Entre la pala y el átomo

Estoy leyendo un libro llamado “Voces de Chernobil”.  Escrito por la periodista bielorrusa Svetlana Aleksiévich y publicado en 1997, da testimonio de algunos sobrevivientes (al menos hasta el momento de escribir el libro) del horror de Chernobil, la central nuclear que estalló en 1986 en Ucrania, muy cerca de la frontera con Bielorrusia.  Este país sufrió una tragedia sin parangón, una catástrofe que tiene un punto de inicio pero sigue hasta ahora.

Es muy difícil escribir una reseña, o tratar de explicar lo que encontrás desde el momento en que empezás a leer.  El mundo no estaba preparado, la Unión Soviética no estaba preparada, los científicos no estaban preparados, y mucho menos las personas comunes.

Bielorrusia tenía gran parte de su población en el medio rural.  Una población anclada en el tiempo, casi ignorante, inmersa en la cultura de su época, la época del Soviet Supremo y el secretismo de la Guerra Fría.

¿Cómo explicar?  ¿Cómo entender?  Uno podía entender las balas y las bombas, muchos tenían en la memoria la Guerra contra los nazis, ¿pero qué es eso de la radiación?  ¿Cómo que la central nuclear explotó?  Pero el gobierno dice que todo está bien, que la situación está controlada…  y sin embargo los charcos de agua están amarillos,  los campos negros y los bosques grises.  ¿Fue un ataque terrorista?  No, solo una prueba que salió mal.  Un incendio nada más.  Muchos operarios de la central trabajaban allí durante el día y luego iban a atender su granja, o a cosechar las papas en la granja de su madre, pala en mano.

¿Podés imaginarlo? Niños jugando con el fuego de los dioses.

¿Te acordás de ese pequeño cuento de Asimov?  El de los extraterrestres que detectan que en nuestro planeta están experimentando con el átomo.  Se llama “Asnos Estúpidos“.

Pero volviendo al libro, las preguntas se suceden.  Los pobladores están atónitos.  No entienden nada.  Los responsables hablan de heroísmo, la defensa de la patria, y se arenga a los voluntarios y a los pobladores.  Pero no hay información.  ¿Cómo lidiar con la radiación?  ¿Cómo se usa el yodo? ¿Qué puede comerse y qué no?  Nadie podía dar las respuestas.  O nadie estaba dispuesto a darlas.

¿Cómo abandonar tu casa con solo lo puesto?  ¡Está la siembra de primavera por hacer!  Ese lugar, entre el bosque, donde viviste toda tu vida, y tus padres antes que vos, y sus padres antes de ellos es tu mundo.  Poco te importan Gorbachov, el Partido, o la central nuclear.  Vos sos un campesino que trata de hacer su vida lo mejor que puede y que solo aspira a no ser molestado en demasía.  ¿Cómo que no pueden quedarse en sus casas?  Pero si la evacuación era solo por tres días, ¿cómo que no podemos volver a nuestra casa nunca más?

Pero si no estoy cerca de la central.  ¡Estoy a más de 30 kilómetros!  ¿Cómo va a afectarme lo que suceda tan lejos?
Vienen los soldados y dicen que hay que sacar la capa superior de tierra y enterrarla; no podés tomar la leche, ni comer ninguna legumbre, porque justo esos dos alimentos concentran la radiación.  No podés comer las conservas, porque el metal de las tapas concentran la radiación.  Los niños no pueden jugar en la arena porque el polvo está cargado del grafito y otras partículas altamente radiactivas que expulsó la explosión.  No podés andar por el campo, justo el lugar donde vivís, porque las plantas concentran la radiación.  No podés.

Pero los informes de la tele y la radio dicen que está todo bajo control.  Están los solados con los blindados.  ¡Venceremos!

Pocos días después del impacto inicial, la zona parecía prístina e impoluta, de una belleza arrobadora. ¿Qué puede estar mal? Cesio, Estroncio, radionucleidos, radiaciones ionizantes, cháchara incomprensible… ¡pero el Diablo sabe lo que significa!

Solo muy lentamente la verdad fue haciéndose un hueco.  De a poco fue llegando la información, tan lentamente. Más lentamente que la muerte y la enfermedad.

Y el libro te lleva, por ese camino de horror y tristeza e impotencia.  Te dan ganas de llorar y arrancarte los pelos y zamarrear a alguien.  La conmoción, la incomprensión, el desarraigo, el dolor, la ignorancia, la sensación de haber sido traicionados, la resignación.

Pesadillas que no ha podido escribir Stephen King.  Delirios reales y mágicos que no pudo lograr Bradbury.  La realidad supera cualquier ficción.  Chernobil moldeó una nueva realidad demasiado rápido.  Marcó un punto de inflexión feroz.  Nadie la esperaba, nadie la había imaginado y por eso nadie estaba preparado.

Si te interesa saber de Chernobil y te da por buscar en la Wikipedia, por ejemplo, hacelo antes de empezar a leer el libro.  Porque luego el largo artículo de la wiki te va a parecer frío y vacio y falso.  Una construcción precaria, una cáscara llena de estadísticas y datos oficiales y políticamente correctos.

“Voces de Chernobil” es bello.  Es un libro hermosísimo a pesar de todo y con una dulzura que traspasa el alma.  Quizás por esa idiosincracia eslava, que tiene la poesía y el fatalismo a partes iguales corriendo por las venas. No por nada su autora ganó el Premio Nobel este año.

Es un testimonio que no puede pasar desapercibido, porque no tenemos que olvidar.  Nadie debería olvidar el horror.

Cuando pienso que el vecino tiene no uno, sino dos de esos ingenios infernales apenas cruzando el río, a apenas 73 km de distancia de la frontera y a menos de 140 km de mi casa, no puedo evitar los chuchos de frío.

Te lo dejo para descargar.  Un formato MOBI (para Kindle) dentro de un RAR.

mediafire.com/download/g6d229pz376e883/VdC.rar

La seña es Pompozo

3 Respuestas a “Entre la pala y el átomo

  1. Interesante! descargado! gracias!!

  2. Pingback: Lecturas 2015 | 42

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