Descolgadas encadenadas

Cinecito 1 : Mr. Wright, con Sam Rockwell, la demente de Anna Kendrick y Tim Roth.  Con una banda de sonido lindita, con el tema de Saint Motel “My Type“, que queda muy bien.  La peli, media-media, pero aunque no sea buena, es con Sam Rockwell, haciendo uno de los personajes de Sam Rockwell, y para mí es suficiente… porque Sam Rockwell haciendo de enfermo me encanta y eso compensa todo.

Cinecito 2: El episodio VII, de Star Wars.  Está… bien.  O sea, no salió nadie a descubrir Pampa; una peli cero riesgo, cero innovación, casi un calco conceptual del episodio IV.  Y sin embargo es correcta.  Tenemos un relevo generacional, la estrella de la muerte es una estrellota, pero ya aburren un poco con lo mismo to-daslasan-tas-veces.  Los efectos visuales están bien, la minita es linda, tenemos una baja importante, pero que no te mueve un pelo porque estaba cantada, el final zafa, pero la parte del mapa me parece una chongada berreta mal… o sea, está todo ahí, no necesitás el resto de la galaxia, chabón, no seas malo.  En fin, podría haber sido peor, aunque nadie sepa para qué sirven los gavilanes en un sable láser, más allá de para mortificar a un afrodescendiente.  Ta.  Yo qué sé… tanto esperarla para tener solo un Matrix Reloaded, me parece que no da.  Si la hubiera visto en el cine, me habría sentido un poco estafado.

Serie 1: Empecé a ver 1864, basada y ambientada a medias en La Guerra de los Ducados, en la que Dinamarca luchó contra Prusia y  Austria.  Pinta bien, aunque no he avanzado tanto como para hacerme una buena idea.  De todos modos, está muy bien hecha.  Gracias, Cristina!

Serie 2: Empecé a ver The Knick!  Gracias Daina!  Una serie sobre un hospital y sus médicos en el 1900.  Brutal.  Impresionante.  Unos personajes del carajo desde el primer momento.  Y la Nueva York del  1900 es un personaje en sí mismo.  Un caldero hirviente de gente, como hormigas, y enfermedades; sífilis, fiebres, tuberculosis, procedimientos quirúrgicos en pañales, tratamientos médicos con vapores de mercurio y diluciones de cocaína.

Réflex 1: Me sorprendí pensando la suerte que tengo de haber nacido en la época y lugar en que nací, con los adelantos médicos actuales, la legislación actual.  Son abismos los que separan la Europa rural de mediados del Siglo XIX, los EEUU de principios del Siglo XX, y nuestra época.  ¿Qué pensarán de nosotros dentro de otros 100 ó 150 años? ¿Verán nuestro modo de vida y nuestra técnica con horror?  ¿Se preguntarán cómo vivíamos sin enloquecer en semejante atraso?  Claro, todo eso suponiendo que logremos sobrevivir y “avanzar” otros 100 años.  También es posible que dentro de 100 años estemos tan hechos mierda por nuestra propia estupidez y codicia, que la Europa rural de mediados del Siglo XIX nos parezca el paraíso.

Sentencia: Odio a las hormigas, te dije?  Odio a esas pequeñas hijas de puta que teniendo 70 variedades de pastos y malas hierbas en más de 1400 metros cuadrados, se ceban en mis puerros y albahaca.  Dejaron el arbolito pelado, las malas pécoras.  Y a los caracoles también.  A los caracoles les encantan mis brotes de rúcula, radicheta, rabanito… y cuando les puse el veneno, al otro día lo encontré… lleno de hormigas!  Las perras se llevaban el veneno para caracoles como si fueran golosinas!  Qué tan mala leche tenés que ser, eh?  Esto de la huerta no es para nada terapéutico.  Sobre todo porque hace un mes que llueve y no hay quien controle plagas, ni insectos, ni bacterias, ni hongos.  Imposible.

Réflex 2:  Si yo con mi huerta de porquería tengo estos dolores de cabeza, ¡pobres los productores!  Qué terrible panorama para quien vive de la tierra.  Ni siquiera deben zafar los que están en invernáculos, porque puede que no tengan exceso de agua, pero un invernáculo que no puede ventilarse es el caldo de cultivo ideal para hongos y pestes.  Y no hay a dónde escapar.  Hay que morder la almohada de noche y encarar la lucha al otro día como todo un hombrecito, o como toda una mujercita, ya que estamos, que las mujeres rurales son unas leonas.

Réflex 3: Leones.  Leones la gente de Dolores luego del tornado, o los inundados hasta el techo; los que han perdido todo y deben arrancar desde cero una vez más.  Es estremecedor.

Sentencia 2: Me hace pensar bastante antes de quejarme de mis dos goteritas de morondanga en el techo.  Acomodo los tachos más acá con una mueca, y calladito la boca.  Nota mental: ir al super a comprar pañales, leche en polvo y lavandina.

Réflex 3: La línea que separa el nihilismo de la depresión  puede ser incierta, difusa y más bien delgada… pero a quién le importa, no?

 

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