Cine: The Hateful 8

Tenés que verla en el cine.  La octava película de Tarantino, filmada en un formato que llega desde los años 60, con la música del inmortal Morricone y un elenco estratosféricamente bueno, es imponente.

La banda de sonido es, sencillamente y pidiéndole prestada la expresión a María Luisa, majestuosa.  Tan enorme como los amplios panoramas mostrados.  Un gran angular repleto de detalles y primeros planos.

La fotografía es perfecta, casi poética, el color, el grano, la cadencia, la puesta en escena, la luz.  Marea.

Muchos monólogos geniales.  Las actuaciones y personajes encarnados, son bestiales.  La historia, violenta y vil (aunque no tan violenta ni vil como la presentada en Django) es una amalgama fabulosa, como solo Tarantino puede lograr.

Tensiones raciales y los resabios de la recientemente finalizada guerra civil, se juntan con una especie de historia detectivesca, algo de suspenso, otro poco de humor ácido y macabro, y un montón de personajes malvados.  Son todos malos.  No hay bondad en esta película, o sí, pero, es erradicada rápidamente a fin de darle lugar a todo lo despreciable para que campe a sus anchas.

No es tan violenta como me habían comentado.  A ese respecto, Django es mucho más violenta y explícita; esta puede ser un poco más grotesca, pero no más violenta ni descarnada.  Uso tanto la comparación con su anterior entrega, porque ambos son westerns y porque está muy fresca en la memoria y el imaginario popular.

Con Los 8 odiosos me sucedió algo similar, incluso en mayor medida, a lo que experimenté con Django: al final de la película quedé con gusto a poco, o mejor dicho, sin saber qué pensar a ciencia cierta; solo al otro día, hoy, las ideas, impresiones y sentimientos empiezan a asentarse.

La historia en sí es pequeña, concentrada y lineal: un caza recompensas lleva a una prófuga a ser juzgada (y colgada), pero una tormenta de nieve lo obliga a compartir diligencia y alojamiento en una aislada posada con otros viajeros, unos viajeros sospechosos con los cuales cualquier precaución es poca; alguien puede tener la idea de liberar a su prisionera y él quiere asegurarse de que eso no suceda.  La película se desarrolla a partir de esta premisa, de la que no voy a dar detalles.  El final es muy poco convencional… incluso para Tarantino.

No está mal.  La sumatoria la favorece, aunque no sea una gran historia.

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