Húmero – obra en varios actos /06

Cuarto Acto – Final

Este acto es extraño.  Es fragmentario.  Hecho de visiones fugaces que atemperan el tedio, que recortan el tiempo.  Es que, cómo decirlo, eso es todo lo que resta: tiempo y trabajo.  Geología.

La resaca embriagada de la anestesia pasó.  El crudo dolor, gracias al omnipresente jugo mágico, se redujo a un palpitar y luego a una molestia semipermanente pero tolerable.

Además, no fue tan grave.  La operación duró apenas 50 minutos, menos de la mitad de lo calculado en un principio, ya que el hueso estaba partido en 4 partes limpias, sin astillas ni daños secundarios.  Una suerte, no?  Que tu húmero solamente estuviera partido en cuatro pedazos.

OsteosíntesisLa palabra clave es osteosíntesis, un método quirúrgico mediante el cual las fractuas son reducidas, fijadas y estabilizadas mediante implantes metálicos (acero inoxidable o titanio), ya sea en forma de placas, o tornillos que quedan de forma permanente en el hueso.

Vienen en kits con todo lo necesario: el implante, claro, y los tornillos (algunos autorroscantes), y los destornilladores, mechas para los agujeros piloto, medidores de profundidad (porque los tornillos no deben asomar por el otro lado), las guías para que los tornillos entren en la dirección precisa y un montón de otros implementos.  La hoja de datos viene incluso con la técnica quirúrgica, y es como estar viendo un instructivo para armar una pieza automotriz… o unos herrajes de Ikea.

El resultado es francamente fantástico, ya que la estabilización de la fractura da tres ventajas al paciente: primero causa que la fractura no duela y el cuerpo empiece a sanar y consolidar la lesión de manera muy rápida; segundo, se busca conservar la vascularización, la irrigación sanguínea del hueso, para limitar el riesgo de necrosis y seguir nutriendo los tejidos; y tercero permite una movilización precoz de la zona… básicamente, al otro día te dan el alta con instrucciones precisas para que empieces a mover el brazo ese mismo día.

Nada de yesos, nada de pérdida de masa muscular, nada de articulaciones atrofiadas por una inmovilización  prolongada, nada de una larga y sufrida terapia que devuelva movilidad a la articulación, antes de comenzar con la rehabilitación propiamente dicha.  Nada de eso.  En cambio, con el movimiento precoz y activo, incluso antes de tener que comenzar con la fisioterapia (se esperan algunas semanas para que la fractura empiece a consolidarse), ya podés estar moviendo tu brazo, cada día un poco más y mejor y a mayor distancia de tu cuerpo.  Te digo más, a los 10 días, el cirujano te dice que lo mejor que podés hacer es dejar de usar el cabestrillo y permitir que el brazo empiece a moverse naturalmente.

Las primeras dos semanas son las peores, sobre todo si te decidís a dejar las pastillas mágicas.  La lesión sigue siendo como tener un bebé recién nacido: te despierta cada dos horas y es necesario atenderlo, moverlo, acunarlo.  No importa qué tomes, ni siquiera Tramadol, con Ketofen, más Aceprax, te va a despertar cada dos horas con la contra de que al otro día vas a estar hecho un zombi amorfo incapaz de concentrarte en nada, deambulando muerto de sueño y pidiendo, en lugar de cerebrooossss, almohaaadaaaassss.  Tu mejor oportunidad en años para leer todo lo que tenés pendiente se diluye, cuando empezás cinco veces a leer la misma página y al tercer párrafo no podés recordar qué decía el primero.  No podés tener una conversación por más de 3 minutos sin perder el hilo y lo único que más o menos te distrae son las caricaturas de Kick Buttowski, que es un ídolo.

8 vertical, 5 letras, Persona con las facultades mentales perturbadas: O-R-A-T-E

Vas a estar de quince días a un mes en ese estado de inutilidad total, hasta que tu cuerpo finalmente se deshace de toda la porquería que tiene adentro y vos quedás con tus taras habituales, conocidas y llevaderas.

Dejar las pastillas, sin embargo, tiene un efecto que no previste: deja la puerta abierta para los otros dolores.  Porque el cuerpo es una máquina maravillosa, y los dolores tienen orden de precedencia.  Primero el hombro, seguido de cerca por el codo, y luego la rodilla.  Hasta ahí todo fácil. Pero la caterva de drogas enmascaraba otro montón de pequeños dolores, no por pequeños menos reales, que solo estaban esperando su justa oportunidad para aparecer y tirar de tu manga reclamando atención como un borrego con un berrinche: el golpe en la tibia, producido al quedar debajo de la moto; el dolor en la muñeca, inevitable en toda caída que tratás de amortiguar, y luego una multitud de pequeños dolores, de músculos y tendones que se van acomodando lentamente luego de la operación.

Porque la osteosíntesis tiene eso: abren los tejidos y los apartan con forceps para poder llegar al hueso que hay que reparar.  En youtube hay algunos videos muy interesantes, aunque no recomendables para gente impresionable, ya que probablemente tengas más miramientos vos cuando vas deshuesando un pollo, que el chabón de los forceps a la hora de apartar los músculos (tus músculos) urgido por el tiempo. Si largás una búsqueda sobre “humerus osteosynthesis”, aparecen algunas cosas truculentas!

Otra cosa que no habías creído hasta el momento, es eso de que los que tienen una fractura pueden predecir el clima… bueno, creer o reventar.  En cuanto baja la presión atmosférica (señal de mal tiempo), tu fractura, vieja o nueva, va a empezar a doler como una perra.  Al bajar la presión, parece ser según algunos estudios, los tejidos se dilatan, presionan menos contra el hueso y este también se dilata… bam!  Así que ahora sos casi como Vázquez Melo, sin la tele, pero con mayor tasa de aciertos.

Y bueno, no es mucho lo que resta… o sí, resta mucho, pero se llama rehabilitación.  Horas y días y meses de ejercicios y fisioterapia tratando de recuperar capacidad, fuerza y movimiento.

Una de las ayudas más valiosas en la recuperación, la recibís, a su pesar, de dos médicos: el primero fue Souza, el carnero que te atendió en emergencia el día del accidente; el segundo fue un traumatólogo local, que sin siquiera tocarte y apenas sin mirarte, te dice que vas a quedar con la movilidad muy reducida.

Conociendo tu carácter y sobre todo al principio, te preguntan cómo puede ser que no estés enojado, y la respuesta es clara: no hay con quién enojarse.  No fue “culpa” de nadie, no hay un blanco claro para la furia.  Fue una fatalidad.  Una concatenación de pequeños errores y decisiones mínimas que juntas, desembocan en tu húmero quebrado.  Una bolsa de mala suerte esperando explotar, que justo lo hace sobre tu cabeza.

No hay enojo por el accidente.  Nada.  Un poco de resignada pena, sí, porque bueno, te quebraste un hueso en un montón de pedazos y ni eso, ni las secuelas, ni el proceso, es agradable.  Incluso eso lo combatís rápidamente, porque a la autocompasión hay un paso y no vas a ponerte a mariconear a estas alturas.

Pero no hay enojo y eso es sorprendente hasta para vos mismo.  Incluso pensás que el accidente te dio otra perspectiva, otro ángulo desde el que tomar las cosas de la vida.  Hasta que te topás con esos especímenes médicos, que te dicen las secuelas, pero no qué hacer para minimizarlas; te preparan para lo peor, pero no te dicen cómo esperar o lograr lo mejor, te dejan en esa nomás.  Como si desearan que te rindieras.  Y entonces es como si te metieran una brasa en el culo y toda la furia que no sentiste en dos meses, se junta en los 27 segundos que escuchás al retardado que tenés enfrente hablando chotadas que ya sabés, pero sin brindarte ninguna alternativa.

Y eso te ayuda.  Porque entonces vas a hacer tus ejercicios y la furia te sirve de combustible.  Y si te duele no te importa, y como no te importa te esforzás un poco más, y al esforzarte un poco más, esa movilidad reducida va retrocediendo.  Y vos deseás dentro de tu furia, fervientemente, que finalmente y luego de tus meses de trabajo y esfuerzo, el brazo recupere la mayor parte de la capacidad que tenía originalmente, porque tenés esperanza.

La esperanza de poder encontrarte con alguno de estos hijos de mil putas y que te digan algo, cualquier cosa, “buenos días por la mañana”, para tener la excusa de agarrarlos del cogote con tu brazo derecho, quebrado y recuperado, y revolcarlos un poco, mientras les preguntás qué tan reducida les parece que está la movilidad.

Y así termina esta historia, con un final que es solamente una continuación, y con la prueba de que sí, algunas cosas cambian, pero otras siguen maravillosamente iguales: como vos y carácter de mierda, por ejemplo.

Fin del Cuarto Acto – Y vivieron felices, haciendo fisioterapia y comiendo perdices.
Banda de Sonido: Dinosaur, de King Crimson.
La frase:  El final es desde donde comenzamos, T.S. Elliot.

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4 Respuestas a “Húmero – obra en varios actos /06

  1. ¡¡¡Sí señor, ese es mi Pancho!!! que les den mucho por donde amarga el pepino a esos cretinos que -para curarse en salud- no dan ni un ápice de optimismo. Pero con uno bueno vinieron a dar ¡¡ja!! 🙂

    Un abrazo fortísimo ¡guapo! ¡¡valiente!!

  2. Pingback: Flashes de realidad /07 | 42

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