Precedencia circular

—No sé qué me pasa esta última temporada —dice ella con un suspiro apenado.  — No encuentro las ganas.  Llego de trabajar y me quedo sentada mirando tele.  La inercia es horrible.  Tengo que moverme, ir a un gimnasio, hacer un poco de ejercicio, pero no me sale.  Por no salirme, no me sale ni ordenar la casa!

— Bueno, en eso te entiendo —le contesto.  Ves este despelote que nos rodea?  Solo ordeno si vienen visitas y limpio a fondo cuando viene María Luisa.

—Exacto!  Pero es horrible limpiar cuando viene otra gente.  Siento que no lo hago por mí.

—Claro que lo hacés por vos!  Lo hacés por vos, para que la otra gente no piense que VOS sos una mugrienta — le digo entre risas.

—Bueno, si, es cierto, pero no queda solo ahí.  Fijate que hace como un año que se me rompió el vidrio del segundo dormitorio, pero como estoy sola y no lo uso, no he llamado al vidriero.

—Pero por qué?  No debe ser tan complicado.

—No, no es complicado, incluso tengo un vidriero al lado del trabajo.  Literalmente pegado al trabajo, cuando llego, hay un local con un cartel grandote que dice: VIDRIERÍA.  Incluso he hablado con el hombre que atiende ahí y me dijo que le avisara un sábado, que iba a casa, sacaba las medidas y me colocaba el vidrio nuevo en la misma mañana.

—Y entonces, por qué no lo hacés?

— Es que no puedo levantar la persiana de la ventana, porque hay riesgo de que caiga algún pedazo a la calle.  Desde un séptimo piso, si le pega a alguien, lo mata seguro.  Y como la luz tampoco funciona… digamos que desde hace un año y medio, entonces no lo voy a hacer trabajar a lo oscuro.  Además, como no lo uso para nada, entonces ni siquiera he hecho componer la llave de luz.  Y ya de paso, te cuento que hace dos semanas se me rompió la luz de la cocina —me cuenta, risueña, ya más allá del bien y del mal.

—No te creo que estás cocinando a vela!  Ni siquiera vos podés ser tan pelotuda!

— Claro que no cocino a vela!  Qué te pensás?  Hace dos semanas que de noche me preparo un café con leche y un sánguche alumbrada con la luz de la linterna del celular.  Lo bueno es que a las 9 estoy acostada.

— No podés!  Y por qué no llamás al electricista y ya de paso le decís que arregle la luz del cuarto, para poder llamar al vidriero?

— Ah, sí, bueno… es que antes tendría que ordenar.

Y así seguimos, con la flaquita, conversando de esto y aquello, serios o muertos de risa durante 4 horas largas.

2 Respuestas a “Precedencia circular

  1. Jaja, así no hay forma! Me deprimió la cena de café y sanguche a la luz del celular…

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