Un momento cualquiera en Tres Cruces

El gaucho medio veterano, de piel apergaminada y tostada por el sol, bigote recio, sombrero de ala ancha, rastra a la cintura, y voz profunda y ronca, tenía un hijo llamado Elkevin, calzaba pitucas botas de montar lustradas a espejo, usaba una brillante camisa de raso azul a rayas brillantes, llevaba una valija roja en una mano y una pequeña mochila verde malva en la otra, conformando una imagen que sin dudas hubiera impulsado a Juceca a exclamar un estentóreo: linda estampa de domador!

Ochenta y cuatro palabras. Dos veces la respuesta. Para vos, María Luisa!

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