Lev Grossman: Los Magos

Libros raros, los de la serie de Grossman.

Fantasiosos hasta lo ridículo, con  varios personajes a veces corriendo en tropel como en pos de un absurdo Conejo Blanco, da, sin embargo, una mirada inusual al mundo de la magia, oscura (como en “la oscuridad del alma”), seria y existencialista.

Sin tener mucho arte ni parte, Quentin, uno de los protagonistas, llega a una escuela de magia llamada Brakebills.  El adolescente está fascinado desde niño con unos cuentos de hadas que transcurren en el mítico y mágico mundo de Fillory, así que imaginate su sorpresa cuando se encuentra en una escuela de magia de verdá.  El guacho está perdido en la vida, y la escuela le cambia la vida, cree que ha encontrado su razón de ser, un motivo, un sentido un objetivo… hasta que termina la escuela, se recibe de mago y se da cuenta de que… bueno, de que sigue igual o más perdido.  Los conocimientos y habilidades adquiridas le permiten hacer lo que quiere, como y cuando quiere, pero no hay objetivo ni meta ni camino a seguir.  Alcohol, drogas, sentir que se les escurren las horas.

Similar a esa especie de aforismo que habla sobre lo engañoso de tratar de cambiar de vida escapando a otro lugar y que reza algo como: podés embarcar a un pelotudo en un avión y enviarlo al otro lado del mundo y del avión bajará el mismo pelotudo.

Tanto poder no significa nada, finalmente.  Está el gran poder y falta la gran responsabilidad.  Peor que nada.  La realidad del común de las personas le resulta como un erial, vacío y estúpido y sin significado.  Ya ni siquiera tienen que esforzarse.  Ni él ni sus compañeros más cercanos.  No hay un mundo mágico al que acudir, como en Harry Potter (al que cita con frecuencia), si no que los magos están entre nosotros… y son una banda de viciosos, aburridos, neuróticos, depresivos y buenos para nada.

Creo que esa parte es lo que engancha, los conflictos personales, la incertidumbre, los miedos y viejos demonios internos que más o menos todos llevamos dentro, pero aderezados con un buen puñado de hocus-pocus.

Y ahí vas, medio hinchado de las bolas por momentos, pensando que probablemente alguno de los protagonistas va a morir de cirrosis en las próximas 10 páginas, cuando, Deus Ex Machina mediante, va y resulta que Fillory, ese reino encantado de los cuentos infantiles, es real.  Paralelo y absurdo, pero real.  Y allá van, los pelotudos con dramas existenciales!  No hay nada mejor para dejar de ser un pelotudo que tener una misión, parece ser la consigna.  Bueno, igual no.

Hay un poco de C.S. Lewis, Tolkien, Rowling, Carroll, Weis y Hickam, Dr. Seuss y yo qué sé cuántas historias fantásticas distintas.

Lo realmente mágico, todavía no he podido descifrar por qué, sin que importen mucho ni poco las inconsistencias, los saltos argumentales, las ridiculeces inverosímiles (incluso cuando se enmarcan en el universo que contiene las historias), las cosas agarradas de un pelo, la mezcolanza de mitos, leyendas, supersticiones, religiones y toda la comparsa, es que simplemente no podés parar de leer.  Como una bola de nieve que gana velocidad y tamaño en el cuesta abajo, vas devorando página tras página de forma cada vez más vertiginosa; hasta que terminás el primero de los tres libros y cazás el otro y seguís sin apenas bajar el ritmo.

Libros raros, los de Grossman.

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