría décadas de meditación y práctica abnegada llegar a ese nivel.

Cuando la ambulancia se detiene, te bajan con mucho cuidado e instantes después la película está completa: ves pasar, en una sucesión que parece interminable, los tubos fluorescentes del pasillo de emergencias; es la experiencia más alucinógena que recuerdes…

O sea, en realidad la más alucinógena fue cuando se te apareció volando el pequeño dragón de caricaturas, esa noche que festejaban el cumpleaños de Martín… o tal vez esa otra, en la casa de la abuela de Eduardo, en que veías crecer el césped mientras estabas convencido de que eras el Hombre Invisible.  Pero bueno, esas son otras historias.  Además de ese par de oportunidades, la más alucinógena es ver desfilar ante tus ojos los tubos de luz del pasillo del sanatorio.  Lo más alucinógeno es que sabés que esta vez sí es de verdad… aunque eso tampoco te importa! No es fantástico?

Tu serenidad se ve brutalmente interrumpida por la entrada a Rayos X, en donde te manipulan para sacarte un par de placas.  Al maldito equipo de Rayos no le interesa que el perrote-dolor vuelva a morderte, solo que si no te acomodás en cierta posición la placa no sale como es debido.  Pero en cuanto la petisa de Rayos te deja en paz, el perrote vuelve a tumbarse y vos podés volver a disfrutar de la no-importancia de las cosas.

En ese estado de ensueño felizmente drogado hasta las trancas se filtra el sonido de unas voces.  El médico de la guardia de emergencia, un tal Dr. Souza, habla con tus viejos en el pasillo:

—El húmero tiene una pequeña fractura.  Yo soy cardiólogo —decía—, pero tengo 6 meses de estudios en traumatología y mirando esta placa puedo decirle que este tipo de fracturas no se opera.  En realidad voy a darle el pase para que lo vea la traumatóloga en Rosario; ella va a decidir si se enyesa o si alcanza con un vendaje que inmovilice el brazo.  Va a llevarle unos 40 0 45 días y seguramente quede con la movilidad reducida.  Ah, y como no va a poder bañarse, probablemente tenga que soportar un poco de mal olor… bastante mal olor.

En tu estado de ensueño felizmente drogado hasta las trancas, te decís a vos mismo, mientras esbozas una beatífica sonrisa: “Jaja, ese tipo es el payaso hijo de puta más grande con que me he topado en la vida!”

Porque vamos, es como si te pusieras a interpretar el resultado de un electrocardiograma diciendo que ya miraste un montón de tutoriales por youtube.  Algo así.  Con los años de estudios que lleva una especialización en traumatología, él, cardiólogo, hijo de una gran puta, se pone a interpretar una placa con la única ayuda de nada menos que SEIS MESES de estudio en traumatología y una consulta telefónica con una traumatóloga que está a 60 km de distancia.  Y con esas herramientas hace un diagnóstico categórico que podría condenarte a quedar con el brazo hecho una porquería.  REALMENTE sos un hijo de puta, Souza, soberbio exponente de matasanos.

Volviendo a tu morfina, de más está añadir que en ese momento, eso tampoco te importa. Fuerte ese aplauso!

7-68Un enfermero muy amable limpa y venda las heridas de rodilla y codo, y realiza lo que se denomina un vendaje al tronco.

—Te voy a realizar lo que se denomina un vendaje al tronco —dice el enfermero.  —Es para inmovilizar la zona de la lesión más grande y disminuir el dolor.  Si tenés mala suerte, vas a tener que usar algo como esto una buena temporada.

Cual tortura medieval, es un vendaje apretado y denso, hecho de gasa y algodón, que empieza a picar casi al instante.  Además de elegante, se siente especialmente abrigado, sobre todo en pleno noviembre del hemisferio sur, con 28 0 30 grados Celsius como temperatura diurna normal.  Una vez más, convencido de lo garbosa que resultaba tu esbelta figura así adornada, el bendito vendaje no te importa un poroto.

Poco tiempo después entra Madre, a la que pides que si va a avisar a tu mejor mitad, le diga solamente que tuviste un golpe grande, para no preocuparla innecesariamente, allá a la distancia.

Al rato, estable y envuelto como momia, te dan unas pastillas, que te prometen son tan mágicas como la morfina, y te mandan a casa.

La noche va a ser larga, pero para variar, eso tampoco te importa.

Fin del Segundo Acto
Banda de Sonido: If you feel, Jefferson Airplane
La frase: Detesto abogar ante nadie por las drogas, el alcohol, la violencia o la demencia, pero siempre me han funcionado, Hunter S. Thompson.

 

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3 Respuestas a “Húmero – obra en varios actos /03

  1. ¿Que te mandaron a casa?????? joder joder joder

    sigo la saga a ver si tengo que acordarme de algún “putón verbenero” o ésto se remedia.

    Otro besoT

  2. Tranquila, Luz. Es historia con final feliz… o al menos, aceptable 😉

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